Un diario innovador que declinó con los años

Desde su creación en 1977, a la fecha, 'Unomásuno' vivió varios conflictos
La tendencia para la expansión fue el aplazamiento de los beneficios a los trabajadores (Archivo / EL UNIVERSAL)
17/12/2015
01:12
Redacción
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El Unomásuno fue un diario de referencia. En su nacimiento, en 1977, y surgido de la división ocurrida un año antes en el Excélsior, se consideró que renovó el periodismo mexicano. Fue reconocido por sus contenidos.

En seis años se posicionó como referencia de los lectores de diarios, se habló de su éxito comercial, cultural y político. Los reconocidos periodistas Manuel Becerra Acosta, Miguel Ángel Granados Chapa, Carlos Payán, Carmen Lira y Héctor Aguilar Camín formaron parte del equipo. A su salida, estos tres últimos personajes fundarían La Jornada, en 1984.

De acuerdo con el libro Morir de periodismo, de Marco Aurelio Carballo, del grupo inicial que elaboraba el periódico (70 trabajadores), el personal fue aumentando a partir de 1979, hasta llegar a 250.

El Sindicato de Trabajadores de Editorial Uno se constituyó el 16 de agosto de 1980; según el texto, el primer comité ejecutivo planteó que “la expansión inusitada de la empresa se debió a la orientación económica que siguió para capitalizarse, restringir prestaciones los tres primeros años a sus empleados y colaboradores (...) la tendencia sostenida para el crecimiento fue el aplazamiento de los beneficios a la fuerza de trabajo”.

“El sueldo de la tropa del Unomásuno era miserable, no obstante que se trataba de los reporteros mejor pagados del Distrito Federal”. Argumentaban que “la expansión notoria de la empresa excedía, en riesgosa proporción, los beneficios laborales que concedía y apuntaba hacia el rompimiento con los nexos de congruencia que se postulaban en la línea editorial”.

Aquí están los motivos que llevarían a la división y ruptura, que acabó con un proyecto periodístico.

Un artículo de José Gurrea, publicado en la revista Etcétera, indica que el diario vivió un grave deterioro en todos los órdenes. Refiere que ese deslustre ha sido gradual y comenzó desde 1984, cuando un importante grupo de fundadores abandonó el diario.

Sin embargo, su crisis se aceleró a partir de noviembre de 2002, cuando el empresario mexiquense Naim Libien Kaui adquirió el periódico y le imprimió su visión aldeana y mercantilista al rotativo.

El Unomásuno hasta 2005, dice, se caracterizó por el culto a la personalidad, la tendencia hacia el amarillismo, las gacetillas que son presentadas como información. Un diseño de mal gusto y difícil lectura, la pésima impresión, el papel reciclado. “Es decir, la antítesis de aquel periódico fundado en 1977”.

Gurrea indica que hay quienes aseguran que esta parodia del “uno” lo único que conserva es el cabezal. “Son demasiado optimistas, pues el sentido que tenía el nombre de ese rotativo [en su origen, Unomásuno remitía a la conjunción de dos elementos: el periódico y el lector] ha sido desvirtuado por lo prosaico de los nuevos dueños: Unomásuno igual a dos pesitos”, dijo en su artículo.

El proceso de deterioro se reflejó en sus páginas, donde, quienes lo leían, encontraban faltas de ortografía, graves errores estilísticos y un desmesurado culto a la personalidad.

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