Crónica. “No importa viajar dos horas si quedo en la escuela que quiero”

Antonio anhela conseguir un lugar para estudiar Trabajo Social
Empeño Antonio, de 17 años, estudió durante tres meses con el objetivo de conseguir un lugar en la UNAM. (ALEJANDRO ACOSTA. EL UNIVERSAL)
19/02/2017
02:02
Astrid Rivera
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Con un abrazo que le dio su madre y unas palabras de aliento que le susurró al oído, Antonio se preparaba para ingresar a la sede donde presentó su examen de ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Acompañado de su madre y su hermana menor, de ocho años, Antonio revisaba por última vez sus bolsillos para verificar que trajera su lápiz, goma, sacapuntas y el comprobante de registro con el que le permitirán la entrada a la sede donde realizó el examen.

El sueño de Antonio es estudiar la carrera de Trabajo Social, licenciatura que ejerce su tío, y que por la manera en la que su familiar le cuenta sobre ella es que se decidió a cursarla. “Mi tío me ha platicado de qué es lo que se hace en trabajo social, me llamó la atención y quiero dedicarme a ella el resto de mi vida”.

El joven de 17 años confía en poder cursar la licenciatura en la que considera “la mejor universidad del país [la UNAM]”. Dice que le gusta el plan de estudios de la carrera.

Antonio vive en la colonia Benito Juárez, en el municipio mexiquense de Nezahualcoyotl, de quedarse en la Escuela Nacional de Trabajo Social, ubicada en Ciudad Universitaria, el joven deberá realizar un trayecto de más de dos horas para llegar a la escuela; sin embargo, dice que no le importa, con tal de estudiar la carrera que desea.

“No importa lo lejos que está la escuela que quiero, lo importante es que me quede, lo demás echándole ganas se puede resolver”, explica mientras una sonrisa se posa en su rostro.

Antonio cursa sus estudios de nivel medio superior en el Centro de Estudios Tecnológicos Industrial y de Servicio (CETIS) número 15, en Neza; se siente nervioso, pese a que ha estudiado más de tres meses, requiere un mínimo de 69 aciertos para ingresar a la Escuela Nacional de Trabajo Social.

“Me siento muy nervioso, estuve estudiando mucho, sobre todo las matemáticas. Resolví la guía que nos dan para el examen, estudié todo lo que ahí venía y mis apuntes de la escuela; espero quedarme”, expone.

Momentos antes de ingresar al plantel para hacer su examen, su madre se coloca frente a él y lo persigna, le da un beso en la mejilla y le susurra: “Todo va a salir bien, vas a ver que sí te quedas”.

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