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Unas mujeres que florecen

Las hermanas Félix se dedican a producir joyería de plata. Lo peculiar de su negocio es que montan en las piezas flores silvestres que recolectan en campos del Estado de México, Hidalgo y Morelos
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  • Paola Morales M. / ELUNIVERSAL.com.mx
    El Universal
    Jueves 20 de julio  de 2006

    08:32 La familia Félix Quiroz tiene orígenes mixteco y zapoteco. El matrimonio Félix Quiroz es originario de Oaxaca, aunque sus hijas son totalmente “chilangas”. Son Martha de 47 años y Rosa Laura de 46. La primera actuaria por la UNAM; la segunda, ingeniera biomédica por la UAM.

    Pero esta es la historia de las hermanas Félix quienes comenzaron su empresa en 2001 desde la Ciudad de México y la bautizaron como “Plata Nizarindani”. El nombre se debe a su ascendencia, pues Martha le pidió a su papá que investigara una palabra o frase melódica relacionada con sus ancestros y que tuviera que ver con las flores. Nizarindani es una palabra zapoteca y significa agua que florece.

    Como su nombre lo indica, se dedican a producir joyería de plata. Lo peculiar de su negocio es que montan en las piezas flores silvestres que recolectan en campos del Estado de México, Hidalgo y Morelos.

    Los antecedentes empiezan cuando Martha daba clases de computación y llegó el momento en que decidió independizarse e iniciar algún negocio. Como no tenía idea de qué hacer, se puso a estudiar diferentes oficios, todos los imaginables para ver por dónde entrarle. Se asoció con su hermana, quien entonces apoyaba a su esposo en la administración de su empresa, para iniciar la comercialización de ese tipo de joyería.

    Pero luego de un año, se dieron cuenta que la variedad de su proveedor era limitada y decidieron ponerse a hacer sus propias piezas con ayuda de un maestro platero que opera desde Cuernavaca, Morelos: “Vimos que había otro tipo de flores que no nos surtían, entonces nos dimos a la tarea de investigar sobre el proceso de deshidratación. Obtuvimos el proceso con ayuda de una prima que es ingeniera química.”

    Convertidas en unas expertas en deshidratación, empezaron a hacer pruebas de encapsulamiento de flores para ver si éstas no perdían su color. Una vez hechos los experimentos, decidieron utilizar saucos (la cual pintan de diversos colores), girasoles diminutos, nomeolvides y bruyères.

    Se cree que la idea original viene de Francia, pero el proceso que ellas siguen es en primer lugar pintar las bases de plata, colocar las flores y vertir resina sobre ellas para que queden encapsuladas.

    Tienen un catálogo de 70 productos de joyería clásica fabricaba en troquel totalmente a mano. Su capacidad de producción es de 3 mil piezas al mes, aunque hasta el momento venden en promedio mil piezas al mes. Distribuyen en el DF y Cuernavaca.

    Lo más vendido es un dije de trébol de cuatro hojas que cuesta 60 pesos. Lo más caro es un medallón en forma de sol, llamado Apolo, y cuesta 220 pesos; lo más barato, es un dije pequeño de troquel con un precio de 26 pesos.

    Recolectando

    Echar a andar su empresa les llevó seis meses, tiempo en que desarrollaron el proceso de deshidratación, para comenzar a vender entre sus amistades para luego recurrir a las delegaciones de la Ciudad de México, quienes las han apoyado en la comercialización por medio de bazares o ferias que organizan dichas dependencias.

    Martha, quien es casada y sin hijos, recuerda que su inversión inicial fue de 12 mil pesos que ocuparon para comprar las bases de plata, la resina y pinturas para las flores. Fue un ahorro que tenían y hace tiempo lo recuperaron.

    Además a partir de este año son beneficiarias de un microcrédito de Fondeso (Programa de Financiamiento a la Micro y Pequeña Empresa de la Ciudad de México): “Llegué ahí por accidente. A finales del años pasado estaba buscando espacios de venta y vi que había una feria que se organizaban en el Palacio de los Deportes. Al llegar a casa me metí a Internet a buscar información y encontré que la Secretaría de Desarrollo Económico del DF organizaba el evento y me dijeron que sólo los beneficiarios del algún crédito eran los que tenían acceso a estas ferias.”

    Ante tal imposición, decidieron pedir un microcrédito para ver qué tal funcionaba (pues a ambas les aterran los créditos): “Pedimos mil pesos, únicamente para estar en un programa de beneficio de las ferias”. La suma la utilizaron para comprar material y al terminarlo de pagar, les ofrecieron un segundo préstamo de cuatro mil pesos para reinvertir. Lo aceptaron.

    También han recibido apoyo de la Secretaría de Desarrollo Económico del estado de Morelos, donde las han integrado a un catálogo de oferta exportable de 100 productores de la entidad.

    Sus planes son exportar y hacerse de más distribuidores.

    Más información: 5674 8657/ rosalaura@rsistemas.com / marthafelixquiroz@hotmail.com

     

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