Hospital Gonzalo Castañeda de la CDMX, en el abandono

El edificio dejó de funcionar el 9 de septiembre de 2011, luego de que Protección Civil alertara sobre un posible colapso; hoy es hogar de indigentes
En los alrededores del extinto hospital, policías auxiliares vigilan las instalaciones. A pesar de ello, vecinos acusan que el abandono en el que se encuentra genera inseguridad en la zona. (Fotos: ARIEL OJEDA)
09/07/2017
02:15
Perla Miranda
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¿Qué pachuca? —pregunta un indigente que vive en el cuarto piso del que fuera el Hospital Gonzalo Castañeda del ISSSTE. El joven está acostado sobre una cobija y otra lo cubre de pies a cabeza. No es fácil identificar qué parte de la unidad médica habita porque todas las puertas han sido quitadas y amontonadas, pero es obvio que se adueñó de esa pieza, en la cual hay una especie de altar, botellas de bebidas embriagantes vacías y dos espejos; uno muy pequeño, colocado en la entrada del cuarto, y uno más al fondo.

El Hospital Gonzalo Castañeda dejó de funcionar el 9 de septiembre de 2011, luego de que Protección Civil alertará sobre un posible colapso. En 2015 se anunció que en asociación público-privada, se demolería el predio para construir un nuevo inmueble, pero la empresa ganadora del concurso incumplió el contrato y un año después se canceló el proyecto.

Vidrios rotos, batas quirúrgicas que son usadas como sábanas o cobijas, heces fecales, botellas de bebidas embriagantes, paredes y ventanas grafiteadas, puertas tiradas y rastros de sangre es lo que EL UNIVERSAL encontró al recorrer los cinco pisos que conformaban el hospital, mismo que no tiene sellos de “clausurado” en sus entradas principales.

Policías auxiliares encargados de vigilar la zona y vecinos de Tlatelolco han denunciado que el abandono en el que se encuentran las instalaciones ha dado pie a que personas en situación de calle las habiten o que jóvenes entren y consuman bebidas alcohólicas o incluso tengan relaciones sexuales.

Ante esta situación, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) reveló en un documento a esta casa editorial que por encontrarse el inmueble en un proceso legal, el organismo no puede intervenir en la limpia del mismo.

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El documento del instituto, que está en poder de este diario, fue enviado el pasado 5 de julio y en él se explica que Preiton SAPI de CV, fue la empresa ganadora de la licitación para construir un nuevo hospital, el cual daría servicio a 350 mil personas. A esta empresa se le trasladó la posesión del predio, pero por contingencias jurídicas y al incumplimiento de los pagos para iniciar el proyecto, el ISSSTE solicitó la rescisión del contrato.

“Lo anterior, impide al instituto la intervención exigida por los vecinos del inmueble para evitar las expresiones antisociales y riesgos que se producen por el abandono y descuido del poseedor”, destaca.

En los alrededores del extinto hospital hay policías auxiliares que vigilan todos los días que no ingrese gente, no solamente para evitar que entren al lugar para consumir bebidas alcohólicas o fumar cigarros y marihuana, también por seguridad porque el inmueble puede derrumbarse en cualquier momento.

Sobre el caso con la empresa referida, en septiembre pasado, se publicó en el Diario Oficial de la Federación una circular de la Secretaría de la Función Pública (SFP) que informaba a dependencias y entidades de la administración pública federal que debían abstenerse de aceptar o celebrar contratos con la firma que había ganado la licitación para construir el hospital en un plazo de dos años con seis meses y por tres meses a Grupo IGSA, la cual está integrada en Preiton SAPI de CV.

Un mes después el titular del ISSSTE, José Reyes Baeza Terrazas, informó que por no demoler a tiempo e iniciar la construcción de la nueva unidad médica, el instituto canceló el contrato e impuso una multa de 46 millones de pesos más IVA y una fianza de 150 millones de pesos a Preiton y a Grupo IGSA.

