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La psicología política del caos y la guerra arancelaria

13/06/2018
03:16
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La comentocrácia, los analistas, académicos, politólogos, etc. se esfuerzan en entender al imprevisible y disruptivo Donald Trump, pero no aciertan porque utilizan raciocinios tradicionales. Su proceder no está en el ámbito de la lógica política, económica o estratégica; ni siquiera en el más elemental sentido común, sino en la subjetividad de la psicología política. En efecto, carece de una gran estrategia, actúa improvisada, instintiva y caóticamente, y vive en las alternative realities que se inventa. La contraproducente imposición de aranceles a las importaciones de acero (25%) y de aluminio (10%) es una muestra más de que confunde los intereses nacionales con los personales… Trump gana políticamente, pero su país pierde interna y externamente.

Para cumplir una promesa de campaña, mantener a flote su populismo nativista, satisfacer su enfermizo ego, complacer a los empresarios del acero y del aluminio y a los escasos 300 mil obreros metalúrgicos, perjudica a más de seis millones de trabajadores-consumidores, especialmente a los de menores ingresos, puesto que el mayor costo de esos dos insumos se trasladará al precio final de los productos que consumen: desde latas de cerveza y comestibles, hasta automóviles. La medida afectará a la industria de la construcción, la petrolera, ferrocarrilera, aeronáutica, espacial, naviera, automotriz, cervecera, etc. William Dubley, Presidente de la Reserva Federal de Nueva York, precisó: “es una manera muy cara de preservar empleos en una industria en declive.” El Secretario de la Defensa señaló que, como sólo el 3% del acero que emplea la industria militar es nacional, los costos del armamento se incrementarán. No de menor importancia, esos aranceles afectarán negativamente la cooperación militar con otras naciones.

En el plano externo y aunque explicablemente nuestro Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, declaró muy diplomáticamente que no se trata de una guerra comercial; sí lo es. Trump la inició imponiendo aranceles a las lavadoras de ropa y paneles solares, y ahora los extiende al acero y el aluminio. Ya existían para China y Rusia, y en marzo se impusieron a Brasil, Corea del Sur, Japón, Turquía, etc., quedando excluidos “socios prioritarios” como México, Canadá y la Unión Europea. Sin embargo y tras una enconada lucha entre los pragmáticos y los fanáticos del “America First”, se impuso el arrebatado e inestable presidente, quien ya había amenazado que, si no se avanzaba en la renegociación del TLCAN, gravaría a sus dos vecinos. Como considera que los asuntos de Estado son personales puesto que el gobierno es “su empresa”, el anuncio se hizo poco después de que el presidente Peña Nieto reiteró, por Twitter, que México no pagaría el muro fronterizo, y que el Primer Ministro Trudeau canceló su visita a la Casa Blanca porque se le exigió, como condición previa, que aceptará la cláusula de caducidad obligatoria de 5 años del nuevo TLCAN. En suma: en represalia, los países afectados también impondrán aranceles a las importaciones estadounidenses, desatándose una guerra comercial.

La caótica actuación de Trump está conduciendo a su país al aislamiento, a la perdida de liderazgo, a ceder espacios a sus rivales, a la guerra comercial, a la inestabilidad global, etc. Pero aún en esa locuaz tendencia aislacionista hay contradicciones: si desea replegarse del mundo ¿para que se reúne innecesaria y riesgosamente con el brutal dictador (Kim Jong-un) de un país de mucho menor rango? La explicación es sencilla: no tiene política ni estrategia, solo busca reconocimiento, fama, aplauso, alabanzas, protagonismo, un premio Nobel, etc.

¡En manos de quien está el destino de la superpotencia¡
 

Internacionalista, embajador de carrera y académico.
Walter Astié-Burgos
Estudió en la FCPyS de la UNAM y cuenta con posgrados en Londres, Bruselas y Caracas. Adscrito a misiones de México en Roma, Londres, Bruselas, embajador alterno en Washington y titular en Dinamarca...
 

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