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Vivir en la cosmopolita Shangai

Un mexicano nos comparte los guisos exóticos y experiencias que ha enfrentado allá
Vivir en la cosmopolita Shangai
(Foto: Especial)
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Isela Serrano
El Universal

Lunes 27 de agosto de 2007

Hace un par de años, el mexicano Álvaro Hernández visitó Hong Kong como turista, posteriormente la compañía para la que laboraba decidió trasladarlo a Shangai.

No conocía a nadie más que sus compañeros de oficina, pero poco a poco fue haciendo amigos principalmente extranjeros.

Hace cuatro años decidió iniciar su propia empresa, perfeccionar el idioma y sujetarse a las reglas y procedimientos comerciales de una cultura distinta a la suya.

Desde Shangai, la “urbe de hierro y cristal”, nos comparte algunas experiencias.

En cuestión de gastronomía ha saboreado los exóticos camarones borrachos que se ingieren mientras éstos se retuercen dentro de un poco de vino. Aún así, reconoce que su paladar no se ha animado a degustar los famosos “huevos negros”, a los que llaman de “mil años”, pues esta modalidad se entierra por días, y luego se disfruta, prácticamente, en estado de putrefacción.

Con los años, ha aprendido a levantar siempre el plato de arroz cuando usa los palillos, y descarta llegar a integrar en su comportamiento el sorbo en la mesa al tomar la sopa, como normalmente hacen los nativos. Si alguien visita Shangai, recomienda que acuda al mercado de la ciudad antigua, un rincón ubicado en los jardines Yuyuan, donde se pueden hallar atractivos souvenirs a buenos precios.

Para orientarse, sus inseparables aliados han sido los mapas y las guías de viaje.

Como no faltan los imprevistos, ha olvidado las llaves dentro de su casa, pero siempre ha hallado un vecino amigable que lo auxilie.

Álvaro Hernández cree que tanto en París como en cualquier otro confín de la tierra, ante una emergencia, la gente se da a entender de alguna forma; ya sea con gestos, gritos o la simple mímica.

Ha observado que los chinos representan los números con los dedos, de tal suerte que al referirse al “seis” lo hacen como si estuvieran “haciendo cuernos” y el “siete” como si “tuvieran una pistola en la mano”, técnica que emplea comúnmente cuando va de compras.

También se ha percatado de que en todas las culturas la gente valora el esfuerzo de los extranjeros por hablar, o al menos “masticar” su lengua. Reconoce que practicar chino es complicado, pero hoy comienza a convertirse en necesidad, ya que una de cada cinco personas la habla.

Explica que las dificultades con el idioma provienen de la diferencia de alfabetos, ya que el mandarín posee 70 mil caracteres y cuatro tonos de pronunciación. Por lo que ha optado por pronunciar las calles en los cuatro tonos, para ver cuál resulta.

De México extraña la vida en familia y comer tacos al pastor, pero expresa que la cultura del “mañana”, le pesa significativamente. Una de las razones por las que decidió partir es el interés que le despertó ser parte del fenómeno económico y comercial que vive esta ciudad de rascacielos.

rcr


 



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