Veracruz: tras 1 año de plagio de 5 jóvenes, aún buscan a 4

A la fecha hay 19 imputados por este hecho: fiscalía estatal; PGR negó delincuencia organizada en el caso: familiares
Foto: Arcvhivo
12/01/2017
02:08
Javier Garduño
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El 11 de enero de 2016, cinco jóvenes de un pueblo, quienes decidieron viajar en auto a Boca del Río para celebrar el cumpleaños de uno de ellos, fueron privados de la libertad en Tierra Blanca, Veracruz. A la fecha, cuatro de ellos siguen desaparecidos y las familias viven con el dolor eterno.

 

Las declaraciones de algunos detenidos señalan que sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) los torturaron y los mataron a palazos en la nuca, los quemaron en botes con diésel y vertieron sus cenizas en un arroyo.

 

Todo sucedió en el Rancho El Limón, donde fueron localizados objetos para extraer combustible de los ductos de Pemex, vehículos con doble fondo para transportar armas y dinero, productos robados porque también se dedicaban al robo de transporte, y restos de al menos 300 personas que fueron desaparecidas en el mismo lugar, pero la Procuraduría General de la República (PGR) no considera que se trata de delincuencia organizada y se negó a atraer la investigación de la Fiscalía General del Estado de Veracruz.

 

Columba Arroniz, mamá de Bernardo, tía de José Alfredo y tía política de José Benítez de la O, tres de los desaparecidos, es la única que tiene evidencias de que su hijo está muerto. En el Rancho fue hallado un pequeño fragmento de 5 centímetros del hueso de una pierna que corresponde con su ADN. En cuanto supo levantó una capilla en el patio de su casa y ahí lo tiene, como si viviera con él.

 

La familia de José Alfredo González Díaz sólo tiene un pedacito de tela ensangrentado. Era parte de la playera que llevaba puesta cuando lo “levantaron” los policías de Veracruz. Ese remiendo teñido de rojo fue sometido a análisis de laboratorio y se confirmó que la sangre era de él. La evidencia fue colocada por su familia con cariño y respeto en una urna, aunque no tienen un cuerpo ahí le preguntan, le rezan, le lloran. Para la Fiscalía los dos están muertos y plenamente identificados, incluso entregaron las actas de defunción.

 

De José Benítez, de Mario Arturo y Susana no se sabe nada. Todos tenían entre 28 y 16 años de edad, trabajaban y tenían estudios universitarios, excepto ella que era la más joven.

 

“La mamá de Susana me platica que luego reza por si su hija está muerta, pero luego reza por si está viva, porque le da miedo que se la hayan llevado y esté en trata de personas”, relata Columba Arroniz a EL UNIVERSAL.

 

Los padres siguen llorando, despiertan en la noche, sienten horror, sufren el dolor del alma que crece cada día y ya no saben qué pedirle a Dios, ni tampoco a quién más rezarle, dicen que se sienten secuestrados en Playa Vicente, su pueblo, porque el miedo no les deja salir, no recibieron ninguna indemnización y fueron olvidados por las autoridades federales, incluso por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV).

 

“Nosotros aceptamos que mi hijo está muerto, pero nada más de Bernardo; se siguieron analizando más restos y de ninguno de los muchachos apareció nada porque el grado de lo quemado no permitió sacar el ADN. Siguen como desaparecidos, solamente que en las confesiones del policía, creo Rubén Andrade, y de los autores materiales, confesaron que a los cinco les habían dado muerte en el Racho El Limón.

 

“Los policías los levantaron, los llevaron a interrogar y los golpearon, los amarraron con las manos hacia atrás y los entregaron al crimen organizado, aun sabiendo que los muchachos no eran de ningún cártel.

“Uno de los policías confiesa dónde está el cuarto de tortura, dos policías estaban presentes, y dice que no vio qué les hicieron, pero vio que salieron bañados en sangre, sabrá Dios qué les habrán hecho, pero dice que ellos ya venían llenos de sangre en el pecho, su cara.

 

“El policía declara que ve cómo les dan muerte, los ponen boca abajo y los matan a palazos en la cabeza para desnucarlos, los desintegran, los quemaron en tambos con diésel y vaciaron las cenizas en un arroyo que estaba en el mismo rancho, eso confiesa el último policía que agarraron, y la Policía de Gendarmería dice que esa versión coincide con las versiones del crimen organizado.

 

“No tengo ni palabras para decir… es un dolor que no se puede ni explicar, le da a uno impotencia porque los hijos eran muchachos normales, me da no sé qué pensar la manera cómo murieron, el terror que deben haber pasado, el dolor, el miedo, cada día que amanece uno piensa en ellos, en su último momento, ¿qué habrán pensando?”, se pregunta sollozando la señora en entrevista telefónica.

 

Al momento hay 19 detenidos imputados por el delito de desaparición forzada, informó la Fiscalía a EL UNIVERSAL, ocho son policías estatales, y aunque ninguno ha recibido sentencia, el estatus jurídico de la investigación es de caso resuelto por la identificación y detención de los imputados. Los agentes y seis civiles procesados están en el penal de Casamaloapan y cinco civiles en el penal de La Toma.

