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También los viene-viene tienen reino en Junta Local

Según cálculos hechos por este diario, el comercio semifijo de los alrededores de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del DF le deja al líder local más de 40 mil pesos al mes en cuotas. (LUIS CALDERÓN FERNANDO RAMÍREZ)
22/07/2015
00:35
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El reino de Carlos es una cuadra donde caben tres carros estacionados. Con ese trabajo —cuidar y manejar automóviles ajenos— ha sacado adelante a cuatro hijos con carrera profesional.

Hace 25 años se hizo a punta de suerte y puñetazos de un pedazo de espacio público afuera de la Junta de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal (JLCA), y desde entonces no ha dejado escapar ese trabajo que le genera un promedio de 200 a 300 pesos diarios.

Las calles aledañas a la JLCA, ubicada en la colonia Doctores, se dividen en 40 pequeños reinos de franeleros. “Nadie tiene más de una a dos cuadras”, explica Carlos (nombre ficticio) mientras enfatiza que son casi medio centenar de familias viviendo de esa porción de ciudad.

Desde que cambió su trabajo de comerciante por el de “viene-viene”, Carlos ha sido testigo de cómo las calles Doctor Andrade, Doctor Lavista, Doctor Pascua, Doctor Liciaga y Doctor Vértiz se han convertido en una diversa red de franeleros, sin líder ni organización.

“Todos saben qué calle es de cada quién”, comenta, mientras recuerda que sólo dos veces ha tenido que defender, hasta con los puños, su dominio sobre la esquina de la delegación Cuauhtémoc con la que ahora comercia.

El ritmo de los franeleros de la zona lo marca el horario laboral de la Junta Local. Llegan a las siete de la mañana, un poco antes de que se abra el tribunal, y terminan a las cuatro de la tarde, un poco después de que se termina el servicio en las oficinas. Sólo trabajan entre semana.

Es la una de la tarde de un miércoles y Carlos hace cuentas: ha ganado 120 pesos, le quedan máximo tres horas de trabajo, tres carros estacionados —dos automóviles y una camioneta—. “Hoy me voy con 200 pesos”, concluye mientras se acerca una patrulla con luces, baja la velocidad. Carlos y sus casi 70 años caminan, se acerca a la ventanilla, saluda, les extiende la mano a los policías, les da una “propina”.

Carlos ya no llegará con 200 pesos a su casa. Sonríe. “Hay que darles”, dice mientras explica que su “propina” es como una inversión: evita que los molesten. “Te dejan trabajar”.

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