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El principado de Careyes

Entre Puerto Vallarta y Manzanillo los sibaritas descubren la gloria. El primero en hacerlo fue un italiano adinerado a bordo de una avioneta, cuarenta años atrás
El principado de Careyes
(Foto: Especial)
El principado de CareyesEl principado de Careyes
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Gretel Zanella
El Universal

Miércoles 23 de mayo de 2007

Entre Puerto Vallarta y Manzanillo los sibaritas descubren la gloria. El primero en hacerlo fue un italiano adinerado a bordo de una avioneta, cuarenta años atrás. Fastidiado de sus negocios en Francia vendió todo y compró estas playas acantiladas de greñuda vegetación, lamidas por un mar del color del lapislázuli. El embrujo fue irreversible para Gian Franco Brignone.

Aunque el fundador de Costa Careyes diga que no le gustan los turistas, construyó uno de los desarrollos vacacionales más exclusivos del país, con hoteles, villas y casas en renta.

"El principado del Pacífico", le llamaron. Barones, lores, duques y príncipes, magnates, escritores y gente de la farándula han pasado largas temporadas o comprado alguna casa en este pedazo de la costa de Jalisco, donde llegan a desovar las tortugas de carey.

¿Por qué estas playas encantan a los seres pudientes? Porque están aisladas, semivírgenes, hay sol casi todo el año y la arquitectura del lugar —de espacios impertinentemente abiertos, con vistas desenfrenadas— es una extensión del entorno natural que hechiza aunque sea a través de una foto de revista.

La primera casa de Gian Franco Brignone fue Mi Ojo, dedicada al ojo que había perdido por una catarata. Esta versión moderna y costeña de un pequeño castillo, con obras de arte mexicano en su interior, se construyó sobre un islote en 1975. Para llegar a él hay que cruzar un delgado puente colgante de 70 metros de largo, a 27 metros de altura. La panorámica que se captura desde ahí, del choque de las olas contra las rocas, es digna de una publicación.

La residencia sirvió de locación para las fotografías que Playboy hizo de la modelo Cindy Crawford y para las que Bruce Weber tomó para la campaña publicitaria de la fragancia Obsession, de Calvin Klein.

Esculturas encumbradas

Mi Ojo y las casas que le siguieron, Brignone las soñó como esculturas encumbradas en los acantilados, y luego las vendió a sus conocidos.

Algunas de ellas son la obra del arquitecto Marco Aldaco, uno de los creadores del famoso estilo Careyes. Se identifican por su enorme palapa, sostenida por columnas de troncos de palmera abrazados por raíces de amate. El interior es casi siempre de dos niveles. No hay ventanas y sólo uno que otro muro, de líneas curvas o sutiles, pintado de colores brillantes. El resultado es una mezcla de arquitectura mexicana y mediterránea, algo influenciada por Luis Barragán.

Cada una de las residencias es un símbolo, como Sol de Oriente y Sol de Occidente, propiedades que evocan la unión y tolerancia entre el cristianismo y el islam. En ellas han dormido Giorgio Armani, Francis Ford Coppola y Silvio Berlusconi.

Brignone considera Tigre del Mar, la casa más reciente, como una extensión de su personalidad. Tiene signos de admiración e interrogación en el techo, y una rústica escalera para que el hombre la escale o "para que bajen los extraterrestres que serán recibidos con una botella de tequila".

Pasar unos días al estilo hedonista en Careyes tiene su casi inalcanzable precio. Cada noche en Casa Mi Ojo (de ocho habitaciones, mayordomo, camarera y cocinero incluidos) se tarifa en 6 mil dólares, más 17% de impuestos y 5% de cargo por servicio. Es necesario reservar cuatro noches, como mínimo. Las comidas tienen un costo adicional.

Si te interesa comprar una casita por esos rumbos, te puede costar hasta 10 millones de dólares.

En los dominios de Brignone no hay cabida para los grandes hoteles ni el turismo masivo. Esta lujuria de naturaleza y estilo de vida en el que se han encontrado 42 nacionalidades, es sólo para unos cuantos.

La Fundación Cultural Brignone se encarga de la conservación de la naturaleza, la cultura y arquitectura de la zona, rodeada por la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala. Gran parte de sus fondos es para la protección de la tortuga de carey.

Por cierto, Gian Franco Brignone, al igual que su excéntrico y multimillonario amigo, Sir James Goldsmith, propietario de una buena porción de tierra en Cuixmala (ahora convertida en un pequeño resort ultra exclusivo, visitado por estrellas de Hollywood y presidentes), donó miles de hectáreas a la reserva.

 



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