 

Uno de los policías en juicio era el Comisario General, con sede en Tierra Blanca. Es el único servidor público con mando encarcelado.

 

“En el arroyo del rancho encontraron alrededor de 6 mil pedacitos de hueso que se infiere que no nada más eran de nuestros cinco hijos, el fiscal de Veracruz de ese entonces habló de quizá 300 o 400 personas a quienes les dieron muerte en el rancho.

 

“Nuestra inconformidad es que la PGR rechazó la demanda de aceptar que era delincuencia organizada, no quieren aceptar el hecho, nada más quieren inculpar el homicidio de nuestros hijos y en ese rancho encontraron los objetos que ocupan para robar gasolina, había carros que tenían doble fondo donde transportan armas y dinero, había tiendas porque también robaban mercancía y si eso no es delincuencia organizada ¿qué va a ser? No quieren decir que es delincuencia organizada y no quieren que pase a SEIDO.

 

“Tenemos el temor de que los policías detenidos vayan a salir libres porque tratan de ampararse y dicen que se violaron sus derechos, pero ¿y los derechos de nuestros hijos y de nosotros, a dónde quedan? Tenemos miedo porque si sale esa gente, usted sabe cómo es nuestro México, van a salir a hacer lo mismo, además, de esos policías cinco no habían pasado los exámenes de control y confianza que se deben hacer y aun así los tenían trabajando.

 

“A mi sobrino José Alfredo, sus padres ya pidieron el pedazo de su playera con sangre que hallaron en el rancho, yo creo que de ver que no aparece nada ellos ya hicieron su duelo con su pedacito de tela que tenían de él, de su sangre, hicieron su urna y le hicieron su duelo a José Alfredo, le lloran a un pedacito de tela.

 

“Vivimos todo el tiempo con miedo, en la noche se despierta uno y piensa en ellos, todo el día piensa uno en ellos, no se puede concentrar uno en nada, los de Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) del Gobierno

Federal ya nos dejaron al olvido. Nosotros no podemos salir de nuestro pueblo, estamos como secuestrados porque aquí a los alrededores hay una violencia horrible y no pude uno salir. Estamos peor, sin hijos, sin vida ni tranquilidad porque tenemos más hijos y nos da miedo que les vaya a pasar algo, mi hijo el que me quedó tiene miedo que le hagan algo a su papá o a mí y se quede solo, nos dieron por todos lados, no sólo es el dolor de haber perdido a nuestros hijos, es una incertidumbre todos los días.

 

“Cada vez que tenemos necesidad de salir y ve uno un carro extraño entramos en pánico, veo las patrullas y me da miedo porque no sé si nos vayan a hacer algo, la Policía está amafiada con el crimen organizado.

 

La PGR publicó, en junio de 2015, el Protocolo Homologado para Búsqueda de Personas Desaparecidas y la Investigación del Delito de Desaparición Forzada.

 

El delito de desaparición forzada, es decir cuando el responsable es alguna autoridad, es una violación grave a los derechos humanos y un delito de lesa humanidad, de acuerdo a la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra Desapariciones Forzadas.

 

Ante el elevado número de casos y la impunidad, la sociedad se ha organizado. En el País hay 24 colectivos, ocho están en Veracruz, seis son de mexicanos y dos de centroamericanos.

 

Carmen Garibo, mamá de Susana, dice que “a pesar de que ha pasado un año, el dolor no ha aminorado en nada, es el mismo dolor del día que desaparecieron, ese dolor nos va a durar toda la vida, entre más pasa el tiempo es peor porque más se nota la ausencia, tiene uno más tiempo para recapacitar y reflexionar todo lo vivido y que no se volverá a repetir, hasta el día que dejemos este mundo, hasta entonces dejaremos de estar sufriendo”

 

“Formalmente para ellos (las autoridades), todos corrieron la misma suerte, (los mataron), eso fue lo que dijeron (los detenidos) y como ya no se encontró nada los dan por muertos.

 

“Todos los días rezo, pero ¿ya qué podemos pedir? Yo le pido a Dios que donde quiera que estén que los cuide y si aún están acá nos haga llegar a ellos. A veces ya no quisiera ni pensar, la verdad, dejar que las cosas sigan su curso, como nunca encontraron nada tampoco podemos decir que ya se murieron o no.

 

“Siempre hemos pedido que aparezca, si está viva, que la encontremos, y si Dios ya se la llevó, que le perdone sus pecados y que mi hija esté, a lo mejor, en un lugar mejor que aquí”, cuenta con tristeza y llanto.

 

La Fiscalía local ha realizado al menos 13 mil diligencias y ha obtenido más de 10 mil indicios, pero asegura que continúa la búsqueda de los otros tres jóvenes.

 

“Si viera a mi hija, no sé, la abrazaría, le diría que la amo y creo que jamás me separaría de ella ni un segundo. Siempre hemos sido muy unidos y a raíz de esto más, creo que ahora estoy más temerosa, me volví más sobreprotectora con mis otros hijos”, reconoce Garibo.

 

Los jóvenes fueron a festejar el cumpleaños de Mario Arturo, el 8 de enero. De estar vivo, acaba de cumplir 29 años de edad.

 

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