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Sanar las cicatrices

En Heart Ink, los tatuajes cubren las marcas mentales y físicas de quienes sobrevivieron al cáncer. Las sesiones, que rondan los 2 mil 500 pesos, son donadas a sobrevivientes de esta enfermedad
Los tatuajes tratan de cubrir por medio de pigmentos los malos recuerdos del cáncer, y así renovar la percepción de una cicatriz. (FOTOS: NADYA MURILLO. EL UNIVERSAL)
15/04/2017
02:17
ELIZABETH PALACIOS
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Ella se divierte mezclando colores, haciendo bocetos, trazando líneas. Le gusta transformar las ideas en obras de arte, pero sus lienzos son especiales. No son de tela, ni de papel, su arte queda plasmado en la piel de otras mujeres. Con 25 años de edad y apenas dos y medio de experiencia en su oficio, Andie Sweethell es una tatuadora muy solicitada, eso se nota por la cantidad de peticiones de cita que se leen en sus redes sociales, donde incluso ha tenido que publicar los pasos a seguir para conseguir una. Ahora mismo, no hay disponibles sino hasta el mes de junio.

“Desde chiquita me gustaban mucho los tatuajes. No sabía que iba a ser tatuadora, pero sabía que yo me iba a tatuar toda”. Y lo cumplió. La tinta se plasmó en su piel apenas cumplió la mayoría de edad. Ya no pudo detenerse.

El cuerpo de Andie es como un inacabado lienzo donde cada espacio puede albergar una nueva pieza artística.

Terminó la preparatoria, pero la escuela nunca fue su pasión. Cuando llegó el momento de elegir una carrera no tenía claro a qué dedicarse. Lo único que entendía es que le gustaba el arte, dibujar y pintar. Quería ser diseñadora “de lo que fuera”. Ahora diseña sobre pieles humanas: “No me acoplaba en las escuelas. Hice muchos cursos, diplomados y esas cosas, pero nunca me adapté al sistema, así que mi verdadera escuela ha sido el mundo del tatuaje”.

Además de ser de las pocas tatuadoras enfocadas en trabajar con el género femenino, esta joven artista ha sumado su talento y experiencia al proyecto del que forma parte: Heart Ink México, con el que su labor va más allá de la epidermis y busca poder curar el alma de aquellas mujeres que han sobrevivido al cáncer de mama.

“Para mí fue como un sueño hecho realidad... Desde que supe que lo hacían en Estados Unidos, dije: ¡Wow, qué bonito poder ayudar a alguien que tiene una cicatriz y que quiere cambiar la perspectiva de ésta, porque aunque siempre va a estar ahí, el tatuaje les ayuda a cambiar la perspectiva. Hacer que se vea algo muy lindo y no algo que les recuerda cosas dolorosas”.

Cuando supo que el cáncer de mama es, desde 2006, la primera causa de mortalidad por neoplasia en las mujeres mayores de 25 años, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), decidió no permanecer indiferente.

Esta enfermedad, que provoca cerca de medio millón de decesos cada año en el mundo —70% de ellos en países en desarrollo como México—, también deja muchas secuelas entre las pacientes que la sobreviven.

Para ellas, la única alternativa de vida es someterse a una mastectomía, aun cuando no siempre cuenten con los recursos económicos para aplicar a una reconstrucción de seno.

A veces, las secuelas sicológicas al enfrentar esta condición son devastadoras, incluso hay quienes no se atreven ni siquiera a volver a mirarse al espejo.

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Un lienzo especial. “Tatuar la estructura de una cicatriz es complicado porque la piel está lastimada. Hay que tratar la piel con delicadeza y elegir bien los colores que se van a usar, puesto que una piel con una cicatriz, a su vez se regenera diferente el trazo del tatuaje porque es una piel trabajada. La textura es otra. Antes de Heart Ink había tatuado cicatrices, pero nunca tan grandes. Fue una gran experiencia. Yo tatué a Geo, una chica que venía de Guadalajara, y hubo una conexión con ella desde el principio”.

Si Georgina simplemente hubiera decidido contratar los servicios de Andie para tatuar la cicatriz que tiene tras la mastectomía, tendría que haber pagado los 2 mil 500 pesos que cobra por cada sesión, además de los gastos para tras-
ladarse hasta la Ciudad de México.

“Emocionalmente, hacer el tatuaje de Geo me llenó mucho. Yo tenía como tres meses de embarazo cuando la tatué y estaba muy sensible. Siempre quise ayudar a las mujeres que han pasado por eso. De hecho, a partir de la experiencia con Heart Ink, a cualquier chica que haya sobrevivido a cualquier tipo de cáncer le cobro solamente el material de casi cualquier tatuaje que quiera. Y es que a mí me gusta tatuar a mujeres porque siento una conexión especial, pero en estos casos, ese vínculo es más fuerte porque sé que cada vez que ellas se vean al espejo, recordarán lo fuertes que han sido”, afirma.

Un trabajo como el que Andie hizo a Georgina, que podría llamarse restaurativo, implica más tiempo por parte del tatuador, puesto que “se debe cuidar al lienzo”. Por tanto, el costo puede variar según el caso: algunas cicatrices pierden sensibilidad y se pueden trabajar más rápido, mientras que, al contrario, otras se vuelven más sensibles al dolor y por ello el dibujo en la epidermis requiere varias sesiones para reducir el impacto y hacer más llevadero el dolor.

