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Crónica del lector

Los casos de turistas connacionales detenidos en España siguen sucediendo, pese a que demuestran solvencia económica para su estancia en el país. Una lectora de Mexicali nos cuenta su caso
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Malibé Rosas Robles
El Universal

Jueves 14 de febrero de 2008

A veces uno ve en la televisión o lee en los periódicos los casos de deportación, privación de la libertad y pisoteo de derechos humanos. Cuando veía esas noticias, trataba de ponerme en esa situación; pero siempre pensaba “eso nunca me va a pasar a mi”.El 30 de diciembre de 2007, en el aeropuerto de Barcelona, España, perdí mi libertad durante 26 horas, fui tratada como criminal y pisotearon mi dignidad llamándome mentirosa.

Con toda la ilusión de nuestro primer viaje a Europa, preparamos un itinerario de 12 días en Barcelona y París. Mi amiga también iría tres días a Estocolmo.Teníamos boletos de avión de regreso; traíamos el dinero que nos pide migración para pasar: en mi caso 645 euros además de tarjeta de débito con 2 mil dólares.Nos faltó un requisito: la carta de invitación expedida por la policía española, documento del cual no teníamos conocimiento.

Arribamos a Barcelona, nos pidieron el pasaporte y empezaron a hacer preguntas a mi amiga: ¿A qué iba?, ¿con quién?, ¿dónde se iba a quedar?, ¿en dónde estudiaba su hermana? Y después le pidieron una carta de invitación. Teníamos más una hora esperando con la mortificación de que la hermana de mi amiga no sabía de nosotras, cuando de otro vuelo mandaron a dos chicas estudiantes mexicanas a esperar. Ellas se encontraban en un caso parecido al de nosotras: sin carta de invitación, pero iban a visitar a un amigo que estaba de vacaciones en Barcelona. Una de ellas era rubia, sólo entrevistaron a la morena. A la media hora, las dejaron ir previa regañada al amigo que las recibiría por no llevar la carta de invitación.

Después de este incidente, mi amiga preguntó por un teléfono para llamar y decirle a su hermana donde estábamos. Una mujer policía nos gritó que a ella no le importaban los problemas que tuviéramos. Esperamos otros 15 o 20 minutos hasta que por fin resolvieron que nos iban a regresar (aunque a nosotras nos dijeron mucho después).En la última entrevista pedimos un teléfono.

El oficial nos dijo que nos llevaría a una sala de espera que resultó ser el cuarto de detención, ahí vimos que había también dos chilenos, un argentino, una marroquí, una filipina y dos mexicanos más. Todos de piel oscura.Había dos teléfonos, uno para hacer llamadas y otro para recibirlas, ambos descompuestos: no se podían hacer llamadas (uno no servía y otro estaba atascado de monedas).

El que recibía tenía un falso en el cable.En relación a los teléfonos, cada llamada al extranjero era de cinco euros y los compañeros que pudieron llamar a sus familiares gastaron más de 15 euros.Después de unas horas, nos pasaron con un abogado que nunca nos recomendó nada, excepto firmar las hojas que nos dieron los policías.

Después de 26 horas encerradas, nos regresamos a Atlanta (de donde había salido nuestro vuelo). Dos policías nos llevaron hasta la entrada del avión, y allí les dieron nuestros papeles a la azafata, para que ella se los diera a la policía migratoria de Estados Unidos.Los oficiales de migración en Atlanta no entendían por qué nos deportaron de España y se portaron muy amables con nosotras.

En resumen:En el tiempo que estuvimos privadas de nuestra libertad no pudimos hacer ninguna llamada porque los teléfonos estaban descompuestos. No nos permitieron nuestras maletas, sólo el equipaje de mano, y aunque hubiera regaderas, no nos dieron jabón ni toallas. Nos daban tres alimentos diarios, un café y dos botellas de agua al día, todo lo demás lo teníamos que comprar, si es que el guardia en turno quería ir por las cosas.Al requerir toallas sanitarias, nos dijeron que no era supermercado.

¿Por qué no nos dieron la opción de cambiar nuestro boleto a otro lugar? Al DF por ejemplo. Teníamos recursos monetarios y lo demostramos. Por supuesto que perdimos los vuelos de Girona-París-Girona. Mi amiga también perdió su vuelo a Estocolmo.Aquí somos hospitalarios con ellos e incluso les permitimos cosas tan nefastas como aniquilar el patrimonio ambiental como el caso de Cancún. Por mi parte, lo pensaría mucho antes de volver a España.


 





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