Imaginemos por un momento que nos convertimos de pronto en un gigante y que llegamos de Egipto a Roma de un brinco.
Esta
sensación es la que viven los visitantes de la ciudad de Inwald,
Polonia, al entrar al Parque de las miniaturas, donde se exhiben
réplicas de las más famosas construcciones y monumentos del mundo.
Entre
ellas está el Big Ben de Londres, copia a escala del original, el cual
se construyó en 1854 luego de que el viejo palacio de Westminster fuera
derruido. Es uno de los relojes más grandes y más exactos del mundo y
fue diseñado por Charles Barry. Tiene un estilo gótico-victoriano y
mide, en su versión real, unos 96.3 metros de altura.
De Londres
nos podemos ir caminando a Roma, representada por su obra más
emblemática: el Coliseo Romano. Este sorprende porque aparece tal cual
y como se encuentra este histórico monumento hoy en día, con todo y
parte de su estructura deteriorada.
La construcción del también
llamado Anfiteatro Flavio comenzó bajo el mandato del emperador
Vespasiano en el año 70, continuado por su hijo Tito, quien lo
inauguraría en el año 80, aún inconcluso.
Fue terminado en el 82
por su otro hijo, Domiciano, quien añadiría el último piso y los
sótanos. Estos emperadores pertenecieron a la dinastía de los Flavios,
de ahí el nombre de Anfiteatro Flavio. Se desconoce la identidad del
arquitecto del edificio, como ocurría en general con la mayoría de las
obras romanas.
Un minimundo
Todas las
miniaturas se ubican en los jardines del parque y resisten las
inclemencias del tiempo gracias a que están hechas de fibra de vidrio.
Aparece
también la Casa Blanca con sus albos muros y columnas que la
distinguen. Los techos de esta liliputiense edificación llegan sólo
hasta las rodilllas de los espectadores.
La Casa Blanca es de
estilo renacentista neoclásico, fue ideada por George Washington y
construida en 1790. James Hoban fue el arquitecto irlandés que diseñó
la mansión presidencial de Estados Unidos.
También en el parque está la plaza de San Pedro en el Vaticano, con todo y su bóveda principal, sus remates, frisos, y molduras.
Una
de las más impresionantes en su elaboración es el Salón de los
Textileros, de Cracovia. Una singular obra con la forma de un castillo
del siglo XVI, sin duda, una de las favoritas de los espectadores.