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‘Gadgets’: los éxitos y fracasos

Sólo el tiempo y la feroz crítica de los usuarios alabarán u odiarán al iPhone
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El Universal

Lunes 02 de julio de 2007

Hace tres años, algunos altos ejecutivos de Microsoft comenzaron a utilizar relojes de mano con conexión a internet en los que se podían consultar pronósticos del clima y otros fragmentos de información en tiempo real.

El Spot Watch era parte de la apuesta de Microsoft para impulsar al internet más allá de la computadora personal. No obstante, en retrospectiva, los voluminosos relojes con imponentes carátulas redondas parecían tan alejados de la vida real como la utilería de las series de televisión de la década de los 60. Sin embargo, las razones del fracaso de otras tecnologías nuevas son mucho más prosaicas.

La primer generación de los esperados dispositivos y servicios de música digital de Sony, llamados Connect, y creados para competir con el iPod de Apple, resultó técnicamente deficiente. “Destruyó mi Vaio, de hecho estropeó el disco duro”, comentó Richard Doherty de Envisioneering, uno de los primeros analistas de tecnología en probar el producto de Sony.

La historia de la tecnología para el consumidor está repleta de increíbles dispositivos que terminan en el bote de basura. Desde la computadora portátil Newton hasta el “transporte personal” Segway, las nuevas tecnologías que supuestamente nos cambiarían la vida de hecho pueden, en retrospectiva, verse simplemente ridículas.

Cuando la novedad haya pasado, ¿cómo juzgará la historia al iPhone? Incluso Steve Jobs, actualmente aclamado como el maestro de la tecnología para el consumidor, no es inmune al fracaso.

La computadora NeXT, la máquina que construyó antes de regresar a dirigir Apple, y más recientemente la Mac Cube, están entre los productos de Jobs que no lograron despegar.

Con el iPhone también está entrando en un mercado que ya ha producido una cantidad considerable de fracasos. Los teléfonos inteligentes son por definición difíciles de usar, repletos de distintas funciones en un sólo paquete, la antítesis de la estrategia de una sola función que hizo al iPod tan exitoso.

Las nuevas tecnologías generalmente fracasan cuando la molestia que pasan los consumidores para aprender a usarlas supera a los beneficios, señaló Pip Coburn, analista de tecnología y autor. Para que las nuevas tecnologías tengan éxito, es necesario que las compañías dobleguen el comportamiento habitual y en general profundamente arraigado de sus clientes.

La apuesta de Jobs de superar esa inercia con el iPhone depende de tres de las cosas que mejor sabe hacer Apple: un diseño poderoso y mercadotecnia que toque las emociones, una nueva interfase de usuario y un dispositivo novedoso sin paralelos. En ese aspecto, las primeras reacciones sugieren que Apple le dio al clavo. “Es realmente un deleite. Es emocional, no lógico”, comentó Doherty sobre la experiencia de utilizar el iPhone. “Va a atraer a una multitud”.

No obstante, el atractivo emocional quizá no sea suficiente como para tentar a una gran cantidad de clientes potenciales a pagar hasta 599 dólares por un teléfono. Para justificar ese precio, Apple necesita que sus usuarios exploten toda la tecnología del iPhone, que lo conviertan en un dispositivo continuamente conectado a los medios y en una ventana portátil a internet.

Esto se debe en parte al momento en que surge esta innovación, comentó John Seely Brown, investigador de tecnología y ex presidente de los laboratorios Xerox en Silicon Valley.

Él describe la enorme atención avanzada que se le confiere al iPhone como parte del ingenioso intento de Jobs por crear el “contexto” para el aparato: generó anticipadamente la expectativa de que hará más fáciles las tareas difíciles.

Sin embargo, el destino del iPhone dependerá de que los clientes lo encuentren útil. Como siempre sucede con Apple, todo tiene que ver con la simplicidad. “El iPhone no tiene menús. Es el primer teléfono que no espera que usted aprenda a usarlo”, dijo Doherty.

 



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