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"No tuvimos al gobierno de nuestro lado" Icaza es el gurú mexicano de Linux, el software libre que poco a poco contagia a más usuarios en todo el mundo
Hiroshi Takahashi Uno de los mexicanos de los que más se habla en todo el mundo en materia de tecnología es Miguel de Icaza, quien eligió Beirut para descansar en sus más recientes vacaciones. Quería conocer Líbano y a uno de sus ídolos: Robert Fisk, el corresponsal de The Independent en Medio Oriente, quien, casualmente, odia las computadoras. Fisk lo recibió en su casa, comieron juntos, charlaron, bebieron y compartieron un adelanto de su nuevo libro. Miguel de Icaza regresó maravillado con la visión de este hombre sobre los conflictos humanos, se iluminó con una leyenda viviente que acumula el saber de más de 30 años en medio de las guerras que se desarrollan en ese lado del mundo. Esa es una faceta de Miguel, el mexicano que logró poner en alto el nombre de los desarrolladores de tecnología locales gracias a sus avances en Linux, el software libre que poco a poco contagia a más usuarios en todo el mundo. Las conferencias magistrales de LinuxWorld México, programadas para esta semana, anuncian que Miguel de Icaza visitará el país. Vino en julio del año pasado a la boda de unos amigos, pero se fue sin predicar para la comunidad que lo ve como un ídolo. La revista Time predijo que sería uno de los 100 innovadores del siglo XXI.
"Futura promesa", secundan los investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés). "Una ladilla", comentan por su parte los profesores del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, donde se encargaba de las computadoras que usaban, cuando tenía 16 años. Es mexicano y nació en 1972. A los 19 fue reconocido internacionalmente como uno de los jóvenes que cambiaría el mundo con su intelecto. Miguel llegó a ser tan bueno desarrollando tecnología que en 2003 vendió a Novell, por una cantidad en efectivo que todavía no se revela, la empresa que creó con su socio Nat Friedman en Boston, Ximian.
Desde esa ciudad estadounidense levanta el teléfono para charlar con EL UNIVERSAL. Se plantean las preguntas con cuidado, es parco al hablar, y queda en la memoria una cita de una de las conversaciones más recientes que sostuvimos con él, cuando dijo: "Tú escuchas todo lo que digo ahorita y seguramente estás pensando este cabrón es de línea de izquierda, no tiene mucho sentido lo que dice, lo que sugiero es que vayas y leas a Noam Chomsky, es una buena introducción a lo que pasa en América Latina, en el mundo".
—Cuando te fuiste a Novell muchos de la comunidad Linux se molestaron... —Fue una cosa media rara, éramos una compañía que hacía soft- ware libre y propietario, hacíamos una combinación de ambos. Cuando nos compró Novell... fue una reacción muy rara, pues pasamos de ser una compañía a ser parte de otra empresa. Nunca entendí por qué se molestaron... —¿Eso ya pasó? —En gran medida. —¿Qué eres ahora? —Queremos seguir promoviendo Linux como una alternativa viable de sistema operativo. En la actualidad creo que está muy bien probado, ya es una batalla más ligera, tenemos que continuar innovando, haciendo aplicaciones, creo que Linux en el servidor es una cuestión de mantener la posición, más que una postura de cambiar las cosas. —¿En el escritorio? —Es una cuestión muy interesante, desde el punto de vista de que tiene muchas más opciones, hay muchas cosas que terminar, corregir y aumentar. Faltan aplicaciones. Lo interesante es que hay un montón de retos, está por un lado la usabilidad, por otro la falta de aplicaciones, la instalación, hay varios grandes depósitos de trabajo que quedan. Un grupo trabaja en usabilidad, otro en compatibilidad, otro en arreglar... nosotros estamos en un proyecto que se llama Mono, una plataforma de desarrollo para escribir software para Linux y aportar aplicaciones que ya existen, eso es lo que mi grupo dentro de Novell hace. Darle soporte a todos los que están haciendo aplicaciones nuevas para Linux. La charla se pone de repente muy técnica, es un lenguaje para iniciados. Tratamos de darle un giro a la conversación, hacerla más terrenal, averiguar qué tan popular es la tecnología que desarrolla en México. Responde: —El problema es que yo no he ido a México... bueno, fui a una boda en julio, pero antes creo que no me he parado allí desde diciembre del 2004. Es más bien de oídas, de lo que me cuentan de los congresos. Lo que te puedo decir es que es muy impresionante la cantidad de invitaciones que recibo para dar pláticas, por lo menos una vez por semana: Quintana Roo, Sinaloa, Monterrey, Veracruz, la gente del Estado de México... para que te des una idea, el interés es muy grande. —Casi termina el sexenio, ¿quedó sepultado e-México como pronosticabas hace cinco años? —Yo creo que fue una cosa bonita de campaña, pero nunca organizaron un equipo que en realidad supiera lo que estaba haciendo, es una lástima, tenían a (José Luis) Margáin ahí pero desgraciadamente no supo ejecutar. Es una lástima, era una buena oportunidad, hubiéramos sido de los primeros en contar con una iniciativa nacional de ese tipo. Ya prácticamente estamos, por completo, fuera del mapa. Miguel de Icaza proponía un ambicioso plan de conectividad a la red y de creación de software libre en México a partir del impulso que el Vicente Fox ofrecía al principio de su mandato en materia de tecnología y educación. No le hicieron caso. Así continúa: —Me acaban de invitar a Cuba, para la primera semana de marzo, obviamente no podía ir tampoco. Están organizando una migración a software libre en el gobierno, pero Cuba no es el primero, Brasil ya empezó, España, Sudáfrica, los malayos, los coreanos, los chinos tienen iniciativas gubernamentales... hubiéramos podido estar a la vanguardia, y ahora pues más bien es el rezago. —Estamos rezagados... —Pues pudimos haber ahorrado dinero, se pudo haber hecho algo interesante. —¿Qué se podía hacer? —Hubiera sido interesante que en México se financiara el desarrollo del software. Decir: Linux no está al 100% igual que Microsoft, pero vamos a crear un instituto que se dedique a la distribución, drivers, lo que le haga falta, y le damos un montón de empleo a desarrolladores talentosístimos que hay en México, que desgraciadamente están todos enterrados haciendo... pues lo que deja, paquetitos de contabilidad, o consultoría, cosas así. Eso es triste, mis amigos programadores son unas hachas, pero no encuentran trabajo allá. Hay un montón de gente brillante que pudo haberse organizado en compañías del estado o en un instituto estatal. Pudimos haber puesto a México a la vanguardia de muchas cosas. —¿Cuál sería tu evaluación de estos cinco años de gobierno en materia tecnológica? —Desgraciadamente no se ha visto mucho, es difícil decirlo. —¿Pero qué tal el panorama? —Bueno, es difícil ir para atrás, las telecomunicaciones de cierta manera ayudan mucho, definitivamente hay más información que hace seis años, pero creo que todo eso se logró: no gracias al gobierno, sino a pesar del gobierno. Hubiéramos podido tener un impulso más grande con el gobierno de nuestro lado.
Mis amigos programadores son unas hachas, pero no encuentran trabajo allá. Hay un montón de gente brillante que pudo haberse organizado en compañías del estado o en un instituto estatal" Miguel de Icaza Vicepresidente de Desarrollo de Novell |
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