Tokio .- En Japón, siempre varios pasos por delante en
tecnología, el keitai o teléfono móvil se ha convertido en una
extensión natural del ciudadano, que le permite desde ver la televisión
y pagar en el metro hasta recibir alertas de terremoto.
Los avances
que en otros países serían calificados como tecnología punta en Japón
están democratizados entre sus cien millones de usuarios, hasta el
punto de que vienen de serie en el teléfono más barato.
Un modelo
de la marca Sanyo que la compañía KDDI regala cuando se formaliza el
tipo de contrato más barato ofrece, además de los servicios habituales
como radio, reproductor mp3 y cámara de fotos, equipamientos como
acceso a internet, mensajería instantánea y televisión.
Su
servicio de cámara fotográfica incluye hasta una aplicación de
reconocimiento de Kanji (palabras japonesas) que despliega en la
pantalla del móvil las diversas posibles traducciones al inglés.
La
capacidad de lectura a través de la cámara tiene muchas más
aplicaciones: se puede leer el código de barras impreso en el
envoltorio de una hamburguesa u otro producto alimenticio y el keitai
proporcionará al usuario información sobre la cantidad de calorías que
está ingiriendo.
La comprensión de la terminal de móvil como
canal de información hacia el ciudadano llega al punto que las dos
principales empresas del sector, NTT DoCoMo y KDDI, han desarrollado un
servicio para alertar a los usuarios momentos antes de que se produzca
un terremoto, que entrará en vigor próximamente.
Paradójicamente,
la absoluta generalización de estos móviles, equipados con todo lo
necesario para la vida moderna en un entorno urbano y que hasta se
pueden usar para pagar en el metro y el supermercado como "monedero
electrónico" , se ha convertido en un problema para ciertas situaciones.
Algunas
compañías, temerosas del espionaje industrial facilitado por las
potentes cámaras de los keitai, han comenzado a impedir la entrada de
móviles en las reuniones con otras empresas.
Por eso algunas
firmas han comenzado a producir móviles "business model" para hombres
de negocios, cuya característica principal es que no tienen cámara.
Los
100 millones de contratos de móvil que hay en Japón han hecho además
florecer una primavera de industrias relacionadas: adornos, canciones,
gráficos, localización de hijos, fotos e incluso sonidos de alerta de
mensajes que supuestamente hacen aumentar el volumen del pecho femenino.
Este servicio, creado por el excéntrico doctor Tomabechi, es el último grito en aplicaciones de móvil.
Su
nueva invención está basada en sonidos que el cerebro de la mujer
interpreta como el llanto de un niño, por lo que de manera natural
aumenta el volumen del busto.
En Japón los keitai han sido
descritos por el experto en sociología del teléfono móvil Kenichi
Fujimoto como una "máquina de territorio" , que transportan al usuario
desde su asiento en el metro, la cola del cine o donde se encuentre a
la comodidad de un paraíso personal en el que se tiene acceso a amigos
e información.
También se han acuñado categorías sociales como el
"íntimo desconocido" , que describe relaciones cercanas a través de una
terminal inalámbrica con personas con las que no se tiene contacto
directo.
Pero, pese a ese uso masivo y a diferencia de muchos
otros países desarrollados, se mantienen las sofisticadas normas de
etiqueta, buena educación y ciudadanía japonesas.
Aun con el
tráfico de llamadas y mensajes que existe, en Japón es relativamente
infrecuente escuchar sonidos de móvil en los espacios públicos.
Los nipones consideran que hablar por el móvil en el metro es de mala educación.
Sin
embargo, los keitai son exprimidos al máximo para jugar y enviar
correos electrónicos en el transporte público, donde la estampa
habitual muestra a la mayoría de los viajeros utilizando alguno de los
servicios de su móvil.
pmm