Intolerancias y alergias
En términos clínicos, la reacción
anormal a la ingestión de un alimento puede dividirse en dos grandes
categorías: alergias e intolerancias, cuyos síntomas suelen
manifestarse en la piel, vías respiratorias y aparato digestivo. Las
alergias serán cualquier reacción anormal a uno o más alimentos,
independientemente del mecanismo que las provoque. Sus consecuencias
son variables, al grado de llegar a poner en riesgo la vida del niño,
dependiendo de su edad, sensibilidad y tipo de sustancia alérgica.
Es
necesario acudir a un alergólogo para diagnosticar una reacción causada
por alimentos. La labor del especialista es ardua y puede requerir un
trabajo casi detectivesco de eliminar paulatinamente productos en la
dieta del niño, hasta encontrar el causante.
Por su parte, las
intolerancias suelen ser trastornos alimentarios metabólicos de menor
gravedad, provocados por deficiencias en la capacidad para metabolizar
—utilizar o destruir— determinado componente de algún alimento, lo que
a menudo es un defecto adquirido.
La más común es la intolerancia
a la lactosa (el azúcar contenida en la leche). Otros causantes son los
aditivos, colorantes y sulfatos —presentes en algunas frutas, como
fresa, durazno, naranja y kiwi—, verduras como el jitomate, apio, y
condimentos como la mostaza y páprika.
Por su parte, la
popularización en las últimas décadas de los cereales en la dieta de
los lactantes, incrementó la incidencia de las alergias infantiles,
puesto que las proteínas que contienen poseen gran capacidad
alergénica, lo mismo que el consumo de frutas a las que nuestro
organismo no está habituado.
Muchas veces, sobre todo cuando se
manifiestan en el niño síntomas leves de estos padecimientos, se hace
caso omiso atribuyéndolo a otras causas, o bien se aplican remedios
caseros, dice al respecto el doctor Arturo Orea Tejeda, coautor de Cómo
prevenir la obesidad infantil, junto con su colega Lilia Castillo
Martínez y la nutrióloga Susana Rodríguez Ríos.
Ambos
padecimientos suelen presentarse en los dos primeros años de vida del
infante, interviene su colega Castillo Martínez, siendo la leche, huevo
y pescado los principales alimentos alergénicos. Al crecer, sus
organismos desarrollarán una mayor tolerancia que les permitirá
consumirlos.
“Se recomienda darle alimentos nuevos una vez por
semana, para ver su reacción a los mismos, y hacerlo sin mezclarlos con
otros para poder identificarlos; también debemos tener cuidado con las
sustancias ‘ocultas’ en algunos productos, como el huevo empleado para
barnizar panes y pasteles”, recomienda la especialista entrevistada.
Sicosis alimenticia
La
doctora Castillo Martínez, directora de Investigación de la Asociación
Mexicana para la Prevención de la Insuficiencia Cardiaca, advierte ante
la tendencia a sobre diagnosticar intolerancia a la lactosa —término
que pareciera estar de moda—, sin ser, necesariamente, la causa del
malestar que afecta a un niño.
“Esto provoca que se le supriman
todos los lácteos con los nutrientes requeridos para su desarrollo. Hay
que tener cuidado de no quitársela hasta no estar seguros.”
“Existen
intereses comerciales que propician esta sobre diagnosticación de
intolerancias y alergias, interviene el doctor Orea Tejeda”, presidente
de la misma institución a la que pertenece su colega “con la intención
de favorecer el consumo de ciertos productos. Tenemos que hacer
establecer una relación causa-efecto juiciosa y también, hay que
decirlo, una relación ética para que el médico no prescriba productos
supuestamente inocuos”.
Menciona cómo, hará cosa de dos décadas,
se llegó al extremo de desaconsejar el uso de la leche materna, por
medio de campañas institucionales.
Ambos entrevistados advierten
sobre los resultados de estudios preliminares que apuntan hacia la
“moda” de desacreditar las propiedades de la leche por sus contenidos
de grasa, promoviéndose a su vez el consumo de los productos de soya.
“Los
productos nuevos no son tan inocuos”, remata el doctor Orea Tejeda.
“Finalmente, todo lo natural tiene ventajas que no son fácilmente
sustituibles. Se ha generado un alud de información sobre alimentación
‘saludable’ que está teniendo un efecto catastrofista, donde ya no nos
venden alimentos sino seguros de vida, lo cual, además, no es cierto.”
(Con información de ‘Cómo prevenir la obesidad infantil’. Diana, 2007)