Líder de transportistas, funcionario y padre amoroso

Tras la separación, Fernando se decidió a cuidar su organización y, sobre todo, a sus hijos
Fernando narra sus experiencias como padre soltero y dirige una mirada de amor a su hijo Víctor, ingeniero en sistemas, quien lo acompañó en la entrevista. FOTO: IRVIN OLIVARES. EL UNIVERSAL
18/06/2017
02:18
Alejandra Canchola
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Fernando Coronel se separó de su esposa a los 11 años de haberse casado, cuando eso pasó ella tenía 18 años y él 20.

Personas cercanas pensaron que su unión se debía a la espera de un bebé, pero su primera hija, Mariel, llegó un año después y Víctor, el pequeño, al cabo de cuatro años.

“El nacimiento de Mariel fue una de las experiencias más maravillosas, al momento que tuve a Pollito, porque así le digo, en mis brazos fui el joven más feliz del mundo. Nos casamos por amor”, señala Fernando, al compartir su historia con EL UNIVERSAL.

Tras la separación, Fernando, quien era transportista en el Estado de México, vio la oportunidad para dedicar su tiempo libre al crecimiento dentro de la organización a la que pertenecía, hasta llegar a ser líder de transportistas y formar su propia organización.

“Fue una experiencia muy amarga porque fue ella quien tomó la decisión, es una mujer que cuando toma decisiones, son decisiones muy firmes. De principio los niños se quedaron viviendo con ella, pero en la búsqueda de su desarrollo profesional ella entró a trabajar y se complicaron las cosas”, recuerda.

Ambos pasaban por el proceso de vivir solos. Fernando, además de regresar a la vida de soltero, tenía nuevos compromisos con políticos, autoridades de gobierno y los transportistas a quienes representaba. “Y me hablaban, [los niños] que estaban solos y me quedaba con ellos hasta que llegaba su mamá”.

Por la diferencia de tiempo para estar con sus hijos y las necesidades que ellos presentaban en su crecimiento, Fernando y su ex esposa determinaron que él se quedaría a su cuidado. “Yo tenía una vida muy desordenada, de soltero, me costó mucho trabajo asimilar la nueva situación”.

Fernando recuerda los nervios de no saber cómo actuar en algunos asuntos, sobre todo, que implicaban a su hija Mariel. “Asuntos de mujeres. La verdad es que ningún hombre está preparado para eso y sí me espanté”, comenta entre risas.

A Mariel Coronel la experiencia de vivir con su padre le abrió el panorama en lo que fue el camino a su vida adulta. “Entendí que tanto hombres como mujeres pueden llegar a amar intensamente a sus hijos. Él me cocinaba, me escuchaba, claro que sus consejos eran más fríos, pero tenían la misma cantidad de amor que los de mamá”, compartió.

Fernando da la pinta de lo que es, un funcionario público, un hombre acostumbrado a hablar lo mismo con la prensa que con un gobernador y con un trabajador del transporte público. Sus experiencias las cuenta entre risas, con palabras comunes, y de vez en vez dirige una mirada de amor a su hijo Víctor, ingeniero en sistemas, quien le acompaña en la entrevista.

La vida de los años posteriores no fue diferente a la de otros padres y madres que han sacado adelante a sus hijos; debía tener la despensa surtida, cada tarde, preguntar si ya habían hecho la tarea. Pero Fernando podía estar un día entero encabezando un bloqueo en Periférico Norte y esa misma noche llegar a preparar una cena diferente para cada niño.

Las experiencias como viajar solos los tres en carretera, ir al cine cada domingo y conocer de memoria a los personajes de las películas infantiles cambiaron por las preocupaciones de la adolescencia, esperar a Víctor hasta las tres de la mañana, estar pendiente de las salidas de Mariel con su primer novio, afrontar la decisión de regresar a vivir con su madre.

“Como hombre, aprendí a no sentir vergüenza por decir que me esforcé por ellos, que rechacé salidas con mujeres por quedarme en casa con ellos, que tuve que lavarles, plancharles y que llegué a llevar al trabajo un estuche que ellos me hicieron con sus manos, porque para mí era un estuche de oro”, narra.

 

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