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“Estaba muy cansada y molesta”

14/08/2017
02:37
Yazmín Rodríguez / Corresponsal
Mérida, Yuc.
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Había cumplido  20 años y tenía una pequeña niña de dos, que dormía cuando la mujer llegó a su casa, cansada luego de trabajar durante muchas horas en la calle y de manera informal. Ni siquiera había logrado cambiarse de ropa, cuando la  bebé comenzó a llorar sin cesar.

La mujer, molesta, reviró y agarró un objeto con el que la golpeó en varias ocasiones hasta dejarla sin sentido y finalmente matarla.

Luego de su explosiva actitud, pareció reaccionar y acudió al centro de salud del pequeño poblado del sur del estado en donde ocurrió la tragedia y fue ahí donde los médicos diagnosticaron que la niña había fallecido y no por causas naturales, sino por diversos golpes, uno impactó en la cabeza de la bebé.

La madre pretendió engañar a los médicos, al decir que su hija había caído y se lesionó y los expertos registraron los golpes que recibió y que no era posible que se los hiciera por una caída o en forma accidental.

La mujer estuvo más de cuatro años recluida en el Centro de Readaptación Social y finalmente fue condenada, por lo que la trasladaron a la zona del Cereso femenil en donde purgan condenas.

En el lugar, varias de ella, saben del caso de su compañera, quien evita hablar del tema. Las pocas veces que lo ha hecho relatan que comenta: “Fue algo muy rápido, no sé qué pasó, no quiero hablar de eso”.

Evade hablar sobre la razón por la que está en la cárcel. La mujer, identificada como L. S. y que ahora cumple 18 años de condena, faltándole tres más  por purgar,  se dedica a diversas actividades y elabora artesanías y hamacas para obtener recursos para sí misma. Es callada y evade el tema sobre lo que pasó con su hija, pero de acuerdo con los expedientes del caso, se incluyen algunos de sus relatos en donde habla de que no quiso lesionar a su hija, pero explotó, y según declaró: “Estaba muy cansada y molesta”.

Según la pesquisa, fue condenada por asesinato en primer grado porque al momento de llevar a su hija dijo que se había accidentado, pero los médicos diagnosticaron que se trató de lesiones y golpes que no le pudieron ocurrir en un percance.

La historia de L.S. destacó en 1999  en los círculos judiciales de Yucatán cuando salió a la luz pública y pese a que su defensa argumentó que se trataba de una mujer sola, que debía cargar desde muy joven con la responsabilidad de la niña y durante meses estaba desempleada, finalmente fue condenada a 21 años de prisión.

A tres años de obtener su libertad ha pretendido cerrar ese triste capítulo de su vida. Ahora tiene 40 años y ha pasado 50% de ese tiempo encerrada en un centro penitenciario de la entidad.

Dicen quienes la acompañan que ni siquiera habla del futuro, de qué hará el día que la liberen y todos o casi nadie sabe de parientes que la visiten.

Es una de las internas más calladas y de menores conflictos en el centro penitenciario; es considerada como una de las presas más disciplinada, ordenada y obediente.

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