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| Un negocio muy mexicano Una empresaria salvó su compañía con productos chinos, pero ella insiste en que el sabor de su país de origen se conozca en Canadá
Manuel Lombera Martínez / El Universal Al terminar su carrera, Margarita Mackinnon viajó a Canadá para estudiar inglés. Ahora sólo vuelve a México para surtir su negocio. Con la licenciatura en publicidad no encontró trabajo. Entonces escogió una alternativa recurrente: autoemplearse. Pero antes se enamoró de un canadiense, así que volver a México ya no era opción, excepto para un propósito. Margarita paseó por las ferias comerciales y descubrió que los canadienses se volvían locos con los soles de barro y las macetas mexicanas. Ella no quería quedarse como ama de casa. Simplemente decidió vender lo que a la gente le gustaba. "Me fui a un bazar todos los domingos a vender todo lo que me había traído de México. Empecé con paneras que me habían regalado de bodas, soles de barro y vajillas mexicanas", relata. "Mi esposo no quería saber nada de mi negocio. Es canadiense, tuve que convencerlo de mi experimento". Y al poco tiempo lo logró. Durante un viaje a México dejó a su esposo encargado de las ventas y al volver la mercancía se había terminado. Tuvo que volver a México a comprar más artesanías. Las buscó en Metepec y en Puebla. Mientras tanto su esposo, un corredor de bolsa, le ofreció abrir un negocio propio. Su regreso con más mercancía fue muy oportuno, pues la demanda por los productos continuaba. Fue entonces cuando en 1997 decidió convertirse en mayorista y fundar Normex Imports. La cultura de ventas canadiense no utiliza intermediarios. Los comerciantes acuden a vender sus productos en las ferias. La emprendedora se abocó a abrirse un espacio en una feria que requería dos años de espera. "Fui terca. Le llamé a la organizadora casi diario hasta que me abrió un pequeño local con tal de que no la siguiera molestando". En este evento vendió casi dos contenedores, equivalentes a 60 piezas de diferentes tamaños valuadas en 380 mil pesos. A partir del éxito en su primera feria, Normex Imports siguió creciendo hasta llegar a cuatro contenedores mensuales. Pero más tarde el mercado cambió. "El gusto canadiense se alteró con la llegada de mercancía china. Los consumidores ya no apreciaban el modo mexicano. Tuve que hacer el estudio de mercado que me faltó al principio y adecuar mis productos". Adaptarse o morir. Esa fue la actitud que asumió Margarita. Habló con los artesanos en México y les solicitó "artesanías para exportar". Los colores de los soles, las macetas y las vajillas cambiaron, pues "fuera de México te recuerdan a tu país, pero a los canadienses no les gustan". Los artesanos atendieron la solicitud. Idearon la mercancía mexicana al placer de los extranjeros. La imitación que los chinos hicieron de los productos que vendía Margarita fue suficiente para dar este giro en 2000. "Los chinos vienen, toman fotos de las vajillas, las imitan y las venden más baratas. Esto me dolió porque soy mexicana, tuve que ir a China a enterarme qué ocurría. La moda del texmex en Canadá había terminado". A pesar de su nacionalismo Margarita redujo sus importaciones. Lo chino se vendía bien en Canadá. Y con dolor Margarita se puso de acuerdo con su marido para traer la mercancía "mexicana" de China. El éxito de las artesanías chinas fue tal que 80% de los productos de Normex Imports ya son asiáticos. No había alternativa, "el negocio se iba para abajo si seguía con México". Pero Margarita ya quiere dejar a los chinos para incrementar otra vez su oferta de mercancía mexicana. Y tiene argumentos. "Los canadienses ya se dieron cuenta de que lo chino no está bien hecho". Normex Imports no sólo pretende abandonar a sus proveedores chinos, sino ampliar su oferta de productos y ahora incursionar en la comida mexicana enlatada. |
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