A sus 86 años, Lucía Ortiz sigue a la cabeza de Tamales Coyoacán, un negocio que empezó en 1960 tras quedarse viuda y con seis hijos que mantener. Un poco antes de aventurarse, trabajaba como empleada en la empresa Clemente Jacques, donde aprendió a hacer tamales.
Poco a poco su sabor fue destacando del resto y alguien le sugirió que hiciera los tamales por su cuenta, ya que de esa forma ganaría más y podría ver a sus hijos. Renunció a su empleo y comenzó a trabajar sin capital para invertir; mas bien de su gasto diario guardaba un poco y compraba materia prima.
Primero hizo una charola y se puso a vender en la calle. Luego obtuvo un espacio en un local de flores hasta que llegó a un zaguán en la calle de Santa Escuela, en la colonia Centro de la Ciudad de México, cerca de una central camionera. Ahí el negocio comenzó a ir de maravilla.
Sus jornadas iniciaban entonces a las dos de la mañana y los tamales los preparaba en casa, pero los vecinos se quejaron y las autoridades le prohibieron tener el negocio y la vivienda, en el mismo lugar.
Pronto rentó un departamento en la calle de Bravo para usarlo como tamalería y fue en 1971 cuando adquirió una propiedad en la calle de Miguel Negrete donde estableció un local de venta de tamales.
Sus clientes entonces eran vendedores ambulantes que revendían los tamales en las esquinas. Luego pasaron de los “boteros” a hacer la venta directa a diversos comedores industriales.
Tamales Coyoacán ha ido creciendo con recursos propios y continúa siendo un negocio familiar. Hoy, Margarita Cedillo es la representante legal; su hermano, Joel, está a cargo de las compras y la producción; y Antonio, reparte los pedidos, aunque en diferentes momentos cada uno de los hijos ha tomado las riendas del negocio.
A la fecha tienen dos sucursales, una en Villa de Cortés y otra en División del Norte, aunque durante 20 años rentaron un local en el centro de Coyoacán, de ahí el nombre de la empresa.
Margarita, de 50 años, señala en entrevista con ELUNIVERSAL.com.mx que no han crecido como quisieran por ser una empresa familiar: “Todos quieren opinar y tienen diferente percepción. Mi objetivo es generar empleos, por ejemplo, yo me quedé sola con dos hijas y de aquí les he pagado la escuela y al igual que yo, algunos de nuestros empleados”.
Tienen capacidad de producción de 5 mil tamales diarios. Sus temporadas malas son las de calor, en las cuales producen entre 600 y 800 tamales diarios, mientras que en las buenas llegan a vender hasta 7 mil tamales.
Hacen tamales tradicionales envueltos en hoja de maíz. Los hay verdes con carne de cerdo, de mole con carne de cerdo, de dulce con pasas y de rajas con queso. Se encargan de todo el proceso de transformación desde que tienen el maíz en grano y dura dos días.
Toda el proceso es manual y no utilizan conservadores. El producto estrella es el tamal verde. Tienen un precio unitario de 8.50 pesos, pero cuando se trata de pedidos grandes, y hechos con anticipación mínima de cuatro días, el ciento cuesta 800 pesos.
De concederle un deseo en beneficio de la empresa, Margarita dice que le gustaría: “Tener recursos, en principio para mejorar el equipo y así estar en mejores condiciones de abarcar más mercado. A mí me encantaría vender 50 mil tamales, pero no tenemos la capacidad”.
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