Atravesando la verde campiña inglesa, se halla la isla artificial
donde yacen los restos de la princesa más recordada de todos los
tiempos: Lady Di.
Se ubican en los jardines de Althorp Park, la ancestral mansión de la
familia de la princesa de Gales, ubicada en el condado de
Northamptonshire, a unos 120 kilómetros al noroeste de la ciudad de
Londres.
Ajena al anonimato o al olvido, este apartado lugar se ha convertido en
un imán turístico, pese a que está abierto sólo dos meses al año. Del 1
de julio, fecha del cumpleaños de la princesa, al 30 de agost,
–aniversario de su muerte– es posible echar un vistazo a su cripta y
revivir la trayectoria de su vida en una visita al museo y al parque
que dura más de tres horas.
Dado que los visitantes no pueden traspasar el puente para llegar hasta
la tumba, ya que es un lugar exclusivo para sus familiares, algunos de
los viajeros se dirigen primero a la casa que rebosa de alfombras y de
pinturas de lores y ladies emparentados con la familia Spencer.
Una de las salas tiene sólo pinturas de inmensas vacas, criadas por uno
de los lores Spencer. Hay también una impresionante biblioteca.
Otros inician su tour en los establos, donde el hermano de Diana, Lord
Charles Spencer, quien fustigó a la familia real en la ceremonia
fúnebre en la abadía de Westminster, ha organizado una exposición
dedicada a la "reina de corazones".
Resguarda recuerdos como juguetes, informes escolares, fotos del álbum
familiar, películas filmadas por su padre y algunas joyas. Además, se
puede acceder a la mansión solariega, con su colección de pinturas y
antigüedades, así como al parque, un espacio diseñado por el mismo
paisajista que influyó en los jardines de Versalles.
El museo de Althorp, fue construido en 1730 para funcionar como
establo. La pieza central del museo, actualmente es el traje de novia
de seda creado por la estilista Elizabeth Emanuel, sí, el mismo que
Diana lució el día de su boda con el príncipe Carlos, en 1981.
También se pueden apreciar fragmentos de la fiesta de su primer
cumpleaños cuando jugaba con su hermano, hacia piruetas, chapoteando en
la piscina, su primer uniforme que uso como colegiala, la letra de la
canción que le cantó su amigo Elton John en la ceremonia fúnebre o el
discurso que leyó Lord Spencer en el funeral en la abadía de
Westminster.