“Murió mi madre y mi tía; dejé de fumar”

31/05/2017
02:31
Perla Miranda y Tasneen Hernández
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Gonzalo Pineda García siempre vio el acto de fumar como algo cotidiano. Desde niño, era común ver a los artistas en la televisión con cigarro en mano, desde que tuvo conciencia, vio a su padre fumar antes de dormir, situación que provocó que el colchón en que descansaba se incendiara.

Pese a esta imagen, Gonzalo fumó su primer cigarro a los 16 años, pasó tres décadas con el vicio, pero las muertes​ de su mamá y una tía por cáncer, provocaron que él dejara de fumar.

“A mis 16 supuse que aprender a fumar era uno de los actos que marcaba la ansiada entrada al mundo de los adultos. Fumé mi primer cigarro acompañado de una intensa tos al darle ‘el toque’, un horrible sabor amargo en la boca y la sensación de náusea que muy rápido fui dominando”.

Entonces, Gonzalo estudiaba la preparatoria en Guadalajara, pero sus padres vivían en Michoacán, lo que le dio la oportunidad de fumar en total libertad. “En las temporadas de vacaciones mientras ayudaba a mi familia con algunas tareas que me encomendaban me daba mis escapadas para fumarme un cigarro, situación que no fue ajena al olfato de mi padre, quien al principio trató de sermonearme para quedar al final con un 'no lo hagas enfrente de mí’ a sabiendas de que el ejemplo arrastra”.

En ese tiempo fumaba entre seis y ocho cigarros al día, cuando cumplió la mayoría de edad pudo hacerlo sin esconderse, cualquier motivo era bueno para llevarse el cigarro a la boca.

“Fumaba en la sobremesa, cuando estaba nervioso o estresado, cuando estaba feliz y cuando estaba triste. Fumaba para estudiar, ya que me ayudaba a concentrarme, o al menos eso creía. Fumaba dos o tres cigarros en la cama antes de dormir porque sentía que me ayudaba a conciliar el sueño. Las fiestas, las reuniones de amigos o de trabajo, también eran idóneas para fumarme un cigarro. En tres ocasiones intenté seriamente deshacerme del hábito y demostrarme que yo podía más que el vicio. Nunca le gané”. Para dejar de fumar, Gonzalo intentó con parches y chicles de nicotina, sin éxito. Fue hasta febrero de 2012 que su madre mostró signos de anemia producida por hemorragias internas del tubo digestivo, ella tenía cáncer de estómago y a finales de abril falleció por complicaciones de la operación para extirpar el cáncer que había hecho metástasis.

Tiempo después, su tía Estela falleció también de cáncer, situación que preocupó a Gonzalo, quien además comenzó a notar que le costaba trabajo respirar y cuando se acostaba escuchaba un gorgoteo desde su pulmón.

“Me asusté mucho y tomé la decisión de deshacerme de una vez y para siempre de ese nefasto hábito. La primera semana fue una pesadilla, sobre todo, al estar acostado y dispuesto a dormir ya que fumar era lo que se suponía que me permitía conciliar el sueño porque padecía de insomnio”.

Relató que hubo ocasiones en las que con las llaves del coche en la mano se contuvo de ir a la tienda a comprar una cajetilla de cigarros a las tres de la mañana. “La segunda semana dormí un poco mejor, pero fue difícil”.

Con el tiempo, Gonzalo pudo disfrutar del sabor y olor de la comida, su cabello, piel y uñas dejaron de oler a cigarro y su resistencia para hacer ejercicio incrementó.

“También desapareció el sonidito que hacían mis pulmones al recostarme. El olor del cigarro no lo tolero, me produce náuseas. Hoy son 4 años, 9 meses y 17 días sin fumar y puedo decir que de las muchas decisiones trascendentales que he tomado, esta es una de las mejores”, dijo.

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