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Sorpresas y decepciones en el tramo final

28/06/2018
05:03
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Nada es definitivo antes del 1 de julio, porque la encuesta más amplia y representativa será la que se lleve a cabo en las urnas. A través de su voto, la mayoría de los mexicanos podrá expresar su opinión con relativa libertad. Habrá presiones contra algunos votantes para inclinar la balanza a favor de uno u otro candidato; se ofrecerán “premios” subliminales a veces, y en muchas ocasiones se dará dinero en efectivo para que los electores definan el sentido de su voto. También puede darse la práctica de “secuestrar” la credencial de algunos ciudadanos a cambio de dinero o de prebendas para que el 1 julio no puedan votar. La imaginación de los mexicanos para disfrazar la compra y la coacción del voto parece infinita, pero al final se requiere de un partido que cometa el delito de comprarlo y de un ciudadano que acepte venderlo.

En muchas ocasiones estos métodos han sido eficaces, es por eso que muchas encuestas se equivocan, porque una cosa es lo que piensan los entrevistados “en el mundo ideal del deber ser” el día que los entrevistan, y otra cosa muy diferente lo que hacen en la vida real. La respuesta a la pregunta ¿por quién votaría si hoy fueran las elecciones? generalmente es libre y desinteresada; pero llegada la hora de votar la cosa cambia, mil o dos mil pesos en la mano, valen más que cientos de promesas electorales, sobre todo si tenemos toda una vida de escuchar promesas que ningún partido ha cumplido.

Sin embargo, por muchas razones las elecciones de 2018 han adquirido un tinte fundacional, que les ha dado un sentido de oportunidad para el cambio más profundo que la población puede tomar con mayor seriedad. A lo largo de la campaña electoral se han definido tendencias de opinión muy estables a favor de Andrés Manuel López Obrador, probablemente porque la oferta de este candidato goza de mayor credibilidad que los demás (Aún si se contempla el margen de votos que se podrían comprar). Jaime Rodríguez (El Bronco) quedará como un candidato independiente con una participación importante, pero probablemente menor al 5 por ciento de los votos. La competencia más cerrada se advierte entre Ricardo Anaya de la Coalición Por México al Frente y José Antonio Meade de la Coalición Todos por México, quienes compiten por el segundo lugar, dependiendo de las encuestas que rondan en torno al 20 por ciento. Pero el que se mantiene a la cabeza de las encuestas es López Obrador, a pesar de los ataques constantes de Meade, de Anaya, de los empresarios, de las “organizaciones de la sociedad civil” y otros tantos ataques anónimos. Tanto el Bronco en el nivel inferior, como AMLO en la parte superior de la escala de preferencias representan a los políticos que vienen de afuera del sistema establecido, tanto así que el voto al que convocan puede verse como un voto en contra del sistema de partidos, que, entre otras cosas han participado en los últimos seis años en el Pacto por México, para las reformas estructurales.

En este momento, la contienda más intensa es la de senadores, diputados federales, y todas las elecciones locales: de diputados, gobernadores y ayuntamientos. Es ahí, en las elecciones locales, donde se juega la supervivencia de los grandes y los pequeños partidos y también donde se definirá el tipo de sistema político que va a prevalecer en México después del 1 de julio. Es posible que en 2018 se le otorgue mayor valor al voto de lo que se ha venido dando en México desde 1997, cuando la alternancia frecuente en todos los niveles de gobierno, se convirtió en un rasgo constante de nuestra democracia, porque hoy la decepción con el sistema de gobierno es más profunda y generalizada, pero lo más importante es que hay mucha gente que apuesta a la idea de que el cambio social es posible a través de la participación de la población en las votaciones, porque en estas elecciones es viable el triunfo de una opción política que genera confianza.

 

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