25 | ABR | 2019

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A los altos niveles de fluoruro y arsénico detectados en las aguas de la Cuenca Lerma-Chapala se suma la existencia de radiación "alfa" (ARCHIVO EL UNIVERSAL)

Sener: hay radiactividad en acuíferos de Guanajuato

14/12/2015
03:10
Esteban David Rodríguez
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Recibe la Cuenca Lerma-Chapala un coctel de sustancias cancerígenas

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El Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ) de la Secretaría de Energía certificó en octubre la existencia de radiación “alfa” en el agua de la ciudad de San José Iturbide, Guanajuato, 300% por encima de los límites tolerables para el consumo humano establecidos por la Norma Mexicana Número 127 en materia de salud ambiental.

Los hallazgos del ININ desbordan el coctel cancerígeno que corrompe las aguas de los acuíferos del río La Laja y la Laguna Seca, en la Cuenca Lerma-Chapala: a los 800 kilómetros cuadrados de concentraciones de fluoruro y arsénico, de los que informó este diario recientemente (1/12/2015), ahora se suma un tipo de radiactividad capaz de destruir tejidos en caso de ser ingerida, y que puede matar lenta y silenciosamente por acumulación, cosa que es inevitable en algunas rancherías de la región y zonas alejadas donde no hay plantas de tratamiento.

El informe de resultados de los análisis efectuados por el ININ, en poder de EL UNIVERSAL, es especialmente preocupante para un estado que en sólo 24 meses escaló del sitio 14 al cuarto lugar nacional en número de casos de cáncer en menores de edad.

Por si fuera poco, estudios conjuntos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) han documentado 45 decesos en Tierra Blanca —municipio aledaño a San Miguel de Allende— entre 2000 y 2010, que podrían estar relacionados con una sustancia cancerígena que se desprende de las rocas después de que la erosión las desnuda, una condición geológica sólo “similar a la de Capadocia”, en Turquía. De esos fallecimientos, 14 fueron causados por un cáncer “poco común”.

A ellos hay que sumar ocho casos de leucemia en la comunidad de La Cantera, municipio de San José Iturbide, cinco de ellos fatales, muy por arriba de la media nacional de incidencia.

El crecimiento acelerado de cáncer en Guanajuato parece la expresión más visible de una crisis sanitaria vinculada al uso y consumo de agua contaminada por arsénico, fluoruro y radiactividad, según registros y certificaciones oficiales, investigaciones académicas y testimonios recogidos entre médicos e instituciones de asistencia de la región, públicas y privadas.

Pero se atribuyen dos amenazas como consecuencia del agua contaminada: entre ocho y 11 mil casos de fluorosis dental y/o esquelética, que destroza la masa ósea, registrados en los últimos 15 años en municipios abastecidos por la llamada Cuenca de la Independencia, y el despunte de enfermedades renales, que han ubicado a Guanajuato en el quinto lugar nacional con este tipo de padecimientos.

Uno de los datos más inquietantes que señalan los habitantes y representantes populares, es el hecho de que al menos dos empresas que explotan pozos aledaños y están conectados subterráneamente al afluente radiactivo de La Cantera fabrican productos que los mexicanos se llevan a la boca: Colgate Palmolive, a unos seis kilómetros y Ferrero Rocher, a 40 metros.

Daño silencioso

El 28 de octubre de 2015, tras un mes de análisis de las muestras del pozo de agua potable que abastece a las comunidades de La Cantera, fraccionamiento La Cantera y el poblado La Huerta, de San José Iturbide, el laboratorio del ININ determinó la existencia de radiación “alfa” en el líquido, 300% por encima de los límites tolerables para el consumo humano.

Para sintetizar el potencial dañino de este tipo de radiactividad, el doctor en Geohidrología por la Universidad de Londres, Joel Carrillo Rivera, remite al famoso asesinato del espía ruso Alexander Litvinenko, quien una tarde de noviembre de 2006 se encontró con la muerte en el restaurante de un hotel de la capital británica a donde acudió a tomar un inocente té que algunos de sus colegas le prepararon con plutonio, un emisor alfa.

