Ciencias. Profesores deben enseñar sin aburrir

Tres estudiantes de secundaria visitarán la NASA gracias a su pasión científica
Con tres monólogos sobre la bioquímica, la genética y la física, temas que les apasionan, Jessica Morales Aguilar, de 14 años; Irazú Alamillo Dávila, de 16, y Juan Esteban Reyes Moreno, de 15, compitieron con otros estudiantes capitalinos (CORTESÍA)
17/03/2017
02:14
Teresa Moreno
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La inspiración de sus profesores, el amor por la ciencia y sus ganas de cambiar al mundo llevarán a tres adolescentes mexicanos estudiantes de escuelas secundarias de la Ciudad de México a conocer la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés).

Ellos son Jessica Morales Aguilar, de 14 años; Irazú Alamillo Dávila, de 16, y Juan Esteban Reyes Moreno, de 15, estudiantes de secundaria ganadores de un viaje a las instalaciones de la NASA en Silicon Valley (conocido como Valle de Silicio), en California, quienes piden que se cambien los métodos de enseñanza de las ciencias duras para fomentar el interés de los adolescentes en estas materias.

En entrevista, los jóvenes explican que fueron sus profesores quienes los inspiraron y los ayudaron a encaminar su curiosidad y su apetito hacia la ciencia. Reconocen que éstas pueden llegar a ser materias difíciles si no se comprende su sentido e importancia.

“El problema es que no le encontramos un fin práctico para las matemáticas, que no las hacemos llamativas y sólo escuchamos al profesor repetir el procedimiento frente a toda la clase. Las matemáticas deberían enseñarse de manera sencilla desde la primaria”, opina Juan Esteban.

Él estudia el segundo grado en la Escuela Secundaria Técnica 99, localizada en la delegación Gustavo A. Madero en la Ciudad de México.

Sus materias favoritas son las relacionadas con Matemáticas y Física, y si bien aún no ha decidido qué le gustaría estudiar, puesto que se debate entre Medicina y Física, platica que este viaje a la NASA —el cual se llevará a cabo en julio próximo— lo ayudará a definir sus objetivos.

Su sueño, platica en entrevista con EL UNIVERSAL, es “hacer algo” para mejorar su entorno y el mundo entero.

“Mis maestros de ciencias han sido maravillosos, gracias a ellos es que he aprendido que la palabra imposible jamás debe existir en nuestro vocabulario. Quiero cambiar a México, quiero hacer algo que sea en pro de la humanidad, ayudar a las personas y beneficiar al mundo”, dice Juan Esteban.

“Ir a la NASA va a ser una experiencia increíble que va a cambiar mi vida”, agrega.

Irazú tiene 16 años y estudia en la Escuela Secundaria 332 Bicentenario de la Independencia, en la delegación Álvaro Obregón, y relata que hasta antes de comenzar a interesarse por la ciencia, su sueño era convertirse en actriz.

Aún es su sueño, pero el deseo de especializarse en el estudio de la Citogenética va adelantando posiciones en su perspectiva de vida. En estos momentos, su materia favorita es química, afirma.

La curiosidad por la ciencia se le despertó cuando comenzó a observar fotografías antiguas y gracias a ella se dio cuenta de lo mucho que se parece a su abuelita, puesto que sus papás tienen el cabello lacio, y el de ella es rizado como el de la mamá de su papá.

Explica que nunca esperó ganarse el viaje y que incluso pensó que de no conseguirlo, habría valido la pena el intento, por eso, cuando recibió la noticia de que sí se iba, lloró de la emoción.

Platica que a raíz de preguntarse cómo es que esto puede ser posible, comenzó a investigar en internet hasta que encontró la biografía de Barbara McClintock, ganadora del Premio Nobel de Medicina en 1983.

“Me impresionó bastante, porque me di cuenta de que así como los hombres han hecho grandes descubrimientos, las mujeres también pueden. En nuestro país hay mucho talento de hombres y mujeres, creo que todos tenemos la habilidad de hacer algo para cambiar el mundo”, detalla en entrevista.

“La ciencia no es complicada, la gente la hace complicada, creo que para aprender ciencias hace falta que tengas un pensamiento positivo, pero también se necesita que las clases sean más interactivas, que los maestros motiven más a sus alumnos”, platica a EL UNIVERSAL.

Jessica, de 14 años, estudia primer grado en la Escuela Secundaria Técnica 83, en la delegación Iztacalco y sus amigos le dicen Jess. Su materia favorita es física, la cual le apasiona porque esta ciencia permite dar “una explicación a todos los fenómenos del Universo”, aunque también le gusta mucho español, leer poesía y escribir ensayos. Su sueño es convertirse en guionista de cine, pero el acercamiento que ha tenido con las ciencias duras le ha cambiado la perspectiva.

“Estoy confundida porque me gusta mucho español y quería ser guionista, pero ahora creo que me gustaría estudiar algo relacionado con físico-matemáticas. En un principio se me hacían difíciles estas materias, sientes que te bloqueas cuando te hablan de ciencias, pero lo primero es eliminar el estereotipo de que las ciencias son difíciles”, recomendó.

“Mis maestros son muy entregados y te motivan y te transmiten ese amor por la ciencia. Yo creo que es necesario relacionar la ciencia con tu entorno y posteriormente ir avanzando. Yo no había visto la física como tal hasta que me tocaron clases con el profesor Sergio, quien me dio mucha inspiración, motivación y curiosidad”, platica.

Estos tres estudiantes describieron su amor por la ciencia y los temas que más les apasionan: la bioquímica, la genética y la física, en tres monólogos que compitieron con otros estudiantes de la Ciudad de México.

Para participar en el concurso LocosXCiencia, de la Fundación Telefónica, los jóvenes tenían que escribir un monólogo en el cual desarrollaran un tema relacionado con la ciencia: Jessica, que en ese momento se sentía enamorada, quiso comprender las reacciones químicas que generaba ese sentimiento en su cuerpo, así que investigó sobre “El amor [bioquímicamente hablando]”; Irazú se preguntaba cómo es que se parece tanto a su abuelita y trató el tema en “Receta familiar”, mientras que Juan Esteban buscaba comprender el origen de las cosas a través del monólogo “La imagen del infinito”.

 

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