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Sin elementos ostentosos, sin reloj ni cadena de oro al cuello, Julión Álvarez apareció con un cuaderno en sus manos. A la vieja usanza, de puño y letra y en hojas sueltas, el cantante chiapaneco anotó sus impresiones ante la acusación del gobierno estadounidense de ser prestanombres del narcotraficante Raúl Flores Hernández.

Frente a las cámaras sonrió, sin un ápice de nerviosísimo. Incluso cuando barajeó sus hojas de papel buscando sus palabras, no le tembló la mano.

Dice el dicho que aquel que nada debe, nada teme, pero en honor a la verdad, el que poco sabe, poco teme.

Álvarez aún no sabe a ciencia cierta en qué consisten las acusaciones del Departamento del Tesoro de EU en su contra. “Me voy a asesorar”, repite una y otra vez ante cuestionamientos como sus cuentas bancarias, sus regalías, sus empresas. Lo único de lo que sí está seguro es de que es capaz de comprobar todo, de tener los documentos para demostrar que no es culpable.

Asumió conocer a Raúl Flores Hernández, pero no ser su amigo. Y con su desempacho ranchero, también dio la cara por el género musical que representa.

“Desgraciadamente el género de la banda, de la música norteña y la música mexicana, es tachado de muchas cosas o relacionado con muchas cosas malas. Pero les voy a decir que no es un sinónimo, es un trabajo muy honrado y que genera muchos empleos. En mi carrera, gracias a Dios se han mirado puras canciones románticas, cumbias y últimamente más. De seis años acá soy más cuidadoso porque me siguen muchos niños y mucha gente mayor, tengo un público al que le merezco mucho respeto”, dijo.

El intérprete de temas como Te hubieras ido antes, Voy a olvidarte y Así fue, sonríe porque está seguro de que no le debe nada a nadie, de que sus negocios están hechos sin malicia y de que todo el escándalo sólo le traerá una cosa: más publicidad.

“No hemos cancelado nada, es más, tenemos una presentación el 27 de agosto”, dijo apoyándose de su equipo de trabajo.

No sabe si sus cuentas están bloqueadas, desconoce si YouTube y Spotify no le darán regalías, no sabe si podrá regresar a EU, sólo que habrá de asesorarse y que la apuesta que hizo por el equipo de abogados que eligió —y de quienes no recordó nombre— la sostendrá hasta el final.

Asegura que en el mundo de la música hay envidias, pero que después de una década de dedicarse al canto no le ha ganado la avaricia y que por eso sólo tiene tres casas, “y hasta chiquitas”, y que cuando está en su rancho nadie lo molesta.

Como hombre de rancho, terco y directo, Julión Álvarez da la cara sin saber mucho de qué, pero con la confianza en su gente, en su equipo y en que, como no tiene socios, demostrará que todo en su vida es derecho.

Dice estar en la disposición de aclarar cualquier cosa, siempre y cuando no interfiera con su agenda, porque el trabajo es primero.

Agradeció, se levantó después de 45 minutos y salió sonriendo rumbo a su camioneta negra.

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