Daniel vivió “una pesadilla en Letonia”

Para Daniel Reyes fue una “pesadilla” de 52 días la que vivió en Letonia. Fue a estudiar, pero un conflicto con su casero lo llevó a prisión. Logró enfrentar el juicio en libertad y está en espera de sentencia
Daniel Reyes, de 23 años, explicó que las autoridades de Letonia actuaron con engaños para detenerlo, violaron sus derechos consulares y además lo señalaron como un peligro para la sociedad. (JORGE SERRATOS. EL UNIVERSAL)
19/02/2017
02:50
Ariadna García
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Tras haber permanecido detenido en Riga, Letonia, durante 52 días, Daniel Reyes Lesperance va a regresar en abril próximo a continuar con su defensa. A demostrar, dijo, que es inocente de los cargos que pesan sobre él.

Regresó a México el pasado lunes 13 de febrero. El viernes 10 de febrero pudo salir de la prisión en Letonia, tras vivir lo que él refiere como una “pesadilla” de 52 días.

El joven estudiante de Ingeniería Mecánica Eléctrica fue acusado de robo y agresión física, por parte de la persona que le rentó el departamento en el que viviría, para pasar su estancia académica.

Estudiante del Tecnológico de Monterrey, Daniel Reyes aprovechó la oportunidad que la institución académica da a los alumnos de estudiar un año en el extranjero.

En 2015, relató a EL UNIVERSAL, pasó una temporada en Australia en intercambio estudiantil. Y para su nuevo proyecto académico eligió Letonia.

Sin embargo, las cosas no salieron como esperaba.

A decir de él, las autoridades de aquél país europeo actuaron con engaños para detenerlo, violaron sus derechos consulares establecidos en la Convención de Viena y además lo señalaron como un peligro para la sociedad.

El 24 de agosto de 2016 llegó a Riga, Letonia; se hospedó por unos seis días en un hostal en tanto encontró un departamento para rentar.

“Con el dueño del departamento fue todo el problema. Yo viví un mes en el inmueble a pesar de que pagué dos meses. Viví todo septiembre y tenía pagado octubre. No viví ahí en octubre, no tenía ningún contrato forzoso para seguir viviendo ahí y le dije a la persona [el casero] que no estaba contento con el lugar, tanto por higiene como por seguridad”, relató.

El joven estudiante de 23 años buscó llegar a un acuerdo con el casero, pero describió que éste fue intolerante y quería más dinero, hecho que no aceptó y por lo tanto el mexicano abandonó el lugar.

Tras días de acoso, en diciembre el casero interpuso una denuncia.

“El casero dijo que otros estudiantes y yo le habíamos robado y que lo habíamos agredido brutalmente, que le habíamos robado la tarjeta de crédito e intentado usar en un cajero automático”, agregó.

“La pesadilla”, describe Daniel, comenzó el 22 de diciembre al momento en que policías llegaron a buscarlo a su nuevo departamento.

“Policías llegaron a decirme que iban a hacer un par de preguntas y que iba a estar libre en menos de dos horas, que sólo tenían preguntas que hacerme”, añadió.

Pero al llegar a la estación de policía, comentó, no le hicieron ninguna pregunta; no avisaron a la autoridad diplomática de México correspondiente y no existía una sola prueba del supuesto robo y agresión física en contra de una persona.

Daniel Reyes recordó que fue su novia quien avisó al cónsul honorario de México en Letonia, Carlos Arredondo, quien se comunicó —entonces— a la estación de policía.

“Pero le mintieron, le dijeron que ya me habían llevado a otro lugar. Allá los detienen y si en 48 horas no prueban la culpabilidad, los dejan libres y a mí a fuerza me querían tener más de 48 horas”, indicó.

 

El viaje. El estudiante narró que la autoridad letona buscó alguna evidencia de culpabilidad y encontraron un pasaje de avión para el 23 de diciembre, fecha en que volaría a Alemania para encontrarse con su familia.

Ese boleto de avión, añadió, fue el pretexto para decir que pretendía escapar del país.

Daniel Reyes mencionó que la autoridad señaló desconocer el pasado del mexicano. Antes de que se cumplieran las 48 horas se le llevó ante una corte y se determinó darle prisión para evitar su aparente fuga.

“Dijeron que podía ponerme en contacto con mis cómplices, que yo era un peligro”, mencionó.

Visiblemente sereno, Daniel destacó que en el proceso se detectaron varias irregularidades: lo llevaron a la estación de policía sin decirle exactamente por qué; no le pusieron un traductor inmediato y no le permitieron hacer la llamada correspondiente bajo el argumento del horario.

La familia de Daniel se movilizó tan pronto como pudo y contrató un abogado en Letonia. El cónsul mexicano pudo ver al joven hasta el día en que fue llevado a la Corte.

Trataron de contactar al casero para arreglar el asunto, pero la misma policía letona lo impidió.

“Yo nunca había vivido algo así. Se demostró que no tengo antecedentes penales, hubo cartas de recomendación de la escuela, del club deportivo en donde estoy.

“Lo más impactante es cuando el juez me mandó a la cárcel. El peor momento fue saber que iba a parar a la cárcel”, manifestó.

La embajada de México en Suecia es la representación encargada de ver por los asuntos en Letonia y se ocupó de llevar el caso de Daniel, a través de la encargada de negocios, Audrey Rivera.

Ya preso, Daniel contó que tuvo que entender el momento que estaba viviendo y adaptarse. Entender que la gente en el lugar tiene su rutina y no se les puede molestar.

Recibió dos visitas al mes, tanto de su familia como de las autoridades mexicanas y la representación legal.

Se le dictó una nueva audiencia para el 20 de febrero de 2017, pero aseguró que gracias a las gestiones del gobierno mexicano, ésta se pudo adelantar para el 8 de febrero, en donde se determinó que podría salir el 10 de febrero, aunque no exonerado. La investigación continúa.

—¿Sentiste discriminación porque se defendió más al ciudadano de Letonía?, se le preguntó.

—“Pero el ex casero no es de Letonia, es de Dinamarca”, respondió.

En abril próximo, Daniel tendrá que regresar a Letonia a continuar su defensa. Las autoridades diplomáticas de México están encargadas de tramitar la visa que necesita para entrar.

Por el momento, el joven trata de ordenar las cosas. Regresar a sus estudios y continuar el proceso que demuestre su inocencia.

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