Más que una prenda de vestir, el zapato es un objeto de deseo que
enamora a hombres y mujeres, seres indefensos que se rinden ante el
encanto de un par, ya sea por necesidad o moda. Tan sólo en Estados
Unidos, en 2005, las féminas gastaron 17 billones de dólares en la
compra de este accesorio.
Mientras tanto, el Museo de Elda, en Alicante, España, exhibe calzado de tiempos muy remotos.
Son más de 5 mil piezas, el par más veterano es uno de madera que
proviene de Afganistán y data del siglo I, en tanto, la pieza de piel
más longeva es del medievo, su historia es toda una odisea, ya que este
zapato de niño se conservó gracias a las condiciones de humedad de las
laderas de los ríos ingleses y, por alguna razón, se enterró en el
fango y fue hallado miles de años después.
Algunos han sido elaborados a partir de las descripciones detalladas
que han aparecido en textos históricos, como la sandalia de San Pedro,
la de los vikingos o incluso la lujosa con brillantes y gemas
incrustados que perteneció a Carlo Magno.
Entre vitrinas con elegantes botas, tacones de plataforma y sandalias
de colores hallarás 60 máquinas de coser que son toda una reliquia, hay
de varios tipos, con pie y manuales, decoradas con calcomanías
originales e incluso en tamaño miniatura, lo mismo que pantógrafos y
medidores, martillos y clavos.
Los divertidos diseños de los bufones de la corte o los románticos de
los trovadores tienen un espacio junto al zapato zueco rural de los
Países Bajos, aunque también hay botas de rugby y una base para patinar
sobre ruedas de 1850, pasando por calzado de ciclista, béisbol, de
futbol y para montar a caballo.
¿Cuáles son los más raros? Para unos el premio se lo lleven: un par
elaborado artesanalmente a base de pepitas de melón y unos de piel de
salmón, para otros son unos históricos de latón del siglo V, sin
olvidar otros confeccionados a base de hojas de palmera, madera o seda
multicolor.
Sin duda otras de las piezas más destacadas es el zapato de Cristóbal Colón del siglo XV y el chapín veneciano del XVI.
En la sala de "Zapatos con Historia", están los de los reyes Juan Carlos y Doña Sofía, Paco Rabal, Terenci Moix, entre otros.
Tacones del tamaño de una uña
Mención aparte merecen los miniatura. En una sala hay piezas que rayan en lo imposible, miden entre uno y cinco centímetros.
Algunas han sido elaboradas por Pedro Victoria Soriano, "el zapatero
prodigioso de España", un hombre que, tras su jubilación decidió
confeccionar pares que, más que en los pies, uno podría ponerse en las
falanges y hasta ahí quedarían grandes.
Lo más impactante de estas pequeñas joyas es que el proceso de
elaboración es exactamente igual que el de sus hermanos mayores:
contrafuertes, forros o cambrillones, creaciones originales y
totalmente manuales.
El más diminuto, número uno en el calce europeo, corresponde a un botín
de apenas seis milímetros que conmueve por lo sofisticado de sus
detalles.
Los más altos son unas botas de plataforma estilo drag queen cuya
dimensión de tacón alcanza casi el tamaño normal de una regla escolar,
por lo que la bota completa supera el metro de altura, de tal suerte
que quien se calzara con ella ganaría casi medio metro.
El museo de las estrellas
A la luz de la vida de Salvatore Ferragamo, la oscuridad de las salas
del museo que creó para rendir culto a su persona y arte, exhiben la
pasión que convirtió en glamour.
Hijo de padres campesinos, fue el undécimo de 14 hijos y un artista
que, de niño, creó un par de zapatos para la primera comunión de su
hermana y a los 12 años ya tenía su tienda con creaciones propias. Un
inmigrante italiano en Estados Unidos que lo mismo confeccionó botas de
cowboys y remendó pantuflas, vistió a Greta Garbo, Sofia Loren, Judy
Garland, Anna Magnani o Audrey Hepburn.
En lo que en otro tiempo fuera un castillo, ahora se exhiben dos
centenares de modelos de su colección que supera las 10 mil piezas.
Entre las más significativas figuran unas sandalias de oro de 18
quilates y otras con el tacón labrado en forma de animal.
Las recién remodeladas salas muestran materiales alternativos como
plástico, celofán, paja, hilos metálicos, rafia, fieltro, corcho,
resinas sintéticas y hasta papel en tonos amarillentos o esmeralda.
Antes de partir, seguramente querrá dar un vistazo a la sala de
souvenirs. No es difícil que se le antoje adquirir un par de
plataformas en terciopelo como una pieza que creó Ferragamo para Ava
Garner, o los ya memorables tacones de 11 centímetros que sedujeron a
la bella Marilyn Monroe a precios onerosos.
El Museo Salvatore Ferragamo se localiza en Palazzo Spini Feroni.
www.salvatoreferragamo.com
Made in China
Wenzhou, China, es la "capital china del zapato", ya que cuenta con más
de 6 mil fábricas de zapatos y un millón 800 mil habitantes empleados
en el sector. La ciudad cuenta también con un museo dedicado a este
accesorio. Posee más de mil 200 pares, entre ellos uno de jade de las
dinastías Shang y uno bordado de 2.8 metros de largo que sigue pisando
fuerte en este arte de altura.