Cuando la oficina de microfinanciamiento de la Fundación Progresar le ofreció prestarle 4 mil pesos a una tasa de interés de 6% mensual, Nilda Peralta no podía creer su buena suerte. “Parecía que había alguna trampa porque estaban cobrando una tasa muy baja”, comentó la comerciante argentina de 57 años. “Si le hubiera pedido prestado a los usureros, tendría que haberles pagado 28%”.
El dinero le ha permitido a la señora Peralta rentar un pequeño quiosco en una calle adyacente a la plaza principal de Garín, un poblado industrial a unos 45 minutos de Buenos Aires. Ahí vende de todo, desde panecillos y cigarrillos, hasta servilletas, pegamento y muñecos de los Power Rangers hechos en China, anotando cuidadosamente cada una de sus transacciones en un cuaderno.
Peralta es uno de los 450 clientes de microfinanciamiento captados por Progresar desde que empezó a funcionar hace cuatro años.
La actividad está creciendo rápidamente, e Isabel Arzeno, cofundadora de la organización, se prepara para contratar nuevos empleados de crédito para satisfacer la demanda.
De 30 años, Arzeno dijo que se sintió motivada a iniciarse en el microfinanciamiento luego de escuchar a Muhammad Yunus, el ganador del premio Nobel que estableció el banco Grameen en Bangladesh, durante la Feria del Libro de Buenos Aires 10 años atrás.
“Me pareció espectacular. Me gustó mucho la propuesta. Es una forma de hacer a la gente realmente independiente”.
El ritmo de la expansión es vertiginoso. Durante 2006, las 10 firmas de microfinanciamiento más importantes de Latinoamérica incrementaron en conjunto su portafolio de préstamos en 36%. En India el aumento fue incluso más rápido: las instituciones registraron un incremento de 76% en sus préstamos en los 12 meses que terminaron en marzo de este año, de acuerdo con MicroCapital Monitor, una publicación de la industria con sede en Boston.
La industria está creciendo por dos razones. Primero, existe una gran demanda de servicios financieros entre los habitantes pobres del mundo. David Satterthwaite, editor de MicroCapital Monitor, estimó que las organizaciones de microfinanciamiento han llegado a apenas 2% de sus clientes potenciales en el sur de Asia.
Segundo, las instituciones de microfinanciamiento han descubierto un modelo de negocios viable y rentable.
Prestar a los pobres es riesgoso, pero al cobrar tasas de interés que varían de 1.5% hasta 6% mensual, las firmas dedicadas al microfinanciamiento pueden cubrir los costos relativamente altos de administrar préstamos pequeños.
Asimismo, la estrategia de mano de obra intensiva en la administración de los créditos ayuda a mantener bajos niveles de morosidad. Por estas razones, el microfinanciamiento se ha convertido en una propuesta atractiva para bancos e inversionistas convencionales. Pioneros como Yunus, organismos no gubernamentales y gobiernos fueron los primeros en realizar experimentos, pero actualmente la idea está captando el interés de los bancos e instituciones de inversión más grandes del mundo.
André Laude, jefe del área de microfinanciamiento de la Corporación Internacional de Finanzas (CIF), rama del Banco Mundial dedicada al sector privado, reconoció: “Creemos en él desde un punto de vista de desarrollo, pero también se ha convertido en una clase de activo que podemos promover entre grandes inversionistas”.
La inversión privada fue canalizada inicialmente hacia fondos especializados, a menudo manejados por bancos, así como compañías de seguros y otros, como parte de compromisos de responsabilidad social de las corporaciones.
Deutsche Bank, por ejemplo, maneja tres.
Más recientemente, empero, las instituciones de inversión grandes también han empezado a ofrecer respaldo directamente a los operadores de microfinanciamientos.
De éstos, el más importante fue la muy exitosa oferta pública inicial lanzada en abril de este año por Compartamos, el banco privado de microfinanciamiento más grande de México. “En muchas formas desmitificó a la industria”.
“De repente, el microfinanciamiento no era sólo para bienhechores, sino también para inversionistas codiciosos”, indicó Álvaro Rodríguez, presidente de Acción Internacional, una de las principales organizaciones de microfinanciamiento no lucrativas.
Los bancos están ingresando al sector, ya sea formando sus propias subsidiarias de microfinanciamiento o prestando a organizaciones de microfinanciamiento. Las compañías ABN Amro, Standard Chartered, Citigroup e ICICI, el banco privado más grande de India, están entre los más activos.
Citigroup ha triplicado sus microfinanciamientos en India este año.
“Hay una enorme necesidad y una enorme oportunidad”, indicó Bob Annibale, director global de microfinanciamiento de Citigroup, quien afirmó que los principales ejecutivos del banco ahora conocen bien el sector.
“No vamos a llegarle a todos por medio de sucursales tradicionales de cemento y ladrillos”.
Incluso están surgiendo preocupaciones de que los recursos disponibles exceden la capacidad del sector para administrarlos.
“Hay más fuentes de microfinanciamiento que organizaciones para absorberlo”, señaló Rosemary Werrett, miembro del consejo de la red de microfinanciamiento Pro Mujer, que tiene varias oficinas en Latinoamérica.
FT