Ubicado en el valle del Rin y entre dos poderosos países como son
Suiza y Austria, Liechtenstein es el ejemplo perfecto de que ser
pequeño no tiene porque ser una desventaja.
Hace sólo ochenta años era un país pobre donde su población vivían casi
exclusivamente de la agricultura. El panorama empezó a cambiar en los
años veinte cuando liberalizó su economía y se acercó a su vecina
Suiza, con quién unió las relaciones exteriores, las aduanas y adquirió
el franco suizo como moneda.
Grandes atracciones fiscales
En la actualidad es un destacado paraíso fiscal y un polo financiero
que ha atraído numerosas multinacionales. Así, las actividades
relacionadas con las finanzas representan el 30 por ciento de la
economía y ocupa al 13 por ciento de la población activa.
La dinastía Liechtenstein, de la cual el país tomo su nombre, lleva las
riendas del Estado desde principios del siglo XVIII, cuando esa
poderosa familia noble de origen polonés adquirió los territorios.
El actual príncipe, Hans-Adam II, asumió el cargo tras la muerte de su
padre en 1989 y mantiene unos altos niveles de popularidad.
El país posee un gobierno de cinco personas y, además, dispone de un
parlamento (Landtag) compuesto de 25 representantes escogidos por el
pueblo.
Para visitar
Uno de los principales emblemas del país es la residencia oficial de la
familia del príncipe, situada en una pequeña colina a las afueras de la
capital, Vaduz. Pese a que no se puede ingresar al interior, merece la
pena acercarse hasta el castillo para verlo de cerca y, además, gozar
de unas magníficas vistas al valle del Rin.
La capital, llena de vida, dispone de numerosas calles peatonales donde
pasear y disfrutar de la amplia oferta cultural. Concentra, además, la
mayor parte de los puntos de interés del país, como la catedral o el
museo Kunstmuseum, que acoge buenas exposiciones temporales y contiene
la colección de arte que los príncipes de Liechtenstein fueron
adquiriendo a lo largo de los siglos, con obras de Rubens, Rembrandt y
Van Dyck.
Otros museos destacados de Vaduz son el Landesmuseum, que presenta
colecciones de monedas, armas y muestras folclóricas del país, y el
Museo Postal, que contiene más de trescientos modelos de sellos
emitidos desde 1912.
También existe el Museo del Esquí, donde se repasa toda la historia de
la disciplina favorita de los liechtenstenianos y se recuerda la figura
de la paisana Hanni Wenzel, oro olímpico en 1980.
El mejor lugar para la práctica de ese deporte es el pequeño valle de
Malbun, a unos pocos kilómetros de la capital. También es uno de los
lugares más indicados para realizar durante todo el año otros deportes
de montaña. Otro de los puntos destacados es el precioso castillo de
Burg Gutenberg, del siglo XIII, situado en la ciudad de Balzers, la más
cercana a Suiza.
No nos podemos perder una visita a la localidad de Triesenberg, que
cuenta con una encantadora iglesia y un museo dedicado a la comunidad
Walser, que peregrinó desde Suiza en el siglo XIII y cuyo dialecto se
habla todavía en la región.
Aunque el gran patrimonio del principado son las montañas. Gracias a su
privilegiada situación, en medio de los imponentes Alpes, Liechtenstein
cuenta con numerosas estampas bucólicas donde se puede gozar de la
naturaleza.
Por ello, la mejor forma de conocer el país es a través de los más de
400 kilómetros de caminos de montaña con los que, paso a paso, se puede
explorar cada rincón de este pequeño gran país.