Clima altera ruta de la ballena gris: expertos

Prevén un reacomodo en 50 o hasta 60 años, por lo que los cetáceos no irán a la Laguna de San Ignacio, esto también preocupa a las comunidades que dependen del avistamiento
Jorge Urbán Ramírez comentó que está aumentando la temperatura del agua marina y eso conlleva cambios en la migración de las especies (FOTOS: GERMÁN GARCÍA. EL UNIVERSAL)
06/02/2017
02:00
Astrid Rivera
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San Ignacio, BCS

En 50 años podría presentarse un reacomodo en las rutas que realiza la ballena gris, debido al cambio climático, lo que preocupa debido a que comunidades como las que habitan cerca de la Laguna de San Ignacio, en Baja California Sur, se dedican al avistamiento de esta especie, advirtieron especialistas.

Jorge Urbán Ramírez, investigador de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, explicó a EL UNIVERSAL que paralelo a los fenómenos oceanográficos de El Niño y La Niña, que generan una variación en las temperaturas del agua marina que hace que de manera cíclica cada tres o cuatro años haya mayor o menor presencia de la ballena gris en la Laguna de San Ignacio, se encuentran los efectos del cambio climático mediante los cuales en un lapso de 50 o 60 años harían que esta especie de cetáceos dejaran de venir a este refugio, que forma parte de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno.

“Está la cuestión del cambio climático. Aquí lo que sucede es que está aumentando la temperatura del agua marina y esto trae como consecuencia que a las especies que gustan de las aguas que van de templadas a frías, cuando se calientan, se quedan más al norte donde están más frías, y las especies que les gustan tropicales pueden viajar más lejos porque esas les gustan.

“Lo que esperamos con el cambio climático es un reacomodo en la distribución de las diferentes especies y dentro de este reacomodo es que las ballens gris se va a mover al norte, porque va a ser donde encuentra las aguas a la temperatura apropiada para su reproducción cuando tiene aguas frías”, subrayó.

Alertó que debido a esta situación la Laguna de San Ignacio, de manera paulatina dejaría de ser un sitio para el avistamiento de los cetáceos.

“Es algo que no voy a ver, esperamos cambios graduales que vamos a ver en unos 50, 60 o más años. Hay diferentes proyecciones sobre qué tan rápido va a suceder pero estamos hablando de décadas”, declaró.

Comentó que al haber variaciones en la temperatura del agua marina, podrían venir a este refugio ballenas de otras especies como la jorobada, a la que le gustan climas más tropicales, con temperaturas que oscilan entre los 22 y 24 grados centígrados, mientras que las grises prefieren las aguas entre los 17 y los 19 grados.

“Podría ser un lugar donde lleguen menos o definitivamente que no lleguen, o que arriben de otras especies que les gustan más las aguas tropicales, como las jorobadas, y que al ser aguas más calientes, tal vez les gusten y haya otra distribución”.

Georgina Saad, coordinadora de Especies Marinas Prioritarias del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), comentó que las variaciones por el desplazamiento de las ballenas por los efectos del cambio preocupan mucho a los científicos por las comunidades que dependen económicamente del avistamiento de ballenas, como es la zona de la Laguna de San Ignacio. Ahí se encuentran 12 campamentos dedicados a esta actividad.

“Esto nos preocupa, porque hay comunidades que dependen del avistamiento de ballenas, conforme van pasando los años a largo plazo podría verse un desplazamiento más al norte en las ballenas por el calentamiento de las aguas, este año es más frío y vienen más al sur, pero en el caso del calentamiento global las ballenas tienden a quedarse más hacia el norte donde las aguas son más frías”, destacó.

La especialista comentó que la ballena gris es una especie “muy amistosa”, porque se acerca a donde van los turistas. “Se deja acariciar, incluso parece que posa para la foto, por eso es muy importante que todos contribuyamos para detener los efectos del cambio climático, disminuyendo las emisiones de dióxido de carbono, para tratar de evitar los efectos de este fenómeno”.

Antonio Aguilar Osuna es dueño de uno de los 12 campamentos que están en la laguna de San Ignacio y que se dedican al avistamiento de ballenas. Desde 1980 comenzó a llevase turistas para que pudieran observar a las ballenas que viajan cada año de 8 mil a 10 mil kilómetros desde Alaska a las costas de Baja California Sur. Sus tres hijos y su esposa atienden su negocio denominado Antonio's Ecotours.

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