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Flores y globos para hijos de capos

Este tipo de altares se conocen como cenotafios, puesto que son monumentos funerarios que se colocan en el lugar donde falleció la persona, sin que ahí esté su cadáver (LUIS CORTÉS)
21/02/2016
00:34
Culiacán
Silber Meza
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Entre los cenotafios más conocidos en Culiacán está el de Édgar Guzmán López, muerto el 8 de mayo de 2008, cuando apenas tenía 22 años.

El monumento del hijo de Joaquín El Chapo Guzmán se encuentra en el estacionamiento del centro comercial City Club, sobre el Desarrollo Urbano Tres Ríos. Ocupa dos metros cuadrados y hasta finales de enero pasado tenía en sus costados cuatro árboles navideños iluminados, flores de Nochebuena y unos 30 globos de colores que le desean feliz Año Nuevo. En un pequeño espacio, usado para alojar veladoras, hay una lata de cerveza, paquetes de chicles y dulces de tamarindo.

En una placa atornillada a la cruz de cantera se lee: “Siempre los amaremos E.G.L., C.L.G., A.M.C. Mayo-2008”. Las iniciales coinciden con Édgar Guzmán López y un par de personas que también fallecieron en el mismo ataque: César Loera Guzmán y Arturo Meza Cázares, este último hijo de Blanca Margarita Cázares Salazar. Hijo y madre, ambos boletinados en diciembre de 2007 por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

Habían pasado sólo unos meses de la captura de Alfredo Beltrán Leyva, alias El Mochomo, sucedida en enero de 2008. Desde entonces empezó la escisión del cártel: por un lado se fueron El Chapo e Ismael El Mayo Zambada, por otro los hermanos Beltrán Leyva.

En esos años trascendió que la muerte de Édgar Guzmán estaba relacionada con esta detención y división del cártel, pero después se dijo que fue producto de un error interno en la organización de Guzmán Loera. Culiacán entró en pánico: los centros comerciales y restaurantes se vaciaron y abundaron rumores de estallidos de bombas.

Aunque no está en la vía pública, también se intentó retirar el cenotafio del hijo de El Chapo, recuerda el jefe del Departamento de Panteones de Culiacán, Ramón Osuna Lerma. Pero no se logró porque los familiares les pusieron trabas y les advirtieron que vigilarían cada paso para evitar que fuera retirado.

“También íbamos a quitar el de Édgar, el hijo de El Chapo Guzmán, el del City Club. [Los familiares] sí nos dieron permiso de quitarlo, nomás que querían que el monumento no lo rayáramos, que no lo golpeáramos. Teníamos que traer una máquina para romper el cemento del City Club para sacarlo con una grúa, ir envuelto, que no lo rasparan, llevarlo hasta [la sindicatura de] Jesús María, donde el muchacho está enterrado, y arreglar todo, pero era un billetón lo que iba a salir todo eso”, explica.

Después de la muerte de Édgar Guzmán se han grabado varios corridos en su recuerdo. Uno de ellos, de Enigma Norteño, dice:

 

El Moreno ya se ha ido,

ya le cortaron la vida

Culiacán paralizado,

su familia entristecida

El señor de la montaña

llora mucho su partida

(...) La mafia de Culiacán

dio el golpe equivocado

y al señor Chapo Guzmán

un gran hueco le han dejado

 

Recuerdo de una ruptura. En el centro comercial Plaza Cinépolis hay otro cenotafio, éste mucho más sencillo que el de Édgar Guzmán, construido sólo con un par de maderos en forma de cruz, junto a un poste de luz y rodeado de una estructura de metal que protege la instalación eléctrica. Es el de Rodolfo Carrillo Fuentes, conocido como El Niño de Oro o El Rodolfillo, hermano menor de Amado y Vicente Carrillo Fuentes. En el ataque ocurrido el 11 de septiembre de 2004 también falleció su esposa, Giovanna Quevedo.

“La gente le ha hecho varias maldades a esa cruz”, dice uno de los lavacoches del lugar. Así como el cenotafio del hijo de El Chapo recuerda la separación de los Beltrán Leyva del actual Cártel de Sinaloa, el de Rodolfo marca el desencuentro y rivalidad entre Guzmán Loera y la familia Carrillo Fuentes, que lidera el Cártel de Juárez. Al tiempo, esa muerte desataría una ola de terror y muerte en el país. Tras el asesinato de Rodolfo, el cantante Valentín Elizalde grabó un corrido en su honor:

(...) Ese día les tocó

la mala suerte rondaba

El día 11 de septiembre

a Rodolfo y a Giovanna

Vicente muy enojado

gritaba a los cuatro vientos

cómo quisiera encontrarlos

(...) Me bastan cinco segundos

pa’ mandarlos al infierno.

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