VILLAHERMOSA. — En el edén llovió como sólo ocurre en Macondo, pero
a diferencia de la desolación que suele acompañar el viento áspero y
oscuro, en Villahermosa el sol brilla nuevamente.
A poco más de dos meses de la histórica inundación que dio la vuelta al
mundo con imágenes de la población arrinconada en los techos, hoy el
turismo es para Tabasco el estandarte en la lucha para reactivar la
economía en un estado eminentemente dedicado a la industria petrolera.
Acaso lo único que desentona en algunas calles, son las marcas de agua
y el fantasma de la pintura deslavada en algunos edificios, no
obstante, la zona hotelera y el centro de la ciudad han reanudado su
vida nocturna y hay sitios, como las plazas comerciales donde el ir y
venir de familias y el barullo muestra que la tormenta ya pasó.
De promoción y con novedades
Los empresarios incentivan la ocupación hotelera a través de paquetes
con noches gratis y promociones especiales para esta temporada.
Villahermosa en esta temporada está libre de zancudos y el apabullante calor no se siente tanto.
También es temporada baja, un buen momento para redescubrir el edén.
Se antoja emprender rutas como la del sabroso cacao que, según una leyenda, es producto de un castigo.
Los guías cuentan que Quetzalcóatl fue expulsado del altiplano por
probar el elixir del maguey y hacer que los hombres se perdieran en el
alcohol. ¿Cómo no imaginar a esta deidad decidiendo marchar hacia la
llamada Nonoalco, en lo que hoy es Tabasco, para arrojar disgustado las
semillas del cacao que había robado a sus hermanos los dioses?
Sí, porque el cacao, el oro de Tabasco es considerado el regalo ante la perdición del hombre con el alcohol. ¡Vaya moraleja!
Actualmente la solidaridad y el ánimo de los moradores sigue siendo el principal atractivo.
En las avenidas notarás gente sonriente que muestra playeras,
sombreros, bolsos que resumen su sentir: "Yo amo a Tabasco más que
nunca", y lo demuestran. Han salido a limpiar sus colonias y el mal
olor se ha ido.
La noche de los olmecas
A punto de cumplir 50 años, el Parque Museo La Venta conserva su lozanía.
Huele a selva, a quietud provinciana bajo el embrujo de las ceibas y
caobas que se entretejen a la luz del sol. Las aves, los tejones y la
vegetación húmeda convidan su silencio a lo largo de siete hectáreas
que enlazan "un poema de tres reinos": el animal, el mineral y el
vegetal, como lo describió su fundador, Carlos Pellicer.
El mismo poeta que proféticamente escribió en 1943: "Con el agua a la rodilla vive Tabasco".
Este recorrido literario de luz y sonido por el legado olmeca en las
fértiles tierras del sureste mexicano resulta totalmente místico. Las
estelas y monumentos que se iluminan son 13, están esparcidos entre la
vegetación y la hojarasca. Es fácil sentirse como en un cuento, rodeado
de los sonidos de la selva y refrescándose con la brisa de una cascada
y las sonrisas que salpican sobre un puente colgante.
De día, la figura central
De día la historia es otra. Una familia de chimpancés muy animada,
juega, se pelea, se peinan entre sí, y hasta parecen saludar. Como si
fuera un show en el que te invitan a apreciar la similitud entre
humanos y primates, quienes comparten 98.4% del código genético del
ADN.
Éste es el único recinto arqueológico con 33 piezas de proporciones
monumentales provenientes de la cultura olmeca, colocadas en medio de
la selva y junto a animales que andan en libertad como venados y
mapaches. Hay también jaguares, tortugas, panteras y cocodrilos en
cautiverio como Papillón que tiene 70 años.
Ya sin los labios gruesos cubiertos por sacos de arena (medida empleada
para protegerla del desborde de una laguna cercana) la cabeza olmeca de
20 toneladas puede respirar.