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Nuremberg es considerada una de las grandes capitales del
entretenimiento, y fiel a su popularidad ofrece el Spielzeugmuseum, o
Museo del Juguete, un santuario a la infancia erigido sobre una torre
del antiguo ayuntamiento que a lo largo de cuatro pisos resguarda más
de 65 mil artículos.
Por cuestión de espacio, sólo 5% del acervo puede apreciarse en vivo, el resto aguarda en los anaqueles del sótano.
Los objetos de madera están en la planta baja, las muñecas y los juegos
ópticos como caleidoscopios y binoculares figuran en el primer piso
donde incluso hay muñecas de la Edad Media, en el segundo nivel está la
colección de latas más importante del orbe, debido a que ésta fue
donada por los fundadores de una juguetería pionera en este material en
Europa: VEB Mechanische Spielwaren Brandenburg. Vehículos,
ferrocarriles y motores de vapor se incluyen en el tercer nivel.
En el último piso están los ejemplares más populares de la posguerra:
Barbie, Lego y Playmobil, así como programas por computadoras. Aquí,
los niños pueden jugar, en tanto que en las otras salas pueden ver el
movimiento de los juguetes, armar su propio show de marionetas o ir a
la tienda de souvenirs para adquirir una edición limitada de osos de
felpa que el museo lanza como artículos conmemorativos.
El inmueble fue abierto al público en 1971, desde entonces, ha sido
visitado por más de 4 millones de turistas de todo el mundo.
Los escondites imprescindibles son las exposiciones permanentes de
artesanías y regalos que los padres elaboraban para sus pequeños
durante la guerra. Hay por ejemplo, vehículos para carreras elaborados
con cajas de jabón o cerillos y campesinas con vestidos confeccionados
en papel.
Otro sitio importante es "El pasillo de Navidad", una maqueta que
revive el mercado decembrino de Nuremberg que data de hace 400 años. La
cereza en el pastel son las miniaturas de los reyes magos que enseñan
hasta las arrugas de su sien.
Tour de ensueño
En las montañas de Franconia y Turingia atraviesa una ruta turística de
casi 300 kilómetros de largo, que incluye más de 20 puntos cuyo eje
rector es el juguete en todas sus vertientes.
Las mejores y más novedosas fábricas se encuentran en la llamada ciudad
del trébol: Fürth, en Baviera, ubicada a casi 10 kilómetros de
Nuremberg.
Coburg es la región de las muñecas. Hay un edificio del siglo XV con 33
habitaciones que albergan 900 piezas ataviadas con telas semejantes a
los vestidos que usaban las señoras del siglo XIX.
El recinto simula una elegante casona y resguarda artículos antiguos y
de porcelana en tamaño miniatura que datan de 1800 a 1956.
Las muñecas Schildkröt (también conocidas como las del símbolo de la
tortuga, debido a su logo) fueron las primeras elaboradas con celuloide
en Europa. Esta materia prima es una mezcla de alcanfor y algodón de
pólvora que permite la flexibilidad.
La legendaria fábrica se encuentra en Schaumberg, un pasaje
ideal para coleccionistas que pasan la tarde entre escaparates y
contemplan las populares muñecas de plástico Ursel, Inge, Barbel o
Christel.
De felpa y miniatura
Para ver osos de peluche hay que ir al estado de Weidhausen, ubicado a
17 kilómetros del centro de Coburg. Es el hogar del presidente de la
Sociedad de osos de peluche y de los amantes del juguete. No es broma,
aquí radica este líder de felpa.
Otro punto es la ciudad de Arnstadt y su urbe en miniatura "Mon
Plaisir" que alberga 82 casas y más de 400 muñecas con rostro de
porcelana y vestimenta hiperrealista.
Las figuras incluyen una cocina con cientos de cacerolas y hasta
tenedores y saleros. Todas las piezas fueron elaboradas en madera, a
solicitud de la condesa, una mujer contemporánea del siglo XVI, mejor
conocida como Schwarzenburg-Arnstadt que dedicó 46 años de su vida a
concebir las más variadas escenas de la vida cotidiana: desde la labor
del carpintero hasta el momento de tomar el té.
El paseo puede continuar por Ohrdruf, el sitio donde Johann Sebastian
Bach pasó parte de su infancia aprendiendo los fundamentos del órgano,
exhibe muñecas de porcelana y de papel maché, así como sombreros para
la danza del carnaval.
El placer de ser niño
Cuidado al llegar a Trusetal, un parque donde nació el primer gnomo y
un paraíso a la medida de los infantes. El sitio está construido en una
superficie de cinco mil metros cuadrados, posee cascadas y por doquier
hay más de mil 500 enanos. Puedes cultivar un árbol miniatura y
observar como las frutas enanas crecen, así como pasear el ferrocarril
o trepar una montaña.
Otro punto imperdible es el recorrido por el acuario Nautiland, el
Museo Alemán de Juguetes y la pista de carreras Raceway que se sitúan
en la ciudad de Sonneberg. Si bien Oberweissbach se relaciona más con
un área de descanso, también ofrece el Museo Memorial.
Waltershausen además de sus históricas 50 fábricas de
juguemotiva a visitar el Schloss Tenneberg, un museo que resguarda una
colección de títeres, de los siglos XIX y XX.