omar.abrego@eluniversal.com.mx
Si ya fotografiaste a un pescador con su gigantesco marlin en la
báscula, a un leñador con su pesado cargamento en hombros y esos
elementos cercanos que no te dejan duda sobre su actividad, entonces
tendrás una imagen cliché, pero necesaria, ¿qué te parecería jugar un
poco?
Podrías mostrar a tus amigos la imagen de una persona con un objeto
que no queda del todo claro, digamos ese mismo pescador, pero sin un
pez gigantesco, sin bote y sin caña pero diciendo ¡Hey, mira, ese es un
pescador! ¿difícil verdad?
La propuesta es ir por lo sutil, en este tipo de retratos deberás
acercarte aún más de lo usual, pues lo que te proponemos en la imagen
inferior es un anzuelo, específicamente un curricán, esa carnada de
plástico con aspecto de pez que se utiliza para la pesca deportiva.
En el caso de la imagen antes citada, la idea era dejar elementos
ambiguos para contar una historia apoyándonos en la foto y no "que la
imagen explicara todo". Se trataba de obligar a que aquellos que la
vieran a entender quién era esa persona, qué hacía y qué sostenía en la
mano.
Para dificultarlo aún más, se utilizó poca profundidad de campo (f
4) así el señuelo sale más nítido que el sujeto y este mismo queda en
semioscuridad, aprovechando la sombra, de manera que todos los que vean
la foto estarán obligados a poner el doble de atención y preguntar:
¿qué es lo que sostiene? y ¿por qué está en una playa? El círculo está
terminado. Misión cumplida.
Si quisieras complementar tu historia puedes fotografiar otro
elemento de contexto de ese instante, tal vez quienes estaban
alrededor.
En la foto superior, se aprecian algunos personajes que conviven con el
pescador. Darás mejor vista del entorno y suponemos que al lograr un
acercamiento como el que te sugerimos terminarás enterándote de dos o
tres anécdotas interesantes de tus modelos de playa.
De eso también se tratan las fotografías, de ser la excusa para contar una historia que la imagen aclara.