País situado entre dos gigantes como China e India, muchas veces se ha
visto relegado a un segundo plano entre los destinos turísticos
preferidos de Oriente. Pero Myanmar, con sus playas y tradiciones casi
intactas, es un lugar con una personalidad fuerte que se mantiene ante
el influjo constante de Occidente.
China e India, pero también Tailandia, Laos y Bangladesh son los países
con los que colinda este país asiático. Pero Myanmar tiene un secreto:
el mantenimiento de sus costumbres, que lo convierte en un destino
exótico por excelencia.
La pesca es una de las actividades más características del país. Si te
paseas por alguna de sus numerosas playas de arena blanca, es muy
probable que te encuentres con algún pescador ataviado con el traje
tradicional- sombrero de hojarasca, y telas anchas-, limpiando pescado
sobre unas redes.
Myanmar es conocido también por un mercado de ramos de diversos colores
en el que las mujeres de la zona- también ataviadas con estampados
vistosos- venden en la playa o en plena calle. Y para transportarlas,
nada mejor que una gran cesta de paja que se colocan encima de la
cabeza.
Yangon-la capital, a 30 kilómetros del mar- es uno de los lugares donde
el turista no debe dejar de acudir. A pesar de ser una ciudad con
cuatro millones de habitantes, muchas de sus zonas tienen una vasta
vegetación que asemeja a una jungla. Es el mejor ejemplo de los restos
coloniales por parte del Imperio Británico, ya que se pueden observar
los vestigios de la arquitectura victoriana que siguen aún en pie entre
un paraje sin igual.
La pagoda de Shwedagon es un increíble templo que domina, desde lo alto
de la colina de Theingottara, a toda la ciudad. Está recubierta de
láminas de oro y asemeja a una campana gigantesca.
Pero no sólo la religión es lo más destacado de la capital. Los puestos
de comida que se encuentran en cualquier esquina o el té birmano,
forman parte del escenario de cualquier paseo típico.
En Mandalay
Mandalay es la segunda ciudad más importante del país y el lugar donde
se puede encontrar más actividad cultural. Quizá sea porque se
encuentra justo en el centro del país, donde no hay costa. Además, es
centro de negocios y de comunicaciones.
Pero, ¿qué más se puede ver en Myanmar? Bagan, que parece una ciudad
abandonada con una exquisita arquitectura, resto de lo que fue la
capital del primer imperio de Myanmar. Aquí destacan los templos, lo
que hace que el visitante se integre en la espiritualidad del país,
donde la religión budista es mayoritaria.
Aun así, sin lugar a dudas Myanmar es conocida por sus costas de arena
blanca y... por sus lagos. El lago Inle se encuentra en una zona
fronteriza con Tailandia y Laos. Son más de treinta tribus las que
pueblan la zona montañosa por donde pasa el agua. El “Road to Mandalay”
es uno de los múltiples cruceros que pasan por este destino, uno de los
favoritos del país.
Myanmar es un paraíso, pero hay que tener cuidado de cuándo acudir. El
verano es bastante insoportable por sus altas temperaturas, y entre
mayo y octubre no para de llover, debido a la estación monzónica. El
mejor momento para ir es entre noviembre y febrero.
Playas, lagos, vegetación selvática, templos y construcciones
arquitectónicas increíbles... así es Myanmar, un lugar tranquilo, casi
salido d un sueño antiguo.
rcr