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Una visita a lo más natural de Canadá

Tras cinco horas de vuelo arribé a la ciudad de Vancouver. En el día uno recorrí la ciudad, camine por la calle comercial que es la avenida Rudson. Conocí el barrio chino, que es el tercero más grande de Norteamérica.
Una visita a lo más natural de Canadá
Vista de la ciudad de Vancouver.(Foto: Especial)
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Sandra Janet Salinas Torres
El Universal

Viernes 21 de septiembre de 2007

Tras cinco horas de vuelo arribé a la ciudad de Vancouver. En el día uno recorrí la ciudad, camine por la calle comercial que es la avenida Rudson. Conocí el barrio chino, que es el tercero más grande de Norteamérica.

Recorrí el centro y el famoso parque Stanley, que es uno de los pulmones de la ciudad con más de 400 hectáreas. Está rodeado por mar, lleno de cedros, douglas y helechos y cuenta con un acuario que tiene enormes ballenas beluga.

Es una ciudad limpia, la tercera más grande de Canadá y es llamada la ciudad del vidrio y concreto.

A partir de mañana haré algunos recorridos por el oeste de Canadá, e iré acompañada de Bruce, un experimentado guía que me enseñara escenarios naturales sorprendentes.

Durante el día 2

El primer lugar que visite en la provincia de la Columbia Británica fue el Lago Esmeralda, un lugar de ensueño.

El agua era de color azul turquesa y enmarcado por una serie de montañas con sus copas aún llenas de nieve.

Rentamos un kayak para disfrutar el hermoso paisaje y así ser parte del idílico cuadro.

Después, recorrimos la provincia de Alberta para llegar al pueblo de Banff. Pero antes de llegar vimos las cataratas y el lago Bow, de donde se puede ver el inmenso hotel Fairmont.

Llegamos al Fairmont Banff Spring, un hotel majestuoso que fue construido en 1887, y que fue escenario de la película "El resplandor". El hotel es literalmente un castillo lleno de lujo, perdido en la nada, con 770 habitaciones. Inmediatamente salí a recorrer el lugar. Pero pronto me perdí en aquel laberinto lleno de túneles. Abría puertas y encontraba pasillos enormes que llevaban a otras puertas. Esa noche dormí en una de esas increíbles habitaciones.

Ya en el día 3

Salimos rumbo a Jasper, y en el camino nos detuvimos a ver el lago Louise que mide 2 kilómetros de largo y 90 metros de profundidad.

En invierno el lago se congela y se puede patinar o hacer recorridos en trineos jalados por perros.

Después fuimos al lago Peyto, un mágico lugar de aguas azul turquesa, en donde a lo lejos vimos una pareja de osos negros.

De ahí Bruce me llevo a uno de los paseos más espectaculares, un paseo en helicóptero.

El vuelo duro 12 minutos, pero fue maravilloso el poder disfrutar las montañas escarpadas, los viejos glaciares y los nítidos lagos turquesa, como si fuéramos águilas volando sobre este paisaje de acuarela.

El momento de una experiencia inigualable estaba por llegar, pues no todos los días puedes estar sobre un lugar que lleva millones de años formándose.

La carretera nos condujo hasta el Campo de hielo Columbia, el más grande al sur del Círculo Polar Ártico. Abordamos un raro vehículo llamado snowcoach, que es un camión con llantas gigantescas que sirven para andar sobre la nieve sin derraparse.

El snowcoach caminó hacía el pie del glaciar Athabaca y el Columbia Icefield que una vez fueron parte de una enorme plancha de hielo que molió y cavó la tierra que hoy vemos a través de las montañas rocosas.

El snowcoach se detuvo y bajamos a la nieve, exactamente al campo de hielo. Caminamos un poco y Bruce me dio un vasito para que tomara agua del glaciar, que es el agua natural más pura conocida.

Para después canjearla por un trago de whisky, por aquello del frío.

Fue una sensación indescriptible el encontrarme frente a frente con uno de los glaciares que aún quedan en nuestro mundo.

Para el día 4

Hoy salimos de Jasper para conocer el lago Maligno, para adentrarnos a la Isla del Espíritu. Tomamos un barco y Bruce me explico que el lago Maligne es el más profundo de los lagos en las rocosas.

El lago es pasmoso, el agua tiene un color azul profundo fascinante. Me contó cómo se dio a conocer al mundo la isla del espíritu. Fue gracias a un concurso para promover la naturaleza de Jasper.

La fotografía ganadora fue la de un hombre que mostraba una pequeña isla que como marco tenía el lago Maligne. El fotógrafo nombró esta isla, la Isla del Espíritu, no porque en ella habitaran espíritus, sino porque en ella se podía sentir el espíritu de las rocosas.

Y con este insólito paisaje di fin a un recorrido por la otra cara de Canadá, la de la naturaleza.


 



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