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Recolectores. Van por heces y crean energía

Composcan es una empresa que recoge desechos de animales para convertirlos en energía sustentable; ganan dinero y protegen el ambiente
Composcan, empresa mexicana dedicada a recoger excremento de mascotas, busca crear abonos y energía sustentable (Fotos: IVÁN STEPHENS)
30/05/2017
03:09
ANDRÉS M. ESTRADA
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Recolectores: van por heces de mascotas

Composcan es una empresa que recoge desechos de animales para convertirlos en energía sustentable; ganan dinero y protegen el ambiente

 

A bordo de un vehículo, tres sujetos circulaban cerca de la caseta de peaje de la carretera México-Cuernavaca. Esa mañana, desde aquel punto observaron una nebulosa capa café que flotaba sobre los edificios y casas de la capital, la cual llamó su atención. Uno de ellos pregunto qué era eso, los demás comenzaron a dar sus suposiciones y “explicaciones científicas”, pero les respondió que no era nada de lo que habían dicho. “Eso es excremento de humanos y perros”, contó.

En aquel momento, a Alfredo Cuesta Godoy, un joven recién egresado de la carrera de Administración de empresas, le pareció que aquella era una respuesta muy loca del amigo de su papá, lo suficiente para recordarla.

De aquella anécdota han pasado más de 20 años y aunque no ha podido comprobar la veracidad de aquella respuesta, sabe que es un problema grave el destino que se le dan a las heces, provenientes de los más de 2 millones de perros que habitan las 16 delegaciones de la Ciudad de México.

Para ello, junto con sus socios, Eduardo Olivares Guevara, diseñador industrial, y el biólogo Fernando Leyva Hernández, crearon Composcan, una empresa con un marcado objetivo social y ecológico que busca aprovechar los desechos caninos para darles un valor agregado, como producir gas y convertirlo en energía eléctrica u obtener fertilizantes.

Es decir, buscan darle un tratamiento adecuado a los residuos y sacar así el contaminante que las heces de nuestras mascotas representan.

Inicio del proyecto

Cuando notificaron a su universidad su intención de realizar en equipo su proyecto sobre el aprovechamiento de las heces, los directivos rieron, pero les dieron luz verde para dar marcha. Así, renunciaron a las ideas de desarrollar los modelos de negocio que habían presentado en un inicio de la maestría semipresencial en medios ambientales, en la Universidad del Medio Ambiente, en el Estado de México.

En su ingreso a la institución, los tres llegaron con proyectos y metas distintas. Las ideas que tenía Olivares Guevara eran sobre el manejo de residuos. Leyva Hernández ambicionaba una comercializadora de productos ambientales y Cuesta Godoy deseaba desarrollar algún proyecto referente al agua.

Sin embargo, al final la recolección de excremento de perro los unió durante sus años de estudio de 2013 y 2014.

Esta historia comenzó cuando les dejaron una tarea de biología.

Al administrador de empresas se le complicó realizarla, así que le pidió ayuda a su compañero y biólogo, Fernando, quien le brindó el apoyo con sus conocimientos en la materia.

Ese día platicaron e intercambiaron ideas, Alfredo le dijo: “Vas a pensar que estoy loco, pero se me ocurre esto…”. Y le contó la historia del cielo cubierto con la nata de excremento en la ciudad y preguntó si el material se podía transformar y aprovechar.

El biólogo le explicó que sí. Después se unió Eduardo Olivares Guevara.

Lo primero que hicieron los tres fue investigar cuál era la cantidad de perros que había en la capital, cuánto producían de desechos fecales, cómo afectaba a nivel social y ambiental, y las repercusiones en la salud.

Después de analizar lo encontrado, se dieron cuenta de que era un problema no atendido y eso cumplía los propósitos de su maestría: buscar un problema y a partir de éste, generar una solución para después volverlo un modelo de negocio rentable.

Excremento en las calles, gran problema

El altavoz de la bocina de una camioneta resuena por las calles de la Ciudad de México, una y otra vez se repite el clásico mensaje sonoro: “Se coooompran colchones, refrigeradooores, estuuufas, lavadoooras y algo de fierro viejo que veeendan”.

Al igual, un sinnúmero de habitantes se dedican todos los días a la recolección de plástico, papel, vidrio, cartón, aluminio, pilas, tortillas duras y más materiales que la gente cree no necesitar. Aunque podría parecer que es basura, todo esto se recicla. Es un negocio.

Como ellos, los fundadores de Composcan encontraron cómo aprovechar otro tipo de desechos: las heces caninas.

En su investigación, hallaron varios problemas que se generan sobre el manejo de los excrementos. Por ejemplo, cuando se tira el residuo en una bolsa —sea en la calle o el bote—, su destino final son los tiraderos de basura e incluso se cuelan en el medio ambiente. Al pasar el tiempo, se volatilizan, se hacen polvo o se filtran en el suelo y el agua.

El otro problema era la salud, con la transmisión de la toxocariasis por medio de estos insalubres desechos, que es la infección por larvas que al entrar al cuerpo se convierten en parásitos. En los humanos pueden producir infecciones en los ojos como conjuntivitis o, incluso, ceguera. Los integrantes de Composcan recuerdan que la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) realizó diversas investigaciones en parques de la Ciudad de México y descubrió que estaban contaminados con esta larva, conviertiéndolos en una amenaza latente.

