Salvaje de corazón,Sudáfrica brinda múltiples opciones de viaje, una
de ellas es recorrer la reserva de Limpopo, también llamada la
Provincia del Norte. Libre de fronteras políticas con Mozambique y
Zimbabwe, el león impone su ley en territorios cruzados por caminos
ásperos de intensa belleza.
Extravagantes recorridos pueden ser una opción para encontrarse cara a
cara con la historia antigua del planeta y la raza humana.
Artefactos de la edad de piedra, restos óseos y pinturas rupestres dan
testimonio al visitante del devenir de los tiempos por estos poco
conocidos parajes del sur del mundo.
En un viaje de descubrimientos, cenar en chozas con techo de paja,
tomar un baño bajo las estrellas, dormir y despertar con el sonido de
la naturaleza en plataformas colocadas en la copa de los árboles,
encima de la sabana renuevan el espíritu aventurero.
Su gente interesada en mostrar su país y en aprender de los visitantes,
hacen de los safaris fotográficos los más populares, algunos parten de
las inmediaciones de Sabi Sand a través de reservas privadas que
colindan con el Parque Nacional Kruger. No tienen cerca y en toda la
zona el tránsito de animales es permanente.
A los viajeros acompañados de un ranger se les permite seguir a pie a los animales.
Sin climas extremos, Limpopo se encuentra situado en el eje del
Ttrópico de Capricornio, con estaciones opuestas a las del hemisferio
norte. Primavera y verano ocurren de septiembre a marzo y otoño e
invierno de abril a agosto con lluvias en el verano.
Abundante en vida salvaje, resulta en cierto modo extraordinario
apreciar grandes concentraciones de animales beber agua en los arroyos
acompañados de las crías, al momento que el guía interpreta el entorno
ecológico e indica dónde encontrar a diferentes depredadores, en la
espesura de la vegetación que utilizan para ocultarse, escapar del
intenso calor y acechar pacientemente a su presa.
A pie, a caballo o en vehículo 4 x 4, en las planicies y ríos de la
región, es posible encontrar manadas de elefantes y especies
simbióticas que avanzan con diferente dirección.
Al igual que leones, leopardos, manadas de perros salvajes y hienas;
sin olvidar a las cebras, impalas, búfalos, jirafas, entre otras
especies, junto a una gran cantidad de aves cuyo canto y color de
plumaje llaman la atención en instantes en que a lo lejos se observa el
vuelo de buitres que buscan los restos de una cacería.
Hay turistas que cuentan que un hipopótamo decidió rascarse el lomo con
la lona de la tienda de campaña. Otros comentan que en la noche frente
a la fogata, durante la cena, una hiena aparece, los rodea y olfatea a
todos y que esos detalles hacen de su viaje algo especial.
En esta región la única especie que tiene una esperanza de vida larga
son los árboles baobad, llamados científicamente Adansonia digitata,
algunos de ellos tienen más de 3 mil años de edad, como el que existe
en la comunidad de Segole con una circunferencia de 43 metros. Los
demás, la gran mayoría tiene de 300 a 500 años.
Su importancia en este hábitat se debe a que proporcionan alimento y
refugio a muchos animales: los elefantes ramonean las hojas y pelan la
corteza para alimentarse y humectarse, debido a que son muy jugosos y
almacenan un ochenta por ciento de humedad. Los mandriles se alimentan
de los frutos del árbol, mientras que las aves y abejas anidan en los
huecos del tronco; los murciélagos frugívoros y los gálagos polinizan
las flores que tan sólo duran veinticuatro horas antes de caer al suelo
para convertirse en alimento de antílopes.
Escenarios y parajes muy distintos a los nuestros. Sueños de un continente que invita a visitarlo.