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Fuga a las 8:52

Élmer Mendoza / Colaboración especial
15/07/2015
02:47
ÉLMER MENDOZA
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8:49. ¿Por qué somos así?, ¿qué maldición alimentamos?, ¿México es un país real o una invención de Frida Kahlo? Dice Francisco que esta fuga revela el temible entramado entre los encargados del sistema penitenciario y la delincuencia organizada, y que el avance democrático ha servido para maldita la cosa. Y por favor, no digan que no comprenden por qué la califican de organizada. Y añade que es grave también la manera en que fortalece la incredibilidad; claro, por más creativos que los funcionarios sean en sus discursos, por más sutiles que sean sus sonrisas, estamos que se lleva el viento, y sus bocas son instrumentos inútiles que lo único que consiguen es mentir. Pero no pasa nada, en nuestro país la vida es un bolero: “Miénteme una eternidad, que me hace tu maldad feliz.” Al menos es lo que opina Luz, que duda que El Chapo haya sido detenido y todo lo demás.

8:50. A pesar de que el baño es a las seis de la mañana, El Chapo quiere dormir limpio, le molestan las bacterias. Pero bueno, ¿por qué hacerlo en Almoloya si puede descansar entre otras sábanas, con otros sonidos y protegido por el “Poderoso caballero don Dinero” que ya lo liberó y lo trasladará hasta ese lugar maravilloso que tanto aprecia? Oigan, ¿cuánto cuesta ese jale?, ¿a cuánto hay que perderle el amor para salir de un penal de máxima seguridad?, ¿aceptan sólo dólares o se puede pagar en pesos mexicanos? Guzmán bajó la escalera, se hallaba sereno, el poder es agridulce pero él sabe cómo saborearlo; acostumbrado a conducir tricimotos en la sierra, no desconoció el mecanismo del aparato que manejaría en el túnel, casi igual a la que utilizó Marlon Brando en El Rebelde (The wild one, 1954).

8:51. ¿Le echaron gasolina suficiente? Al encenderla sonó suave y arrancó a buena velocidad. La altura del túnel le permitió avanzar cómodamente. Consciente del calentamiento global no abrió la regadera. Recordó su juventud, su pasada experiencia en Puente Grande. Sonrió cuando pensó en la cantidad de corridos nuevos, en la intensidad de los medios, en las caras pálidas de sus enemigos. En ese momento el Presidente despertó, ¿chinches en la cama? A las muy malditas les gusta la sangre poderosa. Si fuera lector y hubiera leído Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, seguro recordaría la escena en que Maximiliano sufre las de Caín con los malditos bichos. Cruzaban el Atlántico. Fue al baño, luego salió a un salón donde su gabinete jugaba, a la matatena las chicas, a serpientes y escaleras los chavos. Revelaban sus planes: Ir al Moulin rouge, ver la tumba de Napoleón, ir al Moulin rouge. Dos azafatas servían tragos. Las chicas querían ir de compras. Tardaron un momento en abrirle espacio porque era claro que lo dejarían ganar. Cuando los había despelucado y se aproximaban al aeropuerto Charles de Gaulle, tomó el teléfono para recibir información de cómo dormía el gran país que gobernaba. ¿Qué? Entendió que había una fuga de gas en la casa blanca. En Los Pinos hay un plomero excelente, que vaya y arregle el desperfecto. La mayoría se ocupaba de sus cosas, decían salud y ya se veían en famoso cabaret de la Pigalle. Señor, se fugó El Chapo, el enemigo público número uno. Hubo un silencio de esos que previenen las catástrofes. Pero si estaba en el Altiplano, el penal más seguro del país. Hace tres horas, señor. Pero, cómo, quién es el imbécil que le dio facilidades. Estamos investigando, señor, y le sugerimos disfrutar la ciudad, dicen que París es una fiesta. No le veo la menor gracia. Aseguran que París bien vale una misa. Observó al secretario de Gobernación, ¿Se confesó cuando vieron al Papa?

8:52. Escalera número dos. Buenas noches, señor. Quiubo raza, ¿y los plebes? Están bien. Se vistió, unos dicen que de monje benedictino, otros que de campesino sin tierra. No son pocos los que lo atavían como profe. El auto se alejó a buena velocidad. Le ofrecieron un whiskey que bebió con placer. Vayamos tranquilos, tenemos poco más de tres horas. Aquí discrepan los expertos: Unos dicen que se refugió en la ciudad de México, otros que fue a Culiacán a ver si habían cambiado la tina del baño, y los menos que tomó un avión de seis plazas y se transformó en Charles Lindbergh. ¿Usted qué opina?

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