Su apartada situación geográfica, en el litoral de Almería
(Andalucía, España), ha permitido que este paraje volcánico preserve de
manera casi intacta sus atractivos valores naturales. Un lugar
semiárido cuyos contrastes de colores y de luz no dejan indiferente al
visitante.
En pequeñas playas solitarias, el agua cristalina permite descubrir
unos fondos marinos de ricos colores, gracias a la gran variedad de
algas y corales, cuya amplia gama nos lleva del negro, violeta o verde
oscuro al anaranjado-rojizo.
Entre las zonas de origen volcánico destaca el Arrecife del Dedo, cuyo
nombre viene de su plástica forma que recuerda al pulgar de un dios
emergiendo del mar.
Está coronado por la torre de la Vela Blanca, desde donde podemos coger
un camino bordeando la costa que nos lleva al Cerro de la Vela y a la
torre mora, zonas silenciosas que permiten tu integración en la
naturaleza como un elemento más del paisaje almeriense.
Por otro lado, el arrecife de las Sirenas es un lugar sin límites donde
la fantasía entra en comunión con la realidad, cuya naturaleza entraña
misterios sin resolver. En él, los marineros, como ya le ocurrió a
Ulises y sus compañeros en "La Odisea" de Homero, se confundían en la
noche con el canto de las sirenas.
Auténticas joyas naturales
No hay palabras para describir la gran variedad de playas del Cabo de
Gata, las hay para todos los gustos: calas pequeñas, perdidas y
solitarias, cuyo acceso es en ocasiones sólo posible por mar; playas
amplias con dunas; playas bordeadas de acantilados; playas vírgenes y
también especiales para los nudistas... .
Junto al encantador pueblo pesquero de Los Escullos, encontramos la
playa del Arco y el cerro del Fraile, desde el que se disfruta de una
espectacular vista de la ensenada. La playa está flanqueada por
acantilados y altas rocas y en ella se mezclan pequeñas piedras con
arena de color gris.
Desde esta ensenada se ve la Isleta del Moro y el Peñón Blanco,
vigilado por las gaviotas y con bellas casas encaladas en blanco y
decoradas con coloridas flores. Un lugar que nos permite zambullirnos
en la naturaleza, observando el cielo estrellado desde la amplia playa
donde aparcan las caravanas.
La zona de Las Negras es especialmente recomendable ya que engloba un
pintoresco pueblo del mismo nombre con barquitas de pescadores
amarradas, y la Cala de San Pedro, una playa a la que se accede a
través de estrechos caminos que bordean la costa, y que posee diversas
ruinas. Es un paraje anclado en el tiempo.
Y para mezclar desierto y playa, no deje de visitar El Playazo, una
tranquila playa de arena finísima rodeada de montañas y palmeras. Nos
lleva hasta ella un camino de tierra que podemos coger en Rodalquilar,
pueblo de origen minero cuyas viviendas y minas de oro están siendo
rehabilitadas.