La ceguera causada por el crecimiento anormal de los vasos
sanguíneos del ojo podría evitarse mediante el aumento en el consumo de
alimentos ricos en ácidos grasos Omega-3, como pescado y nueces, según
investigaciones realizadas en el Hospital Infantil de Boston (HIB),
donde ya realizan pruebas acerca de los efectos de estos lípidos en
bebés prematuros, quienes se encuentran en riesgo de perder la vista.
El
crecimiento anormal de los vasos sanguíneos es causado por nacimiento
prematuro, retinopatía y rinopatía diabética en adultos, así como por
degeneración macular. Estas causas ocupan el primer lugar en la
producción de ceguera que, en conjunto, afectan a millones de personas
en el mundo.
En el caso de los bebés que nacen de manera
prematura, los especialistas señalan que se trata de una enfermedad de
dos etapas que comienza con la pérdida de vasos sanguíneos en la retina
(el tejido nervioso de la parte posterior del ojo que envía las señales
visuales al cerebro). Debido a este problema, la retina sufre una
carencia de oxígeno y por ello envía una señal de alarma para acelerar
el crecimiento de nuevos vasos.
Sin embargo, los nuevos
vasos sanguíneos crecen de manera anormal, con “fugas” en gran
abundancia y con malformaciones. Debido a la presión que ejercen dichos
vasos, la retina se desprende de la capa que la soporta trayendo como
consecuencia la ceguera.
Con el apoyo de John Paul
SanGiovanni y Kip Connor, Lois Smith, directora de la investigación,
estudió la retinopatía en un modelo animal de laboratorio. El
experimento consistió en alimentar un grupo de roedores con dietas
ricas en ácidos grasos Omega-3 y a otro con una enfatizada en Omega-6
(comparables a las dietas japonesa y occidental, respectivamente).
Los
ratones del grupo Omega-3 presentaron una pérdida menor de vasos
sanguíneos en la retina, en relación con el grupo Omega-6. Asimismo, se
encontró un porcentaje entre 40% y 50% más bajo de crecimiento anormal
en dichos vasos en el primer grupo de animales.
“Nuestros
estudios sugieren que tras la pérdida inicial de las vascularidades,
éstas volvieron a crecer de manera más rápida y eficiente en los
ratones alimentados con la dieta Omega-3”, señaló Connor. “El aumento
de la provisión de oxígeno al tejido retinal trajo como consecuencia
que la alarma de las señales enviadas al cerebro que ocasionan el
crecimiento anormal de los vasos cesara”, agregó.
Debido a
que los ácidos grasos Omega-3 presentan concentraciones elevadas en la
retina, un incremento mínimo de 2% de los mismos en la dieta diaria de
los roedores fue suficiente para reducir la severidad del mal hasta en
50%, apunta el informe de los especialistas.
Estudios
previos sugieren que los ácidos Omega-3 inhiben la inflamación en el
organismo; sin embargo, también se sabe que las dietas occidentales son
muy pobres en los mismos, y en cambio son ricas en ácidos Omega-6. La
proporción ideal entre ambos debería oscilar entre dos a uno y cinco a
uno; sin embargo el radio de proporción en el mundo occidental va de 10
a uno hasta 30 a uno.
En el caso de los infantes
prematuros, la falta de Omega-3 se debe a que pierden la oportunidad de
seguir obteniendo de la madre los nutrientes que requiere su organismo
para su completo y correcto desarrollo, misma que ocurre a partir del
tercer trimestre de gestación.
Los científicos demostraron
que una dieta rica en Omega-3 suprime la producción de una proteína
conocida como TNF-alfa, reduciendo así la respuesta inflamatoria de la
retina, en tanto que los ácidos Omega-6 la incrementan.
Las
retinas del grupo de ratones Omega-3 incrementaron además la producción
de otros tres componentes antiinflamatorios conocidos como
neuroprotectinaD1, resolvinaD1 y resolvina E1, mismos que
potencialmente protegen al ojo contra el crecimiento anormal de los
vasos sanguíneos. Dichos compuestos no se detectaron en el grupo
Omega-6.
Dado que los costos personales, sicológicos,
sociales y económicos de la ceguera son muy elevados, “si los ácidos
grasos Omega-3, así como los componentes antiinflamatorios con los que
se han asociado son igualmente efectivos en los humanos, un simple
suplemento alimenticio beneficiaría a millones de personas en el
mundo”, dijo Smith.
Además de los suplementos existentes
en el mercado, mayoritariamente eleborados a partir de algas y otras
materias ajenas al pescado, según los expertos las mejores fuentes
naturales de Omega-3 se encuentran en el salmón, la macarela, las
anchoas y sardinas.
En este momento se llevan a cabo
pruebas con bebés prematuros, consistentes en agregar Omega-3 a las
soluciones intravenosas con las que se les alimenta. Los investigadores
esperan que el complemento permita a los infantes desarrollar sus
retinas y vasos sanguíneos de las mismas de manera normal, pues “una
vez que la retina se ha desprendido es poco lo que se puede hacer”,
dijo Smith. (Hospital Infantil de Boston)