Además, producen infecciones estomacales como salmonella y problemas en las vías respiratorias e incluso al sistema cardíaco. Eduardo, Fernando y Alfredo dicen que la Secretaría de Salud (Ssa) no le atribuye oficialmente enfermedades estomacales a las heces de los perros, porque “hay resistencia del gobierno en cuanto a estos datos”.

Al igual, otro de los graves asuntos es que, aunque los dueños sean responsables y recojan los excrementos de sus perros en los parques, quedan rastros y puede que un niño llegue a jugar ahí, se arrastre, luego se rasque los ojos y se meta la bacteria.

Solución

Para los recolectores, si todos estos desechos se destinaran a un mismo lugar —como los tiraderos de basura—, se tendrían unas bombas de tiempo, porque su putrefacción natural se descompone en gas metano, que después puede ocasionar incendios.

Lo que buscan es que al momento de tirar las heces, no se mezclen con otros residuos, puesto que de éstos pueden salir varios subproductos. Uno es a través de biodigestores para producir gas, que se puede convertir en energía eléctrica o también es posible obtener fertilizantes con un composto mecánico o aparato que sirve para producir composta.

Cuando Fernando, Eduardo y Alfredo se titularon en 2015, fundaron Composcan. A partir de ahí comenzaron a darle forma a su empresa, crearon sus contenedores de desechos para venderlos, bolsas especiales biodegradables de fécula de maíz para comercializarlas e incluso cuentan con biodigestores.

En un inicio la idea de esta empresa era involucrar al gobierno, porque tiene toda la infraestructura para recoger los desechos fecales de los perros. Dicen que querían, en conjunto, mapear una zona, poner sus contenedores y realizar la recolección y separación para después suministrarlo al biodigestor.

Pensaron en esto a nivel macro, porque son procesos caros. Querían dar todo el servicio, pero hasta el momento no ha sido posible llevarlo a cabo, pues es un proceso muy largo venderle al gobierno.

El destino de los desechos caninos representa un problema ambiental para todos, porque a pesar de que hay contenedores, son a cielo abierto y sin protección adecuada.

Aunque no han tenido un acercamiento con el gobierno capitalino de Miguel Ángel Mancera para fortalecer su proyecto, parece que por otra vía podrán aplicarlo a gran escala.

Durante las elecciones de 2016 para elegir a los integrantes de la Asamblea Constitucional y en las que también se votó el presupuesto participativo para las colonias, tres o cuatro de ellos en la delegación Miguel Hidalgo pidieron contenedores. Ahí es donde entrará Composcan.

Dicen que autoridades delegacionales les hablaron para solicitar un presupuesto para adquirirlos. Según ellos, hay un acuerdo de compra, aunque nada firmado de por medio.

Sin embargo, lo que están buscando es también venderles el servicio, porque “un contenedor sin servicio no funciona”, comentan.

Afirman que ponerlos solamente quedaría en una buena intención, ya que cuando se estén derramando, un dueño que recoge los desechos no se acercaría a tirar la bolsa.

El proyecto Composcan busca no sólo beneficiar al medio ambiente. Su tarea va más allá. Si en un futuro crece, también existe la posibilidad de crear fuentes de empleo, ya que piensan contratar a personas adultas mayores o con discapacidad como parte del equipo.

Proceso y costos

Los recolectores de heces comentan que las colonias en las que se lleven a cabo los servicios que ellos buscan brindar, se verían beneficiadas con la disminución del impacto ambiental, así como del latente peligro insalubre.

Además, dicen, se genera un beneficio adicional con la instalación de un sistema de composteo, con el que el residuo se descompone y se convierte en un abono orgánico, puesto que los utilizarían en las áreas verdes aledañas. Si éstos no se quedan en la colonia, tienen una bodega adecuada en la delegación Álvaro Obregón para llevarlos, pero lo ideal es que se trate en el sitio. En cuanto a lo ético, “esto es ser un dueño responsable”, aseguran.

Sobre los costos de sus servicios, señalan que el precio de un contenedor especializado instalado es de 6 mil 500 pesos. Composcan espera que la demarcación dirigida por Xóchitl Gálvez —donde pondrían cerca de 20 contenedores— acepte y llegue a un trato para que ellos brinden el servicio total. La idea es cobrar 10 mil pesos al mes por la recolección.

Según sus cálculos, si en estas colonias se tuvieran alrededor de 80 perros, por cada uno o por cada casa, son 125 pesos al mes. Los botes tienen capacidad de 20 kilos, pero estiman recoger los residuos cada dos o tres días para que no se llenen y sigan siendo funcionales. También venden bolsas de fécula de maíz biodegradables para recoger las heces. Un rollo de 15 piezas cuesta 80 pesos; la caja con 12 rollos se vende en mil, con 600 bolsas.

Pasaron más de dos décadas de la “loca” idea de que la nube café que cubría la CDMX era excremento humano y de perros. No se ha comprobado si su teoría era cierta. Lo que sí saben es que ahora nubes grisáceas esconden los edificios de la capital, que hasta hace unos años se podían observar desde las alturas. La contaminación y miles de residuos que desconocemos nos arropan todos los días con su manto.

 

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