Bailes, masajes, cursos de piragua tahitiana, así como actividades de otros lugares del mundo (tai-chi, gimnasia matinal y acuática, petanca, escalada y bailes de salón) atraen a una multitud de personas en torno al río que atraviesa la capital francesa.
Una nube de gente que deja peculiares escenas, con chicas en bikini paseando junto a ejecutivos con corbata y a algún polinesio ataviado en more (falda tradicional de estas islas del Pacífico meridional) que se dirige a interpretar una otea, danza guerrera de grupo acompañada por instrumentos de percusión.
Cuatro millones en el Sena
El mayor atractivo de la iniciativa resulta, sin embargo, la sombra. En “París playas”, a primera hora de la tarde, parece que la siesta fuera un invento francés, mientras los numerosos turistas que visitan la ciudad de la luz en la época estival aprovechan las hamacas para hacer un alto en el camino.
Son algunos de los 4 millones de visitantes que el ayuntamiento de la capital francesa calcula que recibirá la playa parisina hasta su cierre el 20 de agosto.
“Hay tres categorías de usuarios: los turistas, los parisinos que no están de vacaciones y los habitantes de la región que no tienen dinero para irse de vacaciones”, explicó el concejal de Deportes, Pascal Cherki, en la inauguración anual de “París playas”, el 20 de julio pasado.
El dispositivo se extiende, como cada año, a lo largo de tres kilómetros en la margen derecha del Sena, entre el Pont des Arts, a la altura del museo del Louvre, y el Pont de Sully, junto al Instituto del Mundo Árabe.