Irma Rodrigo tiene 49 años, es secretaría bilingüe, amante de la lectura y madre de tres hijos. Hasta hace dos años trabajaba como asistente en el negocio de su hermano. Por aquel tiempo, su hijo Alejandro, un diseñador gráfico de 29 años, se quedó sin empleo.
Juntos buscaron la forma de hacer algo mientras le salía un trabajito a Alex. Dada su pasión literaria, pensaron en crear un negocio enfocado al tema y que a la vez no requiriera mucha inversión.
Así, en 2004 crearon PinkCloud, una microempresa dedicada al diseño y venta de separadores para libros: “Además es algo que se puede explotar, se pueden hacer muchas cosas, muchos diseños, usar mucho la creatividad”, explica Irma en entrevista con ELUNIVERSAL.com.mx.
Tiempo después, Alejandro encontró trabajo en una revista y ahora sólo se dedica a hacer los diseños de los separadores. Por el contrario, Irma está, desde hace un año, de lleno en la empresa y con la dedicación ha llegado el progreso de su negocio.
Para arrancar, invirtieron 20 mil pesos en material, impresión, suajes, material de empaque, etiquetas, accesorios. Ese capital provino de ahorros y hasta hoy “los dineros” continúan saliendo de su bolsillo.
Hoy, junto con José Luis, su pareja, se encargan de todo: comercializar, ir a las librerías, hacer el empaque, distribuir, administración, etcétera.
Para formar la empresa, estuvieron cerca de seis meses investigando materiales y haciendo diseños. Finalmente dieron con una especie de cartón que se llama polipap, el cual se puede mojar y no se dobla ni se maltrata.
Luego, una vez con 10 diseños seleccionados en mano, pensaron en ponerles algo que saliera del libro para que la gente viera en cuál parte de su lectura iba. Alejandro hizo entonces bolitas del mismo material y luego artículos diversos como estrellas, “pulseras”, motivos prehispánicos, etcétera.
La primera producción de cada diseño fue de mil separadores y en adelante mandan a imprimir conforme se van agotando.
Hoy, sus separadores se encuentran en Gandhi, librerías del Fondo de Cultura, librerías de El Sótano, En un lugar de la Mancha y con algunos pequeños clientes. En promedio venden 400 separadores al mes.
Su primer cliente fueron las librerías del Sótano y el último, librerías Gandhi: “El negocio, a la fecha, ha sido más o menos cómo había pensado. Yo pensé que iba a ser más fácil, pero no lo ha sido tanto, sí hay que trabajar mucho y es como cualquier empresa y pues se requiere mucha disciplina para tener buenos resultados”, explica Irma.
También señala que lo que les hace falta para crecer es contar con más clientes, personal que los ayude en la producción y administración. Así como capacitación en cuestiones tecnológicas.
Esperan que Pink Cloud crezca y se convierta en algo de lo que puedan vivir: “Yo creo que sí lo vamos logrando porque sí veo buenos resultados. Todavía no es muy redituable, estoy tratando de dedicarme 100% a esto porque sí lo quiero sacar”, finaliza.
Más información: 5665 0402/ pinkcloud@prodigy.net.mx