En entrevista, Carrillo Rivera, quien ha sido vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Hidrología Subterránea para el Desarrollo y editor asociado de la revista Hidrology journal, explica que el plutonio consumido por el espía ruso era una preparación muy concentrada.

Sin embargo, en el caso del consumo de agua, o más propiamente su inhalación, precisa, el problema es su acumulación y nulo nivel de detección. “No es tanto por la ingesta del agua, sino la inhalación de sus vapores a la hora que te estás bañando, todos los días, durante seis o 10 años, incluso menos, lo que termina siendo fatal, y lo peor es que para cuando te das cuenta no hay nada qué hacer”.

Alude a una recurrente escena: “En muchos países, el ministro de Salud lleva a su hijo pequeño a un sitio con estas condiciones y toman agua de la llave. No les va a pasar nada porque están tomando un vaso, pero si vivieran allí 30 años, vas a ver qué les pasa al décimo año”. Explica que “la radiación, el arsénico y el fluoruro provienen del mismo tipo de roca volcánica”, de modo que si se realizan las mediciones, con toda probabilidad se encontrarán muchos más pozos con las mismas condiciones de radiactividad que el de La Cantera.

Dicho en otros términos, esta radiación sólo confirma el potencial cancerígeno de la combinación de esas sustancias. “Este tipo de radiación proviene de un esquema específico de rocas como las que hay desde Jalisco hasta el norte, que viene siendo la Sierra Madre Occidental”, expone el doctor Carrillo Rivera.

Salto mortal

Entre 2005 y 2010, Guanajuato se ubicaba en el lugar número 14 en cuanto a casos de cáncer en menores de 18 años, según el Perfil epidemiológico del cáncer en niños y adolescentes en México, elaborado por el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica en 2010.

En sólo dos años pasó al cuarto lugar en esa medición, efectuada con base en datos del Seguro Popular, ubicándose detrás del Distrito Federal, Jalisco y Veracruz, y por delante de Puebla y Estado de México, entidades con densidad poblacional e infraestructura sanitaria mayores.

De modo que en 24 meses —de 2010 a 2012—, Guanajuato dio un salto mortal de 10 lugares en el tablero, según consigna el Boletín de información de cáncer en niñas (os) y adolescentes 2008-2012 (Bicna 2008-2012), emitido por la Secretaría de Salud en 2014; 19% de los pacientes desarrolló algún tipo de leucemia y 4% tumores óseos. En 46% de los casos no hay especificaciones sobre el tipo de cáncer padecido.

Académicos de la UNAM han señalado que las altas concentraciones de arsénico y fluoruro en las capas profundas del río La Laja y la Laguna Seca —como ocurre en otros acuíferos sobreexplotados— constituyen un poderoso factor cancerígeno, además de propiciar otros padecimientos graves.

Instituciones académicas foráneas también han estudiado el tema. La Universidad del Norte de Illinios, en colaboración con la asociación civil Centro de Desarrollo Agropecuario (Cedesa) y el Centro de Tecnología Aplicada y Sustentabilidad Indígena, ubicó en la región 46 pozos en estado crítico, 31 de ellos por niveles de fluoruro por encima de la norma sanitaria, y 14 con concentraciones de arsénico que desbordan límites nacionales e internacionales [el tope doméstico es más bajo].

A ese caldo de cultivo se suma un nuevo factor cancerígeno: una sustancia llamada erionita que desprenden las rocas tras la desecación, y se volatiza. Según estudios conjuntos de investigadores del Centro de Geociencias (CGeo) de la UNAM y del IMSS, esta sustancia se encuentra dispersa en el municipio de Tierra Blanca y parte de San Miguel de Allende.

