La playa del lago de Wannsee en las afueras de Berlín, una de las
mayores playas interiores de Europa, celebra este año su centenario.
La fundación de protección del patrimonio y la ciudad de Berlín han
invertido 12.5 millones de euros en la restauración de esta perla del
lago de Wannsee.
Con sus 1.27 kilómetros de largo y hasta 80 metros de ancho y una
capacidad de hasta 12 mil personas, la playa de Wannsee se transforma
entre finales de abril y hasta finales de septiembre en la gran "bañera
de los berlineses".
Cada verano se convierte en una alternativa barata para aquellas
familias berlinesas que tienen que apretarse el cinturón y no pueden
permitirse el lujo de costearse unas vacaciones en el Mar Báltico, en
la Costa Azul o en Mallorca.
En la pasada temporada, la playa de Wannsee atrajo a 230 mil bañistas.
Y es que desde el centro de Berlín se puede llegar rápida y cómodamente
a la playa en metro, en tren de cercanías, en autobús, en coche o en
bicicleta.
Sólo hay que pagar cuatro euros de entrada de adultos -2.50 euros para
niños, estudiantes, desempleados y jubilados- para darse un buen baño o
tomar el sol, ya sea tumbado en la arena o sentado cómodamente en un
pintoresco strandkorb, sillón de mimbre para la playa.
Aquellos que hayan olvidado el traje de baño en casa no tendrán
problemas a la hora de disfrutar de un buen baño, pues la playa tiene
desde hace tres décadas una zona nudista o FKK (Freikörperkultur).
La playa de Wannsee ha sido a lo largo de 100 años testigo de excepción
de la historia de Berlín: de la primera Guerra Mundial, de los locos
años 20, de la dictadura nazi, de la segunda Guerra Mundial, de la
división de Berlín en dos y de la reunificación alemana.
Un decreto de 1907 de Ernst von Stubenrauch, prefecto del distrito de
Teltow, autorizando el baño en el lago de Wannsee supuso el inicio de
una gran revolución cultural y social al permitir a hombres y mujeres
bañarse en público al aire libre.
También supuso la democratización del baño, que dejó de ser un
privilegio de la elite en los balnearios a pasar a ser un acto de
masas.
Las normas de vestimenta en la playa eran, sin embargo, hasta 1932
estrictas: Las mujeres debían llevar cubiertas el pecho, el estómago y
las piernas hasta por encima de las rodillas, mientras que los hombres
debían llevar un bañador que les cubrieran la piel desde los muslos
hasta el ombligo.
Gracias al decreto de Stubenrauch se puso fin a las escenas de caza que
protagonizaron los fines de semana y en verano los gendarmes prusianos
y los berlineses ansiosos de darse un chapuzón.
La inauguración de la playa de Wannsee se hizo sin mucha parafernalia
ni pompa. Simplemente cambiaron el cartel de prohibido el baño por
otros tres en los que rezaban "sector apto para baño".