BECAL, Campeche.— Al escuchar la palabra "jipi" , por asociación
fonética uno se remite a los jóvenes de los años 60 que proclamaban
"amor, paz y libertad " así como poco afectos al baño y la ropa limpia.
Pero en Campeche, al sonido de ese vocablo, se proyecta la imagen
contraria. Es el reflejo de un mundo y una época –ya idos hace tiempo–
de pulcritud y buen vestir aunque también en extremo conservadora.
Se trata de la fibra con la que se confeccionan los sombreros de estilo
panameño que por frescos se estilan en muchos lugares cálidos, como
nuestra península yucateca y también en Centroamérica y Cuba.
Pero al lucir uno de esos sombreros es difícil imaginar el arduo
proceso que hay detrás, y la creatividad que despliegan las manos que
tejen esta fibra campechana.
El trabajo tras la gala
Todo comienza con un cogollo de palma (un retoño, cuando las hojas no
se han desplegado). La planta abunda en la región y es pequeña. De ahí
se extraen delgados hilos que serán apreciados por su fino corte.
Pero para ser maleables, esas fibras no pueden estar expuestas a la luz
solar; además de necesitar un fuerte grado de humedad, por eso, los
artesanos de Becal trabajan en cuevas de unos tres metros de
profundidad en el traspatio de su casa.
Ahí, con paciencia comienzan su labor, muchas veces expuestos a
enfermedades propias del trabajo en el clima húmedo de la cueva.
El tamaño sí importa
La palma se divide en delgados hilos. Si se le hace un corte, dará una
fibra ancha y se le llamará fibra "de una partida", pero se le pueden
hacer dos, tres y hasta cuatro "partidas" lo que dará por resultado un
hilo extremadamente fino. Para tejerlo será necesario mucho más tiempo
y trabajo. Ese es el factor decisivo en la cotización de las artesanías
de jipi.
Pero la creatividad ha evolucionado con las necesidades del mercado y
ahora se venden bolsas, aretes, gorros y toda clase de accesorios que
de manera especial gozan las mujeres.
Los precios son otro atractivo para visitar Becal, pues al comprar
artesanías de manera directa con el productor, se evitan las comisiones
de los intermediarios, ya sean particulares u oficiales que incrementan
el precio al consumidor y castigan los precios de compra al artesano.
Una bolsa tejida con fibra de una partida puede costar cerca de 70
pesos, mientras que una de cuatro partidas alcanza los 900 pesos.
Si bien esta actividad la realiza la gente mayor del pueblo, se han
constituido asociaciones de artesanos que comienzan a difundir sus
enseñanzas con los jóvenes y niños, para preparar a nuevas generaciones
de tejedores.
En el zócalo del pueblo hay un monumento. Es un trío de sombreros de
metro y medio de alto que rinde homenaje y les recuerda a los
habitantes el motor de la economía de este rincón del sureste.
Becal se encuentra a 45 minutos al norte de la capital del estado. En
el camino encontrarás el poblado de Pomuch, famoso por el delicioso pan
que se fabrica ahí.