El año 2025 es la fecha que se ha fijado la Agencia Espacial Europea (ESA) para enviar la primera misión tripulada a Marte, un reto que, dado su enorme coste y complejidad, sólo se podrá llevar a cabo en colaboración con la NASA estadounidense que, por el momento, tiene otras prioridades.
"No podemos ir solos. Tiene que ser una misión global, con la participación de la NASA y de la Agencia Federal Espacial rusa" , explicó hoy a Efe Bruno Gardini, director del programa Aurora de la ESA, que se propone la exploración a largo plazo de los planetas del sistema solar para encontrar indicios de vida.
Gardini, que aseguró que este es el reto aeroespacial más complicado que afronta Europa, señaló que esta misión requeriría de una partida de entre 4 y 5 mil millones de dólares, una cantidad inasumible para la ESA, cuyo presupuesto representa sólo el diez por ciento del que dispone la agencia espacial estadounidense.
La NASA, sin embargo, no ha mostrado un especial interés por este proyecto, ya que está invirtiendo casi todos sus esfuerzos y recursos en las misiones a la Luna, y concretamente al primer vuelo tripulado que EEUU enviará al satélite después de 1969, cuando el Apolo XI colocó los primeros hombres en la superficie lunar.
Por el momento, y para preparar el camino a la presencia humana en el planeta rojo, la ESA está planificando una serie de misiones robóticas que, si se cumple el calendario previsto, podrían partir de la Tierra con destino a Marte en el año 2013 para que en 2015, cuando llegue a la superficie marciana, empiecen a buscar evidencias biológicas o sonoras de vida.
El objetivo de esta misión, denominada Exomars, será describir con más precisión el entorno biológico de Marte, lo que servirá de preparación para futuras misiones robóticas y, posteriormente, para la exploración humana.
Científicos de los 17 países que componen la ESA están trabajando actualmente en el diseño y desarrollo de la tecnología de esta misión, que requerirá de una sonda orbital para Marte y de un módulo que descienda al planeta con un vehículo todoterreno en su interior para explorar la superficie.
Esta sonda, subrayó Gardini, incorporará un novedoso perforador automático que permitirá, por primera vez, recoger muestras del suelo de entre un metro y medio y dos metros de profundidad.
"Para encontrar restos de vida hay que perforar. Si buscas en la superficie no encuentras nada, porque en las condiciones de Marte no puede sobrevivir nada" , indicó el responsable de la Agencia Espacial Europea, que, aunque reconoce que "es bastante improbable" hallar señales de vida presente en el planeta, sí confía en encontrar trazas de vida pasada.
Si esta expedición finaliza con éxito, la ESA abordaría la segunda misión del programa Aurora, el Mars Sample Return (MSR), cuya finalidad sería recoger más muestras del suelo marciano y traerlas de vuelta a la Tierra para analizar los restos, todo ello en el año 2020.
El último intento de la ESA por aterrizar en el planeta rojo se materializó en el denominado Beagle 2, que fracasó en 2003, año en que desapareció sin dejar rastro cuando se disponía a aterrizar, en la fase más crítica de todo el proceso.
Gardini sostiene que ese proyecto "se desarrolló de manera precipitada, con poco presupuesto y con un grupo de científicos que estaba poco supervisado" , cuestiones que se han superado en esta nueva etapa de la ESA.
"De la experiencia se aprende y hay cosas que no se volverán a hacer", aseguró Gardini.