Costa Rica es frondosamente verde; la tierra del turismo de aventura y
la naturaleza. El punto de partida para conocerla es San José. El
destino más apartado apenas se encuentra a tres horas de la capital.
BIODIVERSIDAD
La riqueza de este país está en su espesa vegetación y diversidad de
fauna. Sus 51 mil kilómetros cuadrados resguardan 5% de la
biodiversidad del planeta. En todo su territorio crecen más de mil 500
especies de orquídeas. En una sola hectárea habitan hasta 100 especies
de árboles. Según el parque que visites puedes observar seis especies
de tucanes, 6 mil 500 especies de mariposas, 163 anfibios, entre ellos
ranas exóticas y venenosas como la blue jeans (de color rojo y patas
azules).
Los destinos elegidos por las tortugas para desovar son Tortuguero,
playa Grande, Tamarindo, Ostional y playa Nancite. Si quieres
participar de este gran acontecimiento, existen programas de
conservación en los que turistas y gente local liberan tortugas bebés
para conducirlas en su travesía al mar.
TURISMO RURAL
Deja la rutina urbana y busca tu parte campirana en parajes a veces
poco explorados. Convive con familias que habitan la zona rural. Ya sea
que te hospedes en cómodas cabañas o en sus propias casas, puedes
ayudar a ordeñar vacas, reforestar las zonas de humedales, ir de pesca,
secar granos de café o visitar poblaciones indígenas para conocer su
cotidianidad, costumbres, historia y probar su gastronomía. Muchas de
las veces, los anfitriones son los propios campesinos.
¿Quieres dar un paseo? Hay varios medios de transporte para ello: a caballo, en bici o canoa.
ECOTURISMO
El Parque Nacional Manuel Antonio (a 157 kilómetros al sur de San
José), ubicado en el Pacífico, es un bosque tropical húmedo con
manglares que puedes recorrer en kayak, playas de arena donde además de
tumbarte al sol, paseas a caballo, e islas para observar cantidad de
aves. Este parque lo habitan mapaches, felinos, monos de cara blanca,
perezosos, coatíes, tortugas y fauna marina como mantarrayas y morenas.
La reserva biológica de Monteverde (a cuatro horas de la capital) es un
enorme santuario de vida silvestre, en la cordillera de Tilarán. Con
paciencia y mucho amor a las aves se pueden observar alrededor de 400
especies, entre ellas el quetzal. Eso sí, llueve mucho durante todo el
año. Ésta fue la reserva del hoy extinto sapo dorado.
Largos puentes colgantes, ríos, mariposarios, cascadas y arroyos son
parte de su atractivo. Y si decides pasar la noche en este bosque
nuboso, tienes la opción de hospedarte en un lodge, cabaña privada o en
un hotel común y corriente.
El Parque Nacional Volcán Poás es una atracción explosiva que no hay
que perderse. El volcán alcanza los 2 mil 708 metros de altura y desde
1989 ha incrementado su emisión de gases. Está formado por dos
cráteres. El más grande mide un kilómetro y medio de diámetro y 300
metros de profundidad. Contiene una laguna de agua caliente con
fumarolas activas.
De igual forma se organizan excursiones al volcán Arenal, otro de los
colosos activos de Costa Rica. Por las noches se observan las
emanaciones de lava mientras te relajas en una piscina de aguas
termales.
AVENTURA AL AIRE LIBRE
Costa Rica es la reina del canopy, una serie de cables o tirolesas a
través de los cuales los osados visitantes se deslizan sostenidos de un
arnés, entre las copas tupidas de los árboles. Los hay en casi todo el
territorio: Monteverde, San Lorenzo (con 19 plataformas y uno de los
cables más largos del país de 750 metros), en el Parque Nacional
Braulio Carrilo (a 45 minutos de San José), a los pies del volcán
Arenal, en las montañas de San José y el área de Jacó, entre otros más.
Si te atraen las aguas bravas, el río Pacuare es uno de los mejores
escenarios para hacer rafting por sus rápidos de clase IV. El país lo
promociona como uno de los 10 mejores del mundo para esta actividad.
El Reventazón es otro cauce turbulento. Hace honor a su nombre que
significa "aguas reventando". El Corobicí es para los más miedosos o
principiantes o para aquellos que prefieren un recorrido más panorámico
que agitado.