Pero en el caso de Geo, ella no tuvo que absorber estos gastos, pues justamente Heart Ink México nació para gestionar los costos derivados del transporte de aquellas mujeres que necesitaban cubrir sus marcas de batalla, además de encontrar tatuadores dispuestos a donar su arte y tiempo a esta causa.

 

La misión de Heart Ink. Yamily Villagómez trabajaba en una agencia de publicidad cuando uno de sus clientes les encargó una campaña en torno al cáncer de mama. Cuando se enfrascó en su diseño, los índices de mortalidad en México le parecieron impactantes. Ese fue el origen de Heart Ink México, un proyecto altruista que busca ayudar a las sobrevivientes de esta enfermedad. Al final, la idea es transformar aquellas cicatrices dolorosas en huellas de una lucha reivindicada a través del arte en el cuerpo.

Se propuso crear una plataforma para reunir a artistas del tatuaje como Andie Sweethell, que quisieran sumarse a esta causa. La idea la tomó de un sitio en Estados Unidos llamado P.INK, que ya había sido famoso por el trabajo que los tatuadores realizaron sobre el torso herido de las supervivientes de este padecimiento.

El proyecto ha sido financiado a través del fondeo colectivo (crowfunding). En lo que llama “la primera temporada”, fueron tatuadas nueve mujeres, cuyos gastos de traslado, diseño y elaboración del tatuaje fueron cubiertos por esta organización sin fines de lucro.

Para la siguiente temporada se pretende beneficiar a más mujeres, por lo que además del crowfunding se realizó una subasta de diversas piezas de diseño mexicano, a fin de recaudar más fondos. Todos los tatuadores fueron voluntarios. Cuando arrancó el proyecto, 150 postularon y entre ellos fueron seleccionados 35 en todo el país, por la calidad de su trabajo, su experiencia y técnica.

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Las guerreras. Una tarde cualquiera, Montserrat Hernández descubrió un bulto en su seno izquierdo mientras hacía labores domésticas. Se revisaba constantemente y jamás tuvo ningún síntoma.

Sin embargo, para cuando detectó el tumor, había crecido demasiado, y extirparlo no sería suficiente. Tenía la alternativa de evitar o postergar una mastectomía y realizar sólo la extirpación del tumor. Para ello habría tenido que optar por recibir quimio y radio terapia. Ella no quería que su familia pasara por un proceso tan doloroso y costoso, así que tomó una decisión radical y pidió que le retiraran todo el pecho afectado. Mientras se encontraba en recuperación, supo de Heart Ink, pero su cirugía estaba reciente, la herida aún dolía. No era recomendable realizar la pigmentación, pues ni siquiera había cicatrizado del todo. Sin embargo, ella quería ser parte del proyecto y por eso se puso en contacto con Yamily y decidió tatuarse en la espalda, justo del mismo lado donde tuvo que ser retirado aquel tumor.

Otra de las “guerreras” que participó en la primera temporada de Heart Ink México fue Jareny Roldán, cuyo caso también es especial. A los 19 años le fueron detectados pequeños tumores en toda la zona pectoral. En ese momento, lo primero que se pensó es que podía ser cáncer, por los antecedentes que había de la enfermedad en su familia, aunque por su edad, realmente no recibía la atención adecuada y ella lo único que podía sentir fue miedo.

Finalmente, tras muchos estudios y meses en los que la joven y su madre estuvieron pugnando porque tomaran en serio su caso, los médicos llegaron a la conclusión de que tenía fibroadenomas. Aunque la noticia las calmó en un principio, sabían que, tarde o temprano, podrían derivar en tumores cancerígenos. Por eso decidieron retirarlos, con una cirugía que dejó el cuerpo de apenas 19 años de la chica con diversas cicatrices. Fue aceptada en Heart Ink, justo porque su caso era especial y el mensaje que ella quería dar a otras mujeres es que la edad no importa para este mal: hay que revisarse y cuidarse siempre que se presente cualquier anomalía.

Aunque el primer tatuaje de Jareny lo hizo otro tatuador, tras el cambio que la tinta hizo en la personalidad y la autoestima de la chica que ahora tiene 21 años, decidió ir al estudio de Andie Sweethell y hacerse tres tatuajes más, todos relacionados con la lucha que vivió, pero sobre todo, con el proceso que pasó para volver a mirar el reflejo de su tórax al espejo con orgullo.

Estas historias han motivado a Andie Sweethell a seguir apoyando a Heart Ink México, que ahora se ha propuesto ampliar sus redes para ayudar a mujeres de todo el país, e incluso llegar a Centro y Sudamérica.

“Tal vez muchas mujeres en México aún no conocen el potencial que puede tener un tatuaje estéticamente. En muchas partes del mundo hay ayuda para cubrir cualquier tipo de cicatriz, pero aquí no se conoce tanto. Se necesita más difusión para que la gente sepa de qué se trata, los beneficios que pueden tener y ,sobre todo, que esto también es una oportunidad para que las mujeres que han sobrevivido al cáncer compartan su experiencia tras tatuarse y hacer que este movimiento se expanda”, concluye Andie, quien se siente satisfecha por haber tatuado la piel y tocado el alma de quienes han pasado por tanto dolor.

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