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| Torre Latinoamericana, símbolo del México moderno Remodelada, con mirador, museo, tienda y cafetería nuevos y rodeada de importantes “ vecinos ” , como el Palacio de Bellas Artes, el Palacio Postal y el edificio central del Banco de México, cumple 50 años este 30 de abril
Notimex El inmueble ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, ícono del país entero, ha sido testigo de innumerables hechos históricos del país, como los desfiles militares para celebrar el inicio de la Revolución Mexicana que pasan a un costado suyo con rumbo al zócalo capitalino. Asimismo, las multitudinarias marchas celebratorias del Día del Trabajo, la de estudiantes que cada año recuerdan los hechos del 2 de octubre de 1968 y los derrumbes o afectación de edificios durante el terremoto de 1985. En las inmediaciones del inmueble, cuyo mirador fue por años el sitio idóneo para observar lo que alguna vez fue “ la región más transparente del aire ” , comerciantes ambulantes expenden las más diversas mercancías y ofrecen sus servicios los limpiaparabrisas. El inmueble de 44 pisos y 181.33 metros, fue inaugurado el 30 de abril de 1956, durante el gobierno del presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) , siete años después de iniciada su construcción, convirtiéndose en símbolo de la modernidad a la que México entraba. Sobreviviente de los terremotos de 1957 y 1985, la “ Latino ” , como la conoce la mayoría de los mexicanos, o “ La pastora de las nubes bis ” , como fue bautizada, es aún con medio siglo de existencia punto obligado de referencia para los mexicanos. Considerado de enorme importancia urbanística y arquitectónica, el edificio tiene 44 pisos, tres sótanos, una torre de televisión de 44 metros, está cubierto de cristal y aluminio con ventanas uniformes y al momento de su conclusión era el inmueble número 45 más alto del mundo. Con el tiempo fue desplazado sucesivamente en altura por el World Trade Center, antes Hotel de México, (50 pisos, 207 metros) , la torre de Petróleos Mexicanos (52 pisos, 214 metros) y la Torre Mayor (55 pisos, 225 metros). La periodista mexicana Rosa Castro la bautizó como “ La Pastora de las Nubes Bis ” , inspirada por el poeta francés Charles Baudelaire, quien llamó a la parisina Torre Eiffel “ La Pastora de las Nubes ” . El edificio en el que predominan los colores azul y plata de su ventanería, cuyo reloj sirviera por muchos años como referencia para poner a la hora el de miles de capitalinos, se localiza en la esquina que forman el Eje Lázaro Cárdenas (antes San Juan de Letrán) y la calle Madero, en el corazón de la Ciudad de México. Esta basado en un proyecto del arquitecto Manuel de la Colina, que fue modificado sustancialmente hasta su forma definitiva por su colega Augusto H. Alvarez. La construcción estuvo a cargo del ingeniero Adolfo Zeevaert, con el diseño de la estructura y la cimentación del doctor Leonardo Zeevaert. En el predio que ocupa el inmueble estuvo la casa de las Sierpes y de las Aves de la Gran Tenochtitlan, y luego el área noroeste del convento de San Francisco, desmembrado en el siglo XX. En los mil 171 metros cuadrados de terreno que ocupa la torre, se ubicaban antaño las habitaciones del Padre Provincial de la Orden Franciscana, la celda del capellán del convento, la capilla de la Segunda Estación y una de las entradas al atrio. Además de su importancia urbanística y arquitectónica, la Torre es tal vez más relevante por sus sistemas estructurales y de cimentación, dadas las difíciles condiciones del subsuelo y la gran actividad sísmica del Valle de México. La tecnología utilizada en su edificación fue la primera del tipo en el mundo y sigue siendo utilizada por todos los constructores de rascacielos para zonas de alto riesgo sísmico. Para soportar el peso total del edificio, de 24 mil 100 toneladas, se construyó una estructura rígida de acero con un peso de tres mil 200 toneladas. Cuenta con una superficie construida de 27 mil 700 metros cuadrados y tres mil 200 metros de lámina acanalada de aluminio; la instalación sanitaria por sí sola pesa 50 toneladas y existen más de cuatro mil lámparas para la iluminación. Su avanzada ingeniería permitió al inmueble mantener intacta su estructura en los terremotos del 28 de julio de 1957 y del 19 de septiembre de 1985, de 7.7 y 8.1 grados en la Escala de Ritcher, respectivamente, cuando otras construcciones de la metrópoli se colapsaron. El ingeniero Luis Cuevas Barajas, encargado de darle mantenimiento a la torre en los últimos 30 años, narra que durante el terremoto de 1985 tuvo la “ suerte ” de estar en su despacho, en el piso 25 de la “ Latino ” con su hijo Adolfo. “ El movimiento empezó lentamente, aumentando en cada momento su intensidad. Al sentir el primer movimiento me paré de mi sillón y me dirigí a la ventana sur, donde observé el movimiento de los edificios y el colapso total de varios ” de ellos, añadió en su oportunidad. Contó que en su despacho “ no se presentó ningún daño, unos cuadros movidos y algunas cosas se cayeron de las mesas y escritorios, se escuchaba que caía agua por los ductos y empezaron a bajar por las escaleras los empleados que estaban en el edificio todos habían sentido un gran movimiento, pero no había pasado nada ” . Dijo que “ después de una inspección por todo el edificio, se encontró que se habían liberado de sus apoyos dos ventanas del piso 34, un tubo de alimentación de agua se había roto y los cables de los elevadores se habían enredado”. Sin embargo, abundó, la Torre Latinoamericana “ demostró que es un excelente edificio, fue debidamente diseñado, tanto estructural como arquitectónicamente, también su construcción fue muy buena ” . El largo edificio fue construido para alojar a la compañía Latinoamericana Seguros, S.A., que ocupaba un inmueble más pequeño en la misma zona y de donde el inmueble toma su nombre popular. Recibió el premio de la Asociación Americana de Construcción e Ingeniería, por ser el “ edificio más alto que haya soportado una enorme fuerza sísmica (el terremoto de 1957) ” . La torre, que abre sus puertas todos los días con sus seis elevadores, tiene a otros importantes “ vecinos ” : el Edificio Guardiola, el Sanborns de los Azulejos, la Alameda Central, el otrora legendario restaurante Prendes -que ya cambió de nombre- y el Pasaje Savoy, que alberga un cine y varias camiserías, entre otros comercios. En fin, en su 50 aniversario, la “ Latino ” sigue de pie, más firme que un soldado de guardia y cada día más joven, pues son renovados varios de sus espacios y remozada para que con medio siglo de vida siga siempre muy campante. pmm |
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