El estudio, publicado el año pasado en la revista Environmental geochemical and health, indica que de 45 fallecimientos por cáncer entre 2000 y 2012 en la demarcación, 14 están ligados a la presencia de fibras de erionita en el ambiente, pues las víctimas habían desarrollado un tipo de cáncer poco común asociado a esa sustancia, llamado mesotelioma maligno, que ataca tejidos de pulmones, tórax y corazón.

Las condiciones de las rocas en la zona donde se recogieron las muestras son similares a las que prevalecen en Capadocia, Turquía, donde se desarrolla el tipo de cáncer mencionado.

Zona crítica

La Conagua ha admitido que Guanajuato es el estado “más perforado” de México, con 27 mil —casi 30%— de los 90 mil pozos de aguas subterráneas del país. Los más sobreexplotados en la entidad son aquellos que abastecen a los municipios de León, Celaya e Irapuato.

El CGeo, por su parte, ha identificado pozos con contenido de arsénico, fluoruro y distintos metales en 10 municipios: Celaya, Irapuato, León, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, San Luis de la Paz, Doctor Mora, San Diego de la Unión, Tierra Blanca y San José Iturbide. En éste último, el ININ encontró el afluente radiactivo. Algunas otras de las fuentes consultadas agregan al recuento a Salvatierra y Salamanca. En total, se señalan 12 municipios con pozos contaminados y/o sobreexplotados.

Curiosamente, seis de esos municipios presentan también indicios de mayor incidencia de cáncer, según expedientes del Albergue Jesús de Nazaret, institución de asistencia privada asentada en la capital del estado que desde hace 25 años provee de alojamiento, alimentación y transporte a personas con la enfermedad.

Según registros de la institución, de los 6 mil 902 pacientes con cáncer atendidos en 2015 —hasta el 7 de diciembre—, 910 procedían de Celaya, 428 de Salvatierra, 276 de Dolores Hidalgo, 270 de Valle de Santiago, 268 de Irapuato, 270 de Pénjamo y 474 de Acámbaro (estos dos últimos municipios no reportan contaminación). Es decir, cinco de los municipios con pozos en situación crítica aportan 2 mil 152 de los pacientes de cáncer que atiende el albergue, 31% del total.

Muerte por agua

El periodo de despunte del cáncer en Guanajuato, reportado por el Bicna 2008-2012, coincide con los fallecimientos de Jessica, Joselyn, y María Fernanda, de tres y 11 años, que padecían leucemia. Según la asociación civil Mayoye Ángeles Guerreros, surgida a raíz de la muerte de las niñas, los decesos están relacionados con el consumo de agua de ese pozo.

Vinculan a la misma razón, la muerte de dos adultos que desarrollaron leucemia y el de tres niños más actualmente en tratamiento. Son ocho casos en una población de 800 habitantes, lo que supera la norma nacional de 4.9 casos por cada 100 mil habitantes.

A principios de diciembre, autoridades municipales cerraron el pozo y se estaba abasteciendo a la población con pipas. Pero ha sido reabierto en medio del desconcierto y la desazón de la población.

El médico Arnulfo Montes de la Vega, ex alcalde de San José Iturbide, se pregunta el impacto que puede tener el agua radiactiva en los productos de las empresas que explotan sus propios pozos en la zona, conectados con el de La Cantera. Alerta sobre el impacto del líquido contaminado en los medicamentos de la farmacéutica Pfizer, en los productos de belleza y cuidado dental Colgate Palmolive y en los de Ferrero Rocher. “¡Son instalaciones que usan agua en sus productos finales, mismos que los mexicanos nos llevamos a la boca!”, señala.

Consultada sobre los señalamientos sobre la relación entre el crecimiento del cáncer y la calidad del agua en Guanajuato, la Secretaría de Salud de ese estado informó que presentará su postura al respecto en los próximos días.

Por su parte, la Secretaría de Energía declinó presentar una postura con respecto del informe del ININ. En cuanto a esta última institución, fue notificada por el reportero del contexto informativo en que sería citado su estudio.

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