También se dio a conocer que el organismo pretendía conseguir una alternativa y un acuerdo con el gobierno de la Ciudad de México, a fin de buscar una nueva sede para el proyecto. “Podemos construir en un lugar diferente, cercano al terreno, para no sacarlo del sector que debemos atender”, subrayó.

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Inseguridad

“La situación que se vive en ese inmueble es peligrosa porque [alguno de los que ahí pernoctan] puede jalar a una cha   va y abusar de ella y nadie se daría cuenta. También es fácil que se metan a tomar y fumar, o que entren chavos de la calle para vivir ahí. Los vecinos se quejan porque es un lugar muy sucio, huele feo y además puede funcionar como escondite para los amantes de lo ajeno”, dijo la oficial M. Hernández quien hacía un rondín por la calle de Lerdo.

Victoria González ha sido habitante de Tlatelolco por más de 50 años y una de las 75 mil derechohabientes que el Gonzalo Castañeda recibía al año antes de que fuera desahuciado, ahora la mujer de 67 años debe trasladarse a la colonia Doctores para recibir atención.

“Es bien triste pasar por aquí y ver cómo dejaron el hospital, sí tenía sus fallas, después del terremoto de 1985 había paredes cuarteadas y en temporada de lluvias había goteras, pero no era para que de plano dejara de funcionar.

“Me costó mucho adaptarme a la clínica de Indianilla, primero es el traslado, aunque no es tan lejos, pues no es lo mismo que sólo bajar de mi casa y llegar a tomar transporte. Otra cosa es lo sucio que está el lugar, huele a orines, a popó, da miedo pasar por aquí”, relató.

Este hospital contaba con 104 camas censables y 80 en tránsito en zonas como Urgencias, Terapia Intensiva y Recuperación. Atendía a más de 70 mil derechohabientes y brindaba 25 mil consultas de urgencias al año.

A un costado del Gonzalo Castañeda se encuentra el Hospital General de Zona número 27, que pertenece al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que sí está en operaciones.

Ahí, personal y pacientes se preocupan por el riesgo de que fauna nociva se desplace a la clínica del IMSS y afecte a los pacientes.

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“Del lado donde están las camas de los enfermos se puede ver el inmueble del ISSSTE y la gente se preocupa porque en la noche se escuchan los chillidos de las ratas. Hay jóvenes que rompen botellas o ventanas y resaltan que siempre está la incertidumbre de que se vayan a brincar para acá”, contó una enfermera de la unidad, quien prefirió omitir su nombre.

Enrique Hidalgo tiene internada a su mamá en ese lugar: “Tengo un pase de 24 horas y el primer día que estuvimos aquí me salí como a las nueve de la noche, me pidieron unas cosas para bañarla y me fui al supermercado que está en la esquina, cuando iba caminando vi a varias ratas, pero esas no me dieron miedo, sino las de dos patas que me pidieron para el chesco o si no me quitaban lo que trajera, les di unos 20 pesos y camine. Estos cuates se metieron al hospital abandonado y no había policías cerca”.

Al respecto el IMSS mencionó que las medidas administrativas y sanitarias en el HGZ 27 del IMSS son exhaustivas, auditadas y revisadas por personal del instituto y de la empresa contratada para hacer trabajos de fumigación.

Señaló: “En los últimos 12 meses no se ha reportado ningún caso derivado de algún foco infeccioso o de fauna nociva en las instalaciones del hospital. Personal capacitado realiza trabajos exhaustivos de limpieza de las áreas interiores contando con evidencia documental, además de las rutinas diarias de limpieza en todas las áreas, incluyendo la exterior”.

El instituto declaró que también se han realizado peticiones sobre el inmueble contiguo a la delegación Cuauhtémoc, sin que hasta el momento se hayan tomado acciones por parte de la autoridad de la Ciudad de México para este efecto.

Los policías auxiliares que rondan la zona aseguraron que deben sacar a todas las personas que estén en el hospital, pero EL UNIVERSAL constató que en uno de los pisos había un indigente acostado y al escuchar a personas ajenas a su hogar sólo pidió: “Dejen dormir”.

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