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| Negocio inspirado en Dali Un emprendedor mexicano combina las artesanías, el tiempo y los relojes en su creciente negocio
Al observar el cuadro La persistencia de la memoria, del pintor surrealista Salvador Dalí, donde los relojes son blandos y parecen escurridizos, se le vino la idea de lo que ahora es un negocio que promete. Giles hizo un molde en plastilina, fue hasta Tlayacapan en Morelos, donde conoció al primer hornero que le hizo algunas piezas en barro. Sin embargo, al sacarlas del horno quedaban blandas y cuando las secaban al sol perdían su forma. Buscó otras opciones y por la firmeza del material, decidió utilizar la cerámica. Al empresario le costó 8 meses perfeccionar cada pieza para que fueran uniformes, pues entre horneada y horneada crecían, disminuían de tamaño o no se sostenían por si mismos en las repisas. Giles acudió al Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, para registrar el diseño del reloj, la marca Giles y el nombre Artefactus Temporis. "Artefactus significa en latín hecho con arte y Temporis, del tiempo, los productos son artefactos del tiempo, realizados con arte", explicó. En sus viajes al interior del país pidió a varios artesanos de Michoacán, Guerrero, Estado de México, Morelos y del Distrito Federal, diseños únicos, pintados en técnicas como óleo, acrílico, craquelado y acuarela. Para salir al mercado, realizaron 70 pruebas de pintura y se escogieron 6 modelos. "Casi todas las muestras han tardaron entre 10 y 12 horas por los detalles, y por las mezclas de pinturas o de técnicas para llegar al acabado final", aseguró. Precisamente por el trabajo que implica cada pieza, César comentó que entrarán al mercado, en galerías de arte y tiendas de regalos especializadas. De hecho ya venden los relojes en REPAS, una galería de arte en la Colonia del Valle. Pero más adelante su intención es ir personalmente con cada distribuidor de los productos, para que pueda explicarles cómo fueron hechos, qué técnicas se usaron, a qué corriente pertenece cada reloj para que a su vez ellos puedan explicarle a sus clientes todos los detalles que los hacen diferentes. "Queremos que la gente que los venda se conecte con el arte y tenga la paciencia de explicar adecuadamente", señaló. En total la empresa cuenta con 10 personas, dos en horneado, tres en pintura, dos más en moldeado y tres en el armado de los relojes. Tienen una capacidad de producción inicial de 500 piezas al mes, y tardan de seis a siete horas en pintar cada pieza. El costo de cada reloj es de 750 pesos. Para apoyar a los artesanos, en promedio, 25% del costo va para el artesano, aunque puede variar, dependiendo al margen de descuentos que dan a los clientes, de acuerdo con el volumen de venta de los relojes. La base corta cuesta 100 pesos y 180 las bases largas. Todas las piezas tienen un número de serie y su certificado de autenticidad. El mecanismo que utilizan es silencioso, el segundero gira de manera continua, por lo que el tic-tac no molesta al dueño. Giles tiene muchas ideas en mente, aunque todavía no se posicionan en el mercado con estos relojes, ya están desarrollando otros modelos, por ejemplo un reloj para computadora, que se coloque en la orilla del monitor y se sostenga por sí solo. |
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