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Liechtenstein, el pequeño paraíso

En medio de los Alpes, es el cuarto país más pequeño de Europa, pero ello no le impide ser un importante centro de negocios por sus atractivas condiciones fiscales
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EFE Reportajes
El Universal

Viernes 11 de enero de 2008

Ubicado en el valle del Rin y entre dos poderosos países como son Suiza y Austria, Liechtenstein es el ejemplo perfecto de que ser pequeño no tiene porque ser una desventaja.

Hace sólo ochenta años era un país pobre donde su población vivían casi exclusivamente de la agricultura. El panorama empezó a cambiar en los años veinte cuando liberalizó su economía y se acercó a su vecina Suiza, con quién unió las relaciones exteriores, las aduanas y adquirió el franco suizo como moneda.

Grandes atracciones fiscales

En la actualidad es un destacado paraíso fiscal y un polo financiero que ha atraído numerosas multinacionales. Así, las actividades relacionadas con las finanzas representan el 30 por ciento de la economía y ocupa al 13 por ciento de la población activa.

La dinastía Liechtenstein, de la cual el país tomo su nombre, lleva las riendas del Estado desde principios del siglo XVIII, cuando esa poderosa familia noble de origen polonés adquirió los territorios.

El actual príncipe, Hans-Adam II, asumió el cargo tras la muerte de su padre en 1989 y mantiene unos altos niveles de popularidad.

El país posee un gobierno de cinco personas y, además, dispone de un parlamento (Landtag) compuesto de 25 representantes escogidos por el pueblo.

Para visitar

Uno de los principales emblemas del país es la residencia oficial de la familia del príncipe, situada en una pequeña colina a las afueras de la capital, Vaduz. Pese a que no se puede ingresar al interior, merece la pena acercarse hasta el castillo para verlo de cerca y, además, gozar de unas magníficas vistas al valle del Rin.

La capital, llena de vida, dispone de numerosas calles peatonales donde pasear y disfrutar de la amplia oferta cultural. Concentra, además, la mayor parte de los puntos de interés del país, como la catedral o el museo Kunstmuseum, que acoge buenas exposiciones temporales y contiene la colección de arte que los príncipes de Liechtenstein fueron adquiriendo a lo largo de los siglos, con obras de Rubens, Rembrandt y Van Dyck.

Otros museos destacados de Vaduz son el Landesmuseum, que presenta colecciones de monedas, armas y muestras folclóricas del país, y el Museo Postal, que contiene más de trescientos modelos de sellos emitidos desde 1912.

También existe el Museo del Esquí, donde se repasa toda la historia de la disciplina favorita de los liechtenstenianos y se recuerda la figura de la paisana Hanni Wenzel, oro olímpico en 1980.

El mejor lugar para la práctica de ese deporte es el pequeño valle de Malbun, a unos pocos kilómetros de la capital. También es uno de los lugares más indicados para realizar durante todo el año otros deportes de montaña. Otro de los puntos destacados es el precioso castillo de Burg Gutenberg, del siglo XIII, situado en la ciudad de Balzers, la más cercana a Suiza.

No nos podemos perder una visita a la localidad de Triesenberg, que cuenta con una encantadora iglesia y un museo dedicado a la comunidad Walser, que peregrinó desde Suiza en el siglo XIII y cuyo dialecto se habla todavía en la región.

Aunque el gran patrimonio del principado son las montañas. Gracias a su privilegiada situación, en medio de los imponentes Alpes, Liechtenstein cuenta con numerosas estampas bucólicas donde se puede gozar de la naturaleza.

Por ello, la mejor forma de conocer el país es a través de los más de 400 kilómetros de caminos de montaña con los que, paso a paso, se puede explorar cada rincón de este pequeño gran